energia en la casa. Habia muy poco trabajo estructural que hacer, asi que la decoracion avanzo rapidamente. El esquema de colores propuesto por Odette para el interior -caramelo, vainilla, cafe con leche, cacao y crema- tenia un aspecto tan delicioso que a veces sentia la tentacion de lamer las paredes. Aquellos tonos le darian un toque calido al moderno mobiliario, que tenia acabados en carey, bronce y piel.

Una tarde, Odette y yo nos sentamos en la terraza para planear el diseno del jardin. No podriamos hacer mucho hasta la primavera, pero como los arreglos de la casa ya estaban en marcha, queriamos seguir avanzando.

– Tiene una visita, mademoiselle -anuncio Paulette, mi sirvienta.

– ?Quien?

– Madame Fontaine.

Mire a Odette fijamente.

– La hermana de Andre.

Le dije a Paulette que condujera a Guillemette a la terraza y que nos preparara el te.

– ?Quieres que me vaya? -ofrecio Odette.

Negue con la cabeza.

– No ha concertado una cita para verme, asi que ?por que deberias irte? Ademas, es una bruja. No quiero enfrentarme a ella a solas. Estoy segura de que viene a decir algo desagradable sobre la casa.

Paulette volvio con Guillemette. La hermana de Andre ya tenia tres hijos y la maternidad no parecia haber mejorado su figura ni su temperamento. Apenas espero a que Paulette se retirara y que le presentara a Odette para senalarme con un dedo acusador y vociferar:

– Asi que se cree usted que ha triunfado, ?verdad?

– ?Que quiere decir? -le pregunte.

Avanzo un paso, tratando de intimidarme. Tenia una corpulencia imponente, pero yo era mas alta y me disgustaba demasiado como para sentirme amenazada por ella.

– ?Cree que puede introducirse a la fuerza en mi familia y arrastrarnos a todos a su nivel?

Odette dejo escapar un silbido de sorpresa.

– Yo no he hecho tal cosa, no me he introducido a la fuerza en…

– Pretende usted casarse con mi hermano, ?no es asi? -me espeto, haciendo un gesto hacia la casa-. Me parece que ese es exactamente su plan.

Cruce los brazos. Recorde como habia tratado Guillemette a mi madre y me enfurecio tanto como si acabara de suceder un momento antes. Si, yo me habia labrado una carrera como artista, pero nunca habia bailado desnuda. Andre era el unico hombre con el que habia estado. Y tenia suficiente dinero propio como para no necesitar la fortuna de la familia Blanchard. Lo unico que pretendia era casarme con el hombre al que amaba.

– Eso -le respondi- no es asunto suyo.

Los ojos de Guillemette adquirieron un tono rojizo. Su rostro se ruborizo tanto que pense que iba a incendiarse de un momento a otro.

– Pues claro que es asunto mio -chillo-. Tengo tres hijos y no quiero que ninguno de ellos tenga por tia a un ser inmoral. Ya la he tolerado bastante tiempo como acompanante de Andre, pero esta claro que no la tolerare como su esposa.

Odette se puso en pie.

– Madame Fontaine, si no puede usted hablar con calma y educacion, le sugiero que se marche -le dijo.

El aplomo de Odette ante la histeria de Guillemette me recordo a esos cuentos de hadas en los que una hermosa princesa debe enfrentarse a una malvada bruja. Guillemette me acusaba de tener un comportamiento abyecto, pero Odette le habia demostrado que la unica ordinaria alli era ella misma.

Cuando Guillemette se dio cuenta de que no podia asustarnos, se volvio para marcharse. No obstante, antes de hacerlo, me senalo con el dedo de nuevo. Estaba a punto de hablar, pero se paro en seco. En su cara se dibujo una sonrisa. Aparto a Paulette de un empujon cuando estaba saliendo a la terraza con una bandeja y entro como una exhalacion en la casa. Unos minutos despues, escuchamos el motor de un coche arrancando.

– Mon Dieu! -exclamo Odette-. No he conocido a nadie asi antes en toda mi vida.

Sin embargo, yo no pude responderle. Me habia desconcertado aquella ultima sonrisa de Guillemette.

El dia que Andre debia regresar de Portugal me sente en la sala de estar toda la tarde, esperando escuchar el sonido de su coche. Habia recibido un telegrama suyo para decirme que habia llegado bien, pero despues no habia vuelto a saber nada de el. Regreso cuando ya habia caido la noche, las ruedas de su automovil crujieron sobre la gravilla y los faros brillaron a traves de la ventana. Corri a la puerta a encontrarme con el y estreche su cintura entre mis brazos, encogiendome por el penetrante viento.

– Se avecina un vendaval -comento, entrando en el recibidor y arrastrando con el un remolino de hojas y ramitas.

Le entrego su abrigo a Paulette.

– Ven -le dije-. La chimenea esta encendida en la sala de estar. Te servire algo de beber.

Andre levanto la mirada al techo y luego la paseo por las paredes y los muebles.

– Estas sillas -comento, pasando las manos por la piel- son fantasticas. A uno le dan ganas de hundirse en ellas.

– Pues hazlo, por favor. -Le entregue una copa de conac-. No puedo esperar para ensenarte el resto de la casa. Todas las habitaciones principales estan ya terminadas.

– Despues de cenar -respondio, tomando un sorbo de la copa-. No he comido nada en el tren.

– Bueno, pues entonces despues de cenar.

Observe a Andre con mas detenimiento. Estaba sonriendo, pero habia algo mas…, una expresion tensa en sus ojos.

– Andre, ?que ha pasado? -le pregunte, arrodillandome a su lado-. No me tengas en vilo.

Me contemplo, distraido. Habia interrumpido sus pensamientos, que estaban a kilometros de distancia. «Es porque esta cansado -trate de convencerme a mi misma-, no porque su padre haya cambiado de idea». No, Andre me habria telefoneado o escrito inmediatamente si hubiera sido asi. Le habia hablado sobre la visita de Guillemette antes de que se marchara a Portugal y se habia reido de ello. «Guillemette reacciona como una histerica ante cualquier cosa. Nunca se ha visto que mi padre le prestara atencion», habia comentado.

– Dejame ensenarte el dormitorio principal -le dije-. Manana podras ver el resto de las habitaciones, cuando hayas descansado.

Le conduje a la planta de arriba, senalandole los espejos y los muebles que Joseph, Odette y yo habiamos elegido. Aunque se mostraba entusiasmado con todos ellos, tambien parecia crecer su abatimiento con cada paso que daba. La chimenea en el dormitorio estaba encendida y Kira se habia hecho un ovillo sobre una alfombrilla frente a ella. Andre avanzo hacia la gata. Siempre que lo veia, Kira se giraba sobre el lomo para que el pudiera rascarle la panza. Andre se agacho hacia ella, pero se detuvo a medio camino y se dejo caer al suelo como si le hubieran disparado. Corri hacia el. Se tapo la cara con las manos, sollozando.

– ?Que sucede? -le pregunte, meciendolo entre mis brazos.

Andre se froto la cara y me contemplo.

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