– Te amo -me dijo-, quiero que estemos juntos para siempre.
Fuera, en la ventana, una rafaga de viento soplo entre los arboles y en algun lugar oi una rama quebrandose.
El rostro de Andre se contrajo. Presiono su mejilla humeda contra mi cuello.
– No te preocupes -le dije-. ?Que ha pasado? ?Tu padre se ha negado a darnos su consentimiento?
– Es aun peor que eso -respondio, poniendose en pie y trastabillando hasta la ventana-. Dice que si sigo adelante y me caso contigo, me repudiara de la familia.
Al principio, me senti demasiado aturdida como para pronunciar palabra. Era lo mas extremo que un padre podia hacerle a un hijo. Trate de pensar mas despacio y con claridad. Apenas me habria sorprendido si monsieur Blanchard se hubiera negado a concedernos su permiso al principio, pero ?a que venia que hubiera retirado su palabra asi, de repente? Si no se habia tomado a Guillemette en serio, ?'que podia haber provocado que actuara de aquella manera?
– ?Que ha hecho que cambie de opinion? -le pregunte.
Andre sacudio la cabeza, mirandome con ojos desconcertados.
– Tiene que haber alguna forma de arreglarlo -murmure-. Tiene que haberla.
– No, si no puedo estar contigo de forma legal.
Andre corrio hacia la cama y le propino un punetazo al colchon. «No - pense-, por favor, no lo hagas. Por favor, no digas lo que creo que vas a decirme».
Su voz era casi inaudible por encima del aullido del viento.
– Mi padre espera que me case el ano que viene, pero no contigo, Simone. Quiere que me case con la princesa de Letellier.
La tormenta todavia soplaba a la manana siguiente cuando abri los ojos y vi que el viento habia arrancado las hojas de los arboles que habia junto a la ventana. Me dolian los huesos por el agotamiento. Tenia los ojos tan hinchados que me resultaba dificil parpadear. Andre todavia dormia, desplomado contra mi hombro como un hombre sumido en un coma. Habiamos llorado durante horas antes de quedarnos dormidos a primeras horas de la manana, demasiado agotados como para seguir llorando.
?Por que nos hacia monsieur Blanchard algo asi? ?Por que no podia dejarnos ser felices, como lo habiamos sido durante los ultimos diez anos?
Me deslice fuera de la cama y mire por la ventana. Senti la traicion de monsieur Blanchard como una bofetada en plena cara. ?Quiza habia habido algun malentendido? Recorde la sonrisa de Guillemette. ?Acaso le habia contado a su padre alguna mentira?
Cuando Andre se desperto, me dijo que tenia que ir a su despacho a arreglar ciertas cosas. No podia reunir el valor de mirarle a los ojos. Cuando finalmente lo hice, vi en ellos un miedo irrefrenable.
– No me importa el dinero, Simone -me confeso-, ni el poder del nombre de mi familia. Lo dejaria todo por ti. Todo. No significan nada para mi.
«Si, Andre -pense-, se que lo harias. Pero ?y tu madre y tu hermana? ?Podria yo pedirte que hicieras algo asi por mi?».
Cuando Andre se marcho, me vesti y acudi a los estudios cinematograficos. Renoir me habia pedido que representara un pequeno papel en su nueva pelicula. Habia accedido como favor porque era solo un dia de rodaje, pero cuando vi que el resto de los actores me miraban sobrecogidos cuando llegue al plato, me arrepenti inmediatamente. ?Tenia la fuerza suficiente como para poder pasar por eso precisamente ahora? Apenas el dia anterior me habia sentido tan feliz como cualquier futura novia a punto de casarse con el amor de su vida. Ahora todo parecia estar viniendose abajo.
Estaba decidida a que ninguno de los actores del reparto ni del equipo, ni siquiera Renoir, me vieran llorar. Andre y yo todavia no habiamos sido derrotados. Siempre que habia un descanso, me escabullia del plato y recorria el pasillo hasta la oficina vacia de la secretaria de produccion. Alli, me desplomaba en una silla y dejaba fluir las lagrimas durante unos minutos antes de recomponerme, para empolvarme la rojez del rostro y regresar a grandes zancadas al plato como si fuera la mujer mas afortunada del mundo.
Cuando termino el rodaje, Renoir se sento conmigo en la cafeteria y hablo durante una hora sobre una idea que se le habia ocurrido para una produccion franco-estadounidense en la que yo seria la protagonista. Aunque hablaba con energia y yo asentia con entusiasmo, cuando el chofer vino a recogerme y Renoir me beso en las mejillas me di cuenta de que no era capaz de recordar ni una sola palabra de la conversacion.
– ?Va todo bien, mademoiselle? -me pregunto Paulette cuando llegue a casa.
La nota de preocupacion en su voz casi provoco que me derrumbara. Trate de mantener la compostura, pero el esfuerzo hizo que mi voz sonara como si me estuviera atragantando.
– Hoy no me encuentro bien. Me voy a descansar a mi habitacion.
Me tumbe en la cama y el miedo se apodero de mi como si se tratara de niebla invernal. Nunca habia considerado que el dinero pudiera ser algo que nos hiciera romper a Andre y a mi y, aun asi, empece a ver que era una posibilidad. Yo tenia una fortuna propia y de buena gana la habria cedido para que Andre pudiera montar un negocio independiente. Pero mis recursos no igualaban la riqueza de la familia Blanchard. Si a Andre lo repudiaba una de las familias mas influyentes de Francia, aquello no jugaria a su favor. Los empresarios que necesitaran el apoyo de monsieur Blanchard padre no se mostrarian dispuestos a relacionarse con su hijo. Andre podia retomar su labor de representante en el mundo del espectaculo, pero ?eso era realmente lo que queria hacer? Sabia lo mucho que habia disfrutado de su trabajo a lo largo de los ultimos anos. ?Podria dejar todo aquello y seguir siendo el?
Mire el reloj. Eran las cuatro en punto. Me pregunte si monsieur Blanchard todavia estaria en su despacho.
Esperaba que monsieur Blanchard me recibiera con la misma exasperacion de un jefe ante el que se presenta un empleado despedido que quiere recuperar su trabajo, pero simplemente se comporto de manera evasiva.
– ?Quiere usted un cafe, mademoiselle Fleurier? -me pregunto, despues de ofrecerme un asiento junto a su mesa.
– Ya sabe por que he venido.
Asintio, con la mandibula firmemente apretada, armandose de valor para una confrontacion. Aquella no era su actitud habitual; estaba acostumbrada a que monsieur Blanchard se comportara de manera petulante. Sin embargo, aquel cambio de actitud solo fue temporal. Se sento, movio su pluma del lado izquierdo al derecho de su mesa, y de vuelta al lado izquierdo, reuniendo fuerzas.
– El hecho de que usted haya venido aqui no cambiara mi decision - aseguro-. Un hombre en la posicion de Andre no puede casarse con quien le apetezca. Tiene que cumplir ciertas responsabilidades. El matrimonio no es un asunto frivolo. No obstante, estoy preparado para escuchar lo que usted tenga que decirme.
– ?El amor es una razon frivola para casarse? -le pregunte-. Si lo es, ?por que no se nego a permitir que nos casaramos hace anos?
– El matrimonio tiene que ver con la familia, la reputacion y el deber. No tiene nada que ver con el amor -me respondio monsieur Blanchard, doblando los dedos de la mano y contemplandose las unas.
Mi impresion era cierta. Estaba tratando de ser evasivo.
– ?Y que es lo que le ofende de mi a su sentido de la familia, la reputacion y el deber que no le ofendia hace un ano? -le pregunte.
Monsieur Blanchard se froto los ojos.
– Creo que me ha malinterpretado, mademoiselle Fleurier. Siempre
