A pesar de la estatica, escuchamos la voz temblorosa de Petain: «Con todo el pesar de mi corazon, les anuncio que hoy deben cesar las hostilidades». Estaba tratando de declarar un armisticio, de firmar la paz con los alemanes.

Madame Goux y yo nos dedicamos una mirada sombria, incapaces de pronunciar palabra. ?Realmente Francia habia sido derrotada en unas cuantas semanas? ?Petain nos estaba pidiendo que les facilitaramos las cosas a los alemanes y que cooperaramos con ellos?

– Han cedido Paris como si fuera un regalo y ahora haran lo mismo con el resto de Francia -bufo madame Goux.

– No puedo comprender como puede hacer tal cosa…

– Pues porque el mismo es un maldito fascista de extrema derecha, por eso -me interrumpio la portera, apretando los punos-. Yo no colaborare con los alemanes. No cooperare con esa gente.

?Era aquella la misma mujer que se habia negado a extender arena sobre la azotea? Ahora habia un fuego encendido en su mirada.

El mensaje de Petain no calo en mi mente por completo hasta la manana siguiente. Francia ahora no era mas que un satelite nazi. Todo nuestro poderio y nuestros recursos industriales, incluyendonos a nosotros mismos, estaban a disposicion del enemigo. Los alemanes tenian razon al llamarnos gentes abandonadas. Nos habian abandonado, pero yo no iba a colaborar con un regimen que asesinaba a ninos y despojaba a la gente de sus derechos civiles sencillamente porque fueran judios. Pense en Minot. Probablemente, estaria a salvo en la finca durante un tiempo y solo se encontraba a pocas horas de Marsella en tren por si necesitaba huir del pais. Pero ?que seria de Odette, monsieur Etienne y sus familias? Deseaba que se dirigieran a Pays de Sault. No importaba que Petain hubiera declarado que se volcaria en Francia para aliviar el sufrimiento del pais. El modo en el que habia anunciado la rendicion de Francia resultaba sospechosamente apresurado. Si Petain era un fascista, el pueblo judio no podria esperar proteccion por su parte.

Habia logrado comprar las correas para Princesse y Charlot, asi que decidi llevar a los tres perros de paseo. Aquel esplendido dia de verano daba la sensacion de que madame Goux y yo eramos las unicas que odiabamos al ejercito aleman. Segun parecia, Paris se habia resignado a la derrota y ahora estaba tratando de «sobrellevarla». Despues de todo, tal y como le oi decir a un camarero a su colega cuando pase junto a un cafe: «Los alemanes no son tan malos. Quiza lo que hemos oido sobre los nazis no eran mas que mentiras de nuestro gobierno».

Sin duda, los soldados que vi por la ciudad no eran lo que yo esperaba. Se trataba de jovenes de mejillas sonrosadas. Sonreian a los tenderos y a las jovencitas, pero no fraternizaban. Se hacian fotos delante de los monumentos y compraban perfumes y fulares franceses para enviarselos a sus madres. Cedian los asientos a los ancianos y a las mujeres en el metro y hacian cola como todos los demas para comprar las entradas del Louvre. Se estaban ganando a los parisinos gracias a sus buenos modales.

– Les he visto rendir homenaje ante la Tumba del Soldado Desconocido -me confio madame Goux cuando regrese a casa.

Ambas estabamos de acuerdo en que aquellos muchachos no parecian capaces de tirotear a ninos o de forzar a ancianas mujeres judias a beber de los charcos.

– Esto no cuadra -rezongue-. Todavia siento que hay algo diabolico; como una tormenta preparandose en la distancia.

– Cuando el mal llega -sentencio madame Goux profeticamente-, suele venir sobre las alas de almas inocentes.

La semana siguiente paso como un extrano sueno. Aun me estaba recuperando de mi enfermedad y me sentia apatica. Salir de la cama me suponia un esfuerzo tan grande que durante varios dias me quede en ella. Madame Goux decayo en su propia depresion, fumando y jugando al solitario durante la mayor parte del dia. La unica tarea que la mantenia activa era asegurarse de que el bloque de apartamentos pareciera ocupado. Regaba las flores de las jardineras, abria y cerraba las cortinas en momentos diferentes del dia, y tambien me pidio que la ayudara a mover parte de los muebles del piso de monsieur Copeau al de monsieur Nitelet escaleras arriba.

– No quiero que los boches piensen que pueden venir aqui a saquear -me explico.

Era cierto que el alto mando aleman estaba requisando los mejores hoteles y edificios de apartamentos para su uso personal.

Muchos parisinos que habian huido estaban regresando. Las persianas de los comercios volvieron a levantarse. Habia comida en los mercados, los teatros anunciaban su programacion y los bancos reanudaban sus negocios con horario comercial reducido. Algunos de los que volvieron eran empresarios, pero la mayoria eran propietarios de pequenos negocios, muchos de ellos judios. Dependian de Paris para ganarse su sustento.

Parecia como si los alemanes hubieran planeado la toma de Paris durante anos. Todo se movia con la precision de un reloj suizo. Pisandole los talones al ejercito, vinieron los funcionarios. Recibi una notificacion de la Propagandastaffel que me anunciaba que debia presentarme en sus oficinas lo mas pronto posible para incluirme en un registro. Todas las canciones de los artistas franceses se someterian a investigacion y se inspeccionarian sus antecedentes antes de que pudieran volver a trabajar.

– Pues que no cuenten conmigo -murmure.

Enrolle la carta formando un cono y la utilice para vaciar el arenero de Cherie.

El flujo de trafico de refugiados que regresaba a Paris desde el sur hizo que me preocupara por monsieur Etienne y Odette. Rezaba para que se mantuvieran alejados de la ciudad por su propio bien. Por alguna razon, nos habian cortado la linea telefonica, por lo que decidi acudir a la oficina de monsieur Etienne personalmente. No habia taxis disponibles para los franceses, asi que cogi el metro en la orilla izquierda, cosa que no habia hecho en anos. El primer vagon en el que entre estaba lleno de soldados alemanes, de modo que me cambie a otro distinto en la siguiente parada. Pero en la siguiente estacion se subieron muchos mas soldados alemanes al tren. Me resigne a tener que viajar con el enemigo. Note que alguien me estaba observando fijamente, y cuando mire hacia el otro lado del vagon, vi a dos oficiales alemanes situados en diagonal a mi. Estaban mirandome y sonreian. Yo no tenia ni la mas minima intencion de flirtear con ellos, asi que trate de buscar alguna cosa con la que pudiera parecer atareada. No podia mirar por la ventana, porque aquella linea era subterranea. Habia un periodico doblado metido en el lateral de mi asiento. Lo saque y simule que leia. Un papelito cayo flotando de entre las paginas sobre mi regazo. El mensaje que llevaba escrito capto mi atencion.

A las gentes de Paris: ?resistan a los alemanes!

Rapidamente escondi la nota de nuevo tras el pliegue del periodico para que nadie pudiera ver que la estaba leyendo. Ojee brevemente aquellas palabras escritas a mano. Era la transcripcion de un discurso que Charles de Gaulle habia pronunciado hacia una semana:

?Ya esta dicha la ultima palabra? ?Se ha consumido toda esperanza?

?Es acaso la derrota definitiva? No. Creanme cuando les digo que nada esta perdido para Francia.

Levante la mirada; uno de los oficiales alemanes todavia me estaba observando. Le susurro algo a su acompanante. Trate de adoptar la expresion mas neutra que pude mientras leia el resto del mensaje. El coronel Charles de Gaulle, ahora general De Gaulle, era una de las personas que habian criticado la falta de preparacion de Francia ante la guerra. Parecia que habia logrado escapar de algun modo a Londres e instaba a todos los soldados franceses que estaban en Gran Bretana, o que podian llegar hasta alli, a que se pusieran en contacto con el.

La llama de la resistencia francesa no debe extinguirse y, de hecho, no

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