los soldados alemanes grito algo, y el tren se detuvo abruptamente y las ruedas chirriaron sobre las vias.
– ?Lo sabe! -exclamo Odette entrecortadamente.
– ?Vamos! -grite, cogiendo en brazos a la nina y saliendo a todo correr por la portezuela del compartimento.
Habia maletas en el pasillo, pero me esforce en sortearlas, aranandome las piernas y rasgandome las medias. Odette se abrio paso detras de mi. El revisor nos vio venir. Durante un instante pense que nos iba a bloquear el paso, sin embargo nos dijo:
– No salgan por esta puerta. Vayan por segunda clase.
Corrimos delante de los pasajeros de aspecto sorprendido y saltamos del tren al anden.
– ?Vamos! -le grite a Odette por encima del hombro-. ?Corramos hasta la entrada de la estacion!
Empujamos al controlador de billetes, que se quedo demasiado sorprendido como para reaccionar. Podia ver la entrada de la estacion delante de mi. Odette dejo escapar un chillido. Me volvi para verla forcejear con un soldado aleman, que la tiro al suelo.
– ?Corre! -me grito.
Durante un espantoso segundo dude entre pararme y echar a correr.
– ?Corre! -voceo Odette de nuevo.
No habia nada que pudiera hacer para ayudarla. Lo mejor era tratar de salvar a la pequena Simone. Darle la espalda a Odette me partio el corazon por la mitad como una hoja de papel, pero me puse a la nina a la espalda, me quite los zapatos de un golpe y me dispuse a correr hasta las ultimas fuerzas que me quedaran en el cuerpo.
Oi a los alemanes a mi espalda gritandome que me detuviera o si no me dispararian. Pero sabia que ni siquiera ellos harian una cosa asi en mitad de la estacion. La entrada se encontraba a unos metros delante de mi. Senti que iba a desmayarme, pero estaba decidida a escapar. No habia ningun aleman delante de mi.
«?Vamos a conseguirlo! -les dije a mis temblorosos miembros-. ?Lo vamos a lograr!».
Un torbellino azul cruzo delante de mis ojos. Un policia frances al que no habia visto arremetio contra mi. Choco contra mi cadera y me hizo caer al suelo. La pequena Simone se vino abajo hacia delante. Un soldado aleman nos alcanzo y la cogio por el cuello de su abrigo. Pateo y le mordio, pero el la agarro con fuerza. Llegue hasta ella, pero el policia me golpeo con su porra en la nuca. Me cai de rodillas, con el dolor descendiendome por la columna vertebral, pero logre ponerme en pie de nuevo y tambalearme hacia delante. El policia me propino otro golpe, pero esta vez por encima de la oreja. Llame a la pequena Simone, pero el policia me golpeo una y otra vez en los hombros y la espalda hasta que perdi el conocimiento.
Cuando abri los ojos, todo estaba oscuro. Me latia la cabeza y senti un dolor punzante en el hombro. Comprendi que estaba bocabajo sobre algo duro y frio. Una peste a vegetacion podrida me lleno la nariz. Desde algun lugar a mis espaldas, percibi el sonido de una gota de agua cayendo al suelo. Trate de sentarme, pero el dolor me abraso la espalda. Me cedieron los brazos. Volvi a perder el conocimiento de nuevo.
Debieron de pasar varias horas hasta que me desperte. Los destellos de las primeras luces de la manana se me reflejaron sobre el brazo. Levante la mirada y vi que la luz provenia de una ventana con barrotes. Estaba tumbada sobre un suelo de piedra que se me clavaba en las caderas y las rodillas. No se oia nada mas aparte del agua que corria por una de las paredes.
Desafie a la agonia y me levante sobre los codos, estremeciendome del dolor que sentia en la espalda y las costillas. Habia un colchon de paja frente a la puerta. Por pura fuerza de voluntad, logre ponerme en pie. La cabeza comenzo a darme vueltas y se me nublo la vista. Me tambalee hacia el camastro y me derrumbe sobre el, cayendo en un profundo sueno.
La tercera vez que me desperte, vi que el sol habia desaparecido de la ventana. Sin embargo, podia ver un cuadrado de cielo azul y el aire en la celda era mas calido. Adivine que ya habia llegado la tarde. No tenia apetito, pero notaba la garganta tan seca que me dolia al tragar saliva. No habia ningun grifo en la celda. Ni siquiera una jarra de agua. Solo un cubo que despedia un olor putrido en una esquina. Presione el rostro contra el colchon enmohecido y llore por Odette y la pequena Simone. ?Estarian aqui tambien o se las habrian llevado?
La reja de la puerta de la celda se abrio y se asomo un guardia. Un instante despues le oi meter la llave en la cerradura. La puerta chirrio al abrirse y golpeo con estruendo la pared.
– ?Ponte de pie! -me grito.
Comprendi que protestar no me serviria de nada. Me obligue a ponerme en pie, pero me cedieron las piernas. Tenia tan hinchada la rodilla derecha que no podia juntarlas. En comparacion con el resto de dolores que sentia por todo el cuerpo, apenas me habia dado cuenta hasta ese momento. El guardia se coloco detras de mi y me agarro por debajo de los brazos. Otro guardia entro en la celda y me sujeto unas cadenas alrededor de los tobillos.
– ?Camina! -me ordeno el primer guardia, empujandome hacia delante.
Con todo el peso del cuerpo sobre una sola rodilla y la carga extra de las cadenas, caminar me provocaba un dolor insoportable. Cojee unos pasos y me cai. El guardia que me habia encadenado avanzo hacia mi. Instintivamente me cubri la cabeza, esperando el golpe de su porra, pero en su lugar me agarro de los hombros y tiro de mi. El otro guardia puso su brazo bajo el mio y me sujeto. Camine arrastrando los pies junto a el por un corredor oscuro. La unica luz provenia de las ventanas con barrotes que habia junto al techo. Escuche un grito y despues una explosion resono con estruendo en el aire. Hubo un silencio durante un momento antes de que aquel sonido detonara en el aire de nuevo. Nunca antes lo habia oido, pero supe instintivamente que era: un peloton de fusilamiento. ?Eso era lo que iba a suceder? ?Me iban a fusilar?
– ?Donde estoy? -le pregunte al guardia que andaba delante.
– ?Callate! ?No hables!
Me llevaron por otro corredor que terminaba en un tramo de escaleras. Los guardias tuvieron que llevarme en volandas. Al final, me arrastraron hasta una habitacion con una unica silla y una bombilla que colgaba del techo. El guardia que me estaba sosteniendo me empujo para que me sentara en la silla y me esposo las manos a la espalda. Despues, ambos se marcharon sin pronunciar ni una palabra.
– Es una pena ver a una mujer hermosa en tal estado.
Aquella voz cargada de maldad me provoco un escalofrio por todo el cuerpo. Sabia que era el coronel Von Loringhoven, pero no podia verle. Salio de la oscuridad a la luz. Se me paro el corazon durante un instante. Pense que asi era como debian de sentirse los buscadores de perlas cuando vislumbraran una aleta y una cola emergiendo de las oscuras profundidades marinas.
Von Loringhoven se paseo en circulo alrededor de mi silla, estudiandome desde todos los angulos posibles.
– ?Puedo ofrecerle algo? -pregunto-. ?Cafe? ?Un cigarrillo? ?Un poco de hielo para su rodilla?
Mire hacia abajo. Tenia la falda rasgada y se me veia la rodilla, manchada y deforme. Negue con la cabeza. No queria absolutamente nada de Von Loringhoven.
Desaparecio en la oscuridad y reaparecio con una silla. Arrastro las patas por el suelo y la coloco frente a mi.
– La primera vez que la vi fue en 1930 en Paris -me dijo, sentandose y sacando una cigarrera de plata del bolsillo-. En el Folies Bergere. «?Que voz! -pense-. ?Que voz tan extraordinaria!». Y, por supuesto, era usted tan hermosa…
