la cara-. Despues de que superemos todo esto, estoy seguro de que podremos con cualquier cosa.
La mano de Roger se deslizo por la abertura de mi camisa y describio una curva sobre mis pechos. Cerre los ojos, temblando de deseo.
– Tenaz, terca, pero muy, muy dulce -susurro.
Cuando llego el amanecer, me deslice fuera del abrazo de Roger, me puse apresuradamente la ropa y corri atravesando el patio a casa de mi tia. Mi madre estaba en la cocina, colocando los platos para el desayuno, cuando entre bruscamente por la puerta. Ella pego un respingo hacia atras, tirando los cuchillos y los tenedores al suelo con gran estrepito.
– Lo siento -me disculpe.
Con la tension de las circunstancias, no era demasiado amable sorprender a la gente. Pero mi madre no se molesto.
– Roger me ha pedido que me case con el -anuncie-. Ha prometido que volvera a buscarme cuando termine la guerra.
Mi madre sonrio pero no respondio. Mantuvo sus ojos fijos en mi.
Me acerque a ella.
– ?Tu crees que esta bien prometerle algo asi a una persona en mitad de una guerra? -le pregunte-. El tiene que volver a Londres. Puede que no volvamos a vernos nunca mas.
Mi madre dejo el ultimo plato que tenia entre las manos y me cogio las mias.
– Todavia estamos vivos, Simone. Debemos comportarnos como seres vivos. Prometele que te casaras con el. El te ama.
La rodee entre mis brazos y la abrace mas fuerte de lo que la habia abrazado en muchos anos. Mi madre era menuda de estatura, pero vigorosa. Podia sentir la dureza de sus huesos moviendose bajo los musculos. Me aparto un momento y me miro a los ojos.
– Pero ?es eso lo que realmente te asusta? ?La guerra? -me pregunto-. ?O hay algo mas?
Bajo su mirada escrutadora, senti como si volviera a tener catorce anos otra vez. No necesitaba decirle lo que albergaba en mi corazon.
– ?Andre? -pregunto, arqueando las cejas.
Asenti. Lo que habia sentido cuando lo volvi a ver en Lyon habia perdurado en mi interior. Aunque estaba casado y con hijos, y ambos estabamos dedicados a la causa, habia percibido una sensacion de algo inacabado entre nosotros. ?Podia entregarle honradamente todo mi corazon a Roger si todavia me sentia asi?
La mirada de mi madre se dulcifico y me beso la coronilla.
– Os he visto a Roger y a ti juntos -me dijo-. Os habeis enamorado a prueba de fuego. Lo que hay entre vosotros es fuerte. Este hombre nunca te abandonara. Puede que se marche de momento, pero si promete que volvera a por ti, sin duda lo hara.
– ?Y que pasa si su familia no me aprueba?
Era poco probable que la familia de Roger perteneciera a una elite similar a la de los Blanchard, pero si su tio era amigo de Churchill, estaba claro que eran gente importante en la sociedad.
Mi madre meneo la cabeza.
– Estoy segura de que se sentiran orgullosos de saber que Roger quiere casarse con alguien tan valiente y honrado. Si tu padre pudiera ver la mujer en que te has convertido, te diria exactamente lo mismo que yo te estoy diciendo. Los dones que tienes los has heredado de el.
Los pasos de tia Yvette sonaron por las escaleras. Ambas nos volvimos para verla entrar en la cocina, atandose un panuelo a sus cabellos de angel. Se quedo quieta en el sitio cuando nos vio, adoptando una expresion de sorpresa.
– Roger y Simone van a casarse -le anuncio mi madre-. El volvera a buscarla despues de la guerra.
El rostro de tia Yvette se relajo mostrando una amplia sonrisa.
Capitulo 32
La manana que Roger y yo anunciamos nuestro compromiso, todos nos sentamos a tomar el desayuno mas feliz que habiamos disfrutado desde hacia anos. Incluso los ninos a nuestro cuidado parecieron mas animados que el dia anterior. Mi madre apoyo la mano sobre el brazo de Roger con tanto carino como si fuera su propio hijo. Me prometi a mi misma que la proxima vez que ella y yo estuvieramos un tiempo a solas, le iba a preguntar por mis abuelos y si era cierto que su madre era italiana. Queria estar tan orgullosa de mis antepasados como lo estaba de aquella reunion de parientes, amigos e invitados. Tia Yvette y Bernard rememoraron todas y cada una de las historias de mi infancia que se les ocurrieron, tratando de avergonzarme delante de Roger, e incluso le contaron que mi mote solia ser el Flamenco por mis largas piernas. Pero no me importo. Me contentaba con saber que, a pesar de la situacion en la que estabamos inmersos, podiamos animarnos simplemente pensando en un futuro mejor.
Tenia una ultima tarea pendiente en Paris antes de mudarme al sur permanentemente. Roger necesitaba enviar un codigo a un miembro de la red. Yo lo memorice para que, si me registraban, no pudieran encontrarlo. El plan consistia en que me quedaria una noche en Paris y despues cogeria el primer tren de vuelta al sur. A Roger y a mi nos quedaria una ultima noche juntos en la finca antes de que el tuviera que abandonar Francia.
Mientras estaba haciendo la maleta, mi madre me entrego una bolsita de trapo.
– No la abras -me indico-. Ya sabes lo que es.Note un objeto puntiagudo y supuse que era un amuleto: una pata de conejo.
– La necesitaras -me dijo-. No puedo cuidar de ti eternamente.
Hacia tiempo que me habia deshecho de mis supersticiones provenzales, pero me meti la bolsita en el bolsillo con respeto. Mi madre y yo teniamos diferentes armas, pero luchabamos en el mismo bando.
– La llevare encima siempre -le dije, besandole las mejillas.
Cuando estaba lista para marcharme, abrace a mi madre y a mi tia, a Minot y a su madre, a Bernard y a cada uno de los ninos, y acaricie a los perros y a las gatas antes de salir con Roger por la puerta a la luz del sol.
Cuando llegamos al ayuntamiento del pueblo, Roger y yo nos besamos mientras el conductor tocaba la bocina bondadosamente.
– ?Vamos, ustedes dos! ?Que el autobus ahora va con el horario de Vichy!
– Te amo, Simone Fleurier -me dijo Roger, colocandome una ramita de lavanda silvestre en el ojal del vestido.
Desde la parte trasera del autobus le dije adios con la mano a Roger. Una noche en Paris, y regresaria con el y mi familia. Ese era el plan. Pero era algo que no se materializo. Jamas tuvo lugar.
Llegue a Paris entrada la noche y cogi el
