salpicadas de barro y cubiertas de agujas de pino. Aquella vida durmiendo al raso alla donde pudieran les habia dado un aspecto demacrado, pero nos saludaron de buen humor y nos invitaron a compartir su comida compuesta por tortillas de champinones. Roger y yo rehusamos la invitacion; sabiamos que los maquis tenian muchas dificultades a la hora de conseguir alimentos y que sus esposas e hijas corrian muchos riesgos para llevarselos.

Mientras estaban sirviendo la comida, un joven con los ojos como lagos oscuros le entrego un mensaje a Jean proveniente de un grupo de maquis vecino. El chico me resultaba familiar, pero no recordaba de que lo conocia. Se dio cuenta de mi expresion sorprendida y sonrio.

– ?Ah, eres tu! -me dijo, con un acento que no era frances-. Nunca he olvidado lo amable que fuiste conmigo. -Se metio la mano en la chaqueta y saco una bolsita de lavanda, mugrienta y estropeada por el paso de los anos y el manoseo-. Ha sido mi amuleto de buena suerte durante todos estos anos.

Fue entonces cuando cai en la cuenta de quien era. Goya, el muchacho que habia venido con su familia el primer ano que habiamos cosechado lavanda. Me dijo que su nombre verdadero era Juan y charlamos brevemente sobre nuestras vidas durante los anos que no nos habiamos visto.

– Mi madre siempre bromeaba con que tu no eras una chica hecha para el trabajo agricola -me dijo-. Y mira: su prediccion era cierta.

Nos quedamos con los maquis la mayor parte del dia. Roger intercambio informacion con ellos y los agentes planearon estrategias para las distribuciones de armas y tomas de contacto con los Aliados. Observe a la operadora mientras montaba su aparato de radio. Roger me habia contado que cada operador tenia un codigo especial para comunicarse con Gran Bretana e indicar si alguno de los mensajes que estaban transmitiendo era falso. La operadora lo necesitaria si en algun momento se encontraba con el canon de una pistola alemana apretado contra su cabeza.

«Probablemente tambien tiene un amante y una familia en su casa», pense, contemplando la ferrea determinacion con la que la joven se aplicaba en su tarea. Si ella era tan decidida, yo debia serlo tambien.

A ultima hora de la tarde, Roger y yo les deseamos buena suerte a la operadora de radio y al instructor de armas, y les dijimos adios a los maquis. Llegamos al borde de los campos de mi familia justo cuando el sol se estaba poniendo. Las plantas que cultivaban entonces eran lavandin, el hibrido comercial, pero Bernard habia conservado una zona de lavanda silvestre en el campo mas cercano a la casa en senal de respeto a mi padre. La suave luz titilaba sobre las florecillas de las plantas. La tristeza que sentia por la inminente partida de Roger me atraveso el corazon como una piedra afilada.

– ?Podemos sentarnos aqui un momento? -me pregunto Roger.

Asenti y nos sentamos juntos sobre una roca que todavia estaba calida por la luz del sol. Ambos teniamos las piernas largas y las extendimos ante nosotros sobre el polvo calcareo.

– Ese era tu nombre en codigo en la red -me dijo Roger-. «Lavanda silvestre.»

– No sabia que tenia un nombre en codigo. Nunca lo he utilizado.

Sonrio.

– Bueno, asi es como siempre he pensado en ti: tenaz y terca, pero tambien bastante dulce.

Estaba a punto de decirle que no me gustaba demasiado aquella descripcion cuando poso su mano sobre mi hombro.

– Cuando esta guerra termine, Simone, ?podre volver a por ti?

Me apretaba con la mano suavemente, pero la energia fluia de ella como si fuera una antorcha. Recorde como me habia sostenido la noche que bailamos el tango y me acerque mas a el.

– Ni siquiera se si Roger es tu nombre verdadero -replique, recorriendo su pico de viuda con la punta del dedo.

Roger deslizo su brazo alrededor de mi cintura.

– Si que lo es -dijo-. Roger es tan ingles como frances. Pero mi apellido es Clifton, no Delpierre.

Exagero tanto al pronunciar las erres de su apellido falso que me hizo reir. Presione mi mejilla contra la suya. El sol todavia estaba alli, en el calor de su piel. Aspire su maravilloso olor, como el del tomillo hirviendo a fuego lento.

– Y cuando vuelva a por ti, Simone, ?te casaras conmigo?

Se me paro un instante el corazon. ?Aquello era un sueno o la realidad?

– ?Si! -le respondi, sorprendida de lo rapido que habia aceptado su proposicion de matrimonio.

No necesitaba pensarlo. Me resultaba natural estar con Roger, como si fueramos dos piezas de un puzle que encajaban entre si.

Roger me paso la mano por la espalda. Cuando me toco, me di cuenta de lo mucho que la guerra me habia estropeado el cuerpo, de lo cansada y pesada que me sentia. Pero con cada una de sus caricias mi piel parecia volver a la vida.

– ?Quien podia imaginarselo? -comento Roger, echandose a reir-. La mayor estrella de Francia y un aburrido abogado de Tasmania. Solamente la guerra podia formar una pareja tan improbable.

Recorde como bailaba el tango y cantaba en espanol.

– Tu eres todo menos aburrido -repuse-. Ademas, eres un heroe. Y rezo para que esta guerra no dure para siempre.

– Bueno, tenemos que creer que ya no durara, ahora que vamos a casarnos -me dijo, besandome.

La suavidad de sus labios era divina. Besarle era como presionar la boca contra un melocoton. Podria haber perdido el sentido para siempre entre sus besos, pero me aparte un momento para preguntarle:

– ?Donde viviremos? ?En Londres o en Paris? ?O pretendes llevarme a Tasmania?

– Podemos ir a Tasmania en nuestra luna de miel. Pero cuando regresemos quiero vivir aqui.

Me sente erguida y le mire fijamente.

– ?En la Provenza? ?O te refieres a Francia?

– Aqui, en la finca -respondio Roger, contemplando el cielo-. Es tan hermoso que no puedo imaginar que nadie pueda querer vivir en otro lugar. Yo seria feliz cultivando lavanda con tu familia y criando a nuestros hijos aqui. Ejercer de abogado me parece algo totalmente patetico despues de todo lo que he visto. El derecho se basa en el orden. Y yo todo lo que he visto ha sido caos.

Yo adoraba Pays de Sault y tambien a mi familia, pero nunca me habia imaginado volviendo a vivir alli.

– No estoy demasiado hecha para las tareas agricolas -replique-. No tengo remedio.

– ?Quien ha dicho que tu tengas que dedicarte a la agricultura? - pregunto-. Tu eres artista. Si quieres ir a Paris o a Marsella, yo te llevare en avion hasta alli.

Las lagrimas me escocieron en los ojos. Aquel sueno era tan hermoso que no lograba imaginarme siendo tan feliz. Tenia miedo de que, si lo hacia, me arrebataran la felicidad, como habia sucedido con Andre.

Roger acerco sus labios a los mios y me beso de nuevo. Me aprete contra el y tiro de mi hacia el suelo calcareo.

– No le pongas barreras a la felicidad, Simone -me dijo acariciandome

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