Se detuvo para sacar un cigarrillo y exhalo una larga nube de humo. La peste a tabaco me irrito la garganta. Hice lo que pude por no toser. Tomara la direccion que tomara aquel interrogatorio, tenia que andarme con cuidado. Era posible que Odette y la pequena Simone no hubieran sido identificadas como judias y que me hubieran arrestado a mi por alguna otra razon. Despues de todo, Roger me habia advertido que la Gestapo estaba empezando a sospechar de mis actividades.

Von Loringhoven me dedico una mirada larga y pensativa, como si estuviera esperando que yo hablara. Roger me habia insistido en que lo mas importante era mantener el silencio durante al menos veinticuatro horas. Eso daria tiempo a los miembros de la red para enterarse de la detencion y esconderse. Estaba decidida a permanecer en silencio todo el tiempo que pudiera.

Una sombra aparecio en la luz. Era un hombre que llevaba un abrigo de cuero. Dio un paso adelante como si fuera a saludarme, pero en su lugar me golpeo en la mejilla tan fuerte que me crujio el cuello y vi las estrellas.

– ?En la cara no! -gruno Von Loringhoven.

Levante la mirada a tiempo de ver al hombre golpeandome con el puno de nuevo. Sus nudillos se me clavaron en el pecho. La silla se bamboleo hacia atras y cai al suelo, aterrizando sobre el hombro dolorido. Aulle de dolor y me retorci hacia atras. Trate de convencerme a mi misma de que aquella situacion no era real e intente pensar deprisa. Pero la violencia de aquel maton no formaba parte de nada que yo hubiera conocido o imaginado antes. Corrio hacia mi. Trate de hacerme un ovillo, pero no podia defenderme con los tobillos encadenados y las manos esposadas a la espalda. Estrello el pie contra mi estomago. Emiti un grito sofocado y jadee para respirar, sintiendo como si la pelvis se me hubiera roto en mil pedazos. Volvio a separar el pie, dispuesto a golpearme de nuevo. Cerre los ojos, segura de que el siguiente golpe me mataria.

– ?Es suficiente! -ordeno Von Loringhoven.

El torturador puso en pie mi silla conmigo encima y abandono la habitacion.

– Es usted una mujer muy insensata, mademoiselle Fleurier -comento Von Loringhoven-. Los alemanes y los franceses pueden trabajar tan bien juntos… Y usted podria haber continuado con su vida como de costumbre. Pero quiza ha sido por culpa de las malas companias que ha estado frecuentando…

Apenas podia oirle porque me pitaban los oidos. El aire dentro de mi garganta producia un sonido desesperado y aspero.

– Ahora -dijo Von Loringhoven-, digame todo lo que sepa sobre Yves Fichot.

– No conozco a ningun Yves Fichot -jadee luchando contra el dolor.

– ?Y sabe algo de Murielle Martin?

Negue con la cabeza.

Von Loringhoven se detuvo. Durante un angustioso momento pense que iba a volver a llamar al maton de nuevo. Pero le estaba diciendo la verdad: no sabia quienes eran aquellas personas. No conocia los nombres de la gente precisamente con ese fin. Levante la cabeza. Era la primera vez que miraba realmente a los ojos al coronel Von Loringhoven. Eran oscuros, pequenos y brillantes. Como los de una serpiente.

Chasqueo la lengua.

– ?Y que pasa con su querido amigo, Roger Delpierre?

Se me seco la boca y trague saliva. En el rostro de Von Loringhoven aparecio una sonrisa. Se sentia complacido por haber conseguido una reaccion por mi parte.

– ?Ve usted lo que le digo sobre su insensatez a la hora de elegir amigos? ?Por que una mujer glamurosa y con talento como usted se mezclaria con un tipejo como ese? - comento.

Von Loringhoven se puso en pie y paseo alrededor del circulo de luz. Se detuvo a mi lado derecho y alargo la mano hacia mi, como si me fuera a acariciar la cara. Pero el lateral de mi mejilla estaba manchado de sangre por la caida. Debio de pensarselo dos veces, porque aparto la mano y se la metio en el bolsillo.

– ?Le dijo a usted Roger Delpierre que la amaba? -me pregunto, soltando una ligera risita-. Les ha dicho lo mismo a todas las mujeres con las que se ha acostado. La ha utilizado para sus propios objetivos. Lo detuvimos hace tres dias tratando de escapar de Marsella. Unicamente tuvimos que amenazarle con cortarle las pelotas para que cantara todo lo que sabia sobre usted y sobre la red.

Note un sabor metalico en la garganta. Tosi y un dolor atroz se me instalo en las costillas. ?Roger? ?Roger me habia utilizado? La paliza me habia insensibilizado. Me obligue a poner un pensamiento detras de otro, pero el esfuerzo era como uno de esos suenos en los que uno corre y corre pero no llega a ninguna parte.

Von Loringhoven regreso a su asiento, con la petulancia que le otorgaba la certeza de haber logrado que me desmoronara. Algo en su precipitacion me hizo sospechar. A medida que me repetia el nombre de Roger en mi interior, me inundaron las imagenes del trabajo que habiamos llevado a cabo juntos. Roger nunca traicionaria a la red por la que habia trabajado con tanto esmero, ni siquiera bajo tortura. En una ocasion, me habia mostrado la pastilla de cianuro que guardaba en el bolsillo por si lo atrapaban y se sentia en peligro de «revelar secretos de vital importancia». Ademas, si Von Loringhoven lo habia descubierto «todo», ?por que no habia empleado el verdadero apellido de Roger?

«Esta mintiendo -pense-. Esta suponiendo que si pienso que todo esta perdido para la red, le dire todo lo que se». Aquella idea me proporciono a lo que aferrarme a pesar del dolor abrasador. Tenia que burlar a Von Loringhoven en su propio juego. Trate de emular a Roger cuando se encontraba bajo presion: ralentice la respiracion, tranquilice mis emociones, trate de centrarme en lo esencial.

– ?Entonces lo sabe todo sobre Bruno y Kira? -gimotee-. Los operadores de radio que lleve a Burdeos.

Los ojillos de Von Loringhoven bailotearon sobre mi.

– Si -respondio-. Delpierre nos lo conto todo sobre ellos.

A pesar de lo atroz de mi situacion, senti ganas de echarme a reir. Lo oculte escondiendo la cabeza contra el hombro y simulando que sollozaba. El gran danes y mi gata tenian muchos talentos, pero hacer funcionar un aparato de radio no era uno de ellos. Y hacia anos que yo no habia puesto los pies en Burdeos.

Von Loringhoven alargo la mano y me dio unas palmaditas en el brazo.

– Quiza su visita aqui la anime a hacer elecciones mas sensatas en el futuro -me dijo.

La voz del coronel me produjo picor en la piel. No me cabia la menor duda de que estaba en presencia del hombre mas malvado que habia conocido nunca, pero su tono casi era paternal.

Von Loringhoven llamo a los guardias, que me arrastraron de vuelta a mi celda. Mas tarde, me dieron un poco de sopa aguada y unos trozos de pan duro. De nuevo a solas, tuve tiempo de pensar en lo que habia sucedido. Von Loringhoven no me habia hecho demasiadas preguntas sobre la red y ninguna sobre Odette y la pequena Simone. Ni siquiera las habia mencionado. Era cierto que me habian pegado, pero habia oido que la Gestapo le quemaba los pies a la gente, les cortaba los dedos de las manos o de los pies y les sacaban los ojos. En comparacion con aquellas torturas, yo me habia librado con poco. Me pregunte si eso seria una buena senal o si me retendrian hasta que encontraran al agente Bruno y a la agente Kira en Burdeos… Podia entender por que incluso los mas valientes acababan por hablar en los interrogatorios. La incertidumbre y la espera debilitaban tanto o mas que las palizas.

Cuando escuche al guardia abriendo la puerta de la celda a la manana siguiente, el temor me inundo. ?La paliza de hoy seria peor que la que habia recibido ayer?

Вы читаете
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату