Al dia siguiente de la visita de Camille una guardia me trajo un cuenco de sopa acuosa, una toalla y un vestido limpio. Mas tarde, vino un medico a mi celda. Me lavo los cortes y diagnostico que tenia varias costillas contusionadas y la rodilla dislocada. Me la coloco con un chasquido en su sitio, infligiendome tanto dolor que si hubiera sido un agente de la Gestapo estaba segura de que le habria confesado lo que me hubiera pedido. Cuando el medico se marcho, los guardias me llevaron ante el coronel Von Loringhoven.
– Ya me he enterado de que ha entrado usted en razon - comento.
– He hecho un trato -le recorde.
Puede que me hubiera convencido para cantar, pero queria que tuviera presente que no lo hacia por voluntad propia.
Ignoro mi comentario y leyo una lista de condiciones. Iba a cantar en el Adriana, que, por lo que sabia, ahora lo dirigia un colaboracionista frances. Tenia que ponerme un vestido de noche negro y no podia bailar ni cantar nada «subido de tono». Aunque hubiera aceptado bailar, cosa que no habia hecho, me habria sido imposible con la rodilla herida. Para mi sorpresa, me dejo escoger mis propias canciones, aunque tendria que autorizarmelas la Propagandastaffel.
– Pueden acompanarla artistas de cabare, pero no puede aparecer ninguna corista desnuda ni humoristas -concluyo Von Loringhoven.
Por lo que parecia, Karl Oberg carecia de sentido del humor.
– ?Y mis amigas?
– Hemos sacado a la mujer y la nina de Drancy. Las mantendremos en otro lugar hasta que usted haya finalizado su actuacion a mi entera satisfaccion.
– Quiero que las libere antes de que yo cante -insisti.
– No esta usted en posicion de negociar -me contesto Von Loringhoven, adquiriendo un tono de voz mas agudo-. Despues de su actuacion, las llevaran a Marsella y las embarcaran hacia Sudamerica. Francamente, para mi no representa ninguna diferencia, mademoiselle Fleurier. Muy pronto, Alemania dominara el mundo. Asi que solamente les esta dando un poco de tiempo a sus amigas.
Von Loringhoven tenia la misma actitud que los alemanes que habian permitido a Odette y la pequena Simone viajar desde Burdeos hasta Paris. Pero yo ya habia decidido que un poco de tiempo era suficiente por ahora.
– Llamare a un conductor para que la lleve a casa -me anuncio, poniendose en pie delante de su mesa-. Pero dejeme que le haga una ultima advertencia: debe usted fingir que va a cantar por voluntad propia. Si le dice a alguien que ha hecho usted un trato conmigo, sus amigas moriran. Y lo hare al estilo Vichy. Decapitaremos a la madre delante de la nina. Y despues, la matare tambien a ella.
No tuvo que anadir nada mas. Puede que lo hubiera considerado un estupido, pero, aunque lo fuera, tambien era peligroso. Cuando lo mire, vi que se habia transformado en una bestia, un ser antinatural, sin la logica o la circunspeccion normales. Me di cuenta de que seria perfectamente capaz de llevar a cabo su amenaza.
Me llevaron de vuelta a mi bloque de apartamentos en un BMW negro. El agente de la Gestapo que hizo las veces de chofer se paso todo el viaje bostezando, apestando el ambiente del interior del coche con su aliento a tabaco rancio. Me pregunte si habria estado en pie toda la noche, moliendo a palos a alguien hasta matarlo.
Cuando detuvo el automovil delante de mi apartamento, me abrio la portezuela del coche, me entrego un baston y me arrastro hasta la puerta principal.
– Me voy a quedar aqui mismo -me advirtio, senalando el suelo de la acera-. La estare vigilando. Vere quien entra y quien sale.
– Observo mi rodilla, dejo escapar una carcajada y me echo de nuevo su repugnante aliento en la cara-. ?Pero usted no va a ir a ninguna parte con esa rodilla asi!
Abrio el pestillo de la puerta y me empujo hacia el interior. El portal estaba a oscuras. Encendi la luz.
– ?Madame Goux? -la llame suavemente, pero no recibi respuesta.
Empuje la puerta del apartamento de monsieur Copeau. La secretaria y los medicos no estaban alli. Los muebles estaban vueltos del reves y habia papeles esparcidos por todo el suelo.
– ?Quien anda ahi? -pregunto una voz a mis espaldas.
Me volvi para ver a madame Goux. Tenia los ojos amoratados y la nariz rota e hinchada.
– ?Que le han hecho? -Cojee hacia ella y la agarre de los hombros. Tenia quemaduras de cigarrillo en la cara y en el cuello.
Se encogio de hombros.
– ?Que es lo que le han hecho a usted? Tiene un aspecto terrible.
Le conte el interrogatorio al que me habian sometido y le pregunte por los demas, aunque me daba miedo saber si todavia estaban vivos o si los habian matado.
– Los medicos se marcharon a tiempo. Madame Ibert recibio un aviso y se fue al sur, a la finca de su familia. Trato de enviarme un mensaje, pero yo cai directamente en la trampa. No obstante, no me han sacado ni una palabra. Simule que era una anciana imbecil.
Tenia una quemadura cerca del ojo, que le estaba llorando. Le pase el brazo por los hombros. No se me escapo la ironia de que antes de la guerra no soportaba a madame Goux. Y, ahora, me hubiera sentido desolada si algo le hubiera pasado.
– Necesitaran algo mas que esto para acabar conmigo -me aseguro, ayudandome a montarme en el ascensor, que, por algun tipo de milagro, habia vuelto a funcionar.
Unos dias despues de regresar a mi apartamento, escuche la voz apagada de un hombre hablando con madame Goux en el vestibulo. La portera me habia ordenado que no me pusiera en pie hasta que mi rodilla estuviera mejor, por lo que me encontraba tumbada en el sofa con la pierna apoyada sobre unos cojines. Trate de aguzar el oido para escuchar, intentando distinguir quien era aquel hombre.
– Solo vengo para quedarme un momento -dijo-. No quiero importunar. Les he dicho que yo iba a representarla para el espectaculo.
El concierto de las SS era una gran noticia por todo Paris. La Propagandastaffel no habia perdido ni un minuto en hacer carteles publicitarios: «La luz mas brillante de la ciudad canta para el Nuevo Paris». Lo que yo aun ignoraba, y posteriormente agradeci que madame Goux no me hubiera contado, era que extendida detras de mi fotografia habia una enorme bandera con la esvastica.
– Suba -le indico madame Goux al visitante-. Necesita que alguien le levante un poco el animo.
Todavia tarde un instante en comprender que aquella voz era la de Andre. Nuestro trabajo en la Resistencia apenas nos habia puesto en contacto directo mas que en unas pocas ocasiones. La mayor parte de las veces nos comunicabamos a traves de mensajeros. Si nos hubieran visto juntos, habrian comenzado los rumores que quiza habrian levantado las sospechas de Guillemette. El sonido de los pasos de Andre se fue acercando. Me alise el cabello y me recoloque el camison. La puerta de mi apartamento estaba entornada por si acaso necesitaba llamar a madame Goux, pero Andre llamo de todos modos.
– Pasa -le dije.
– ?Simone! -exclamo, apresurandose hacia mi-. Me alegra ver que estas viva. ?He envejecido diez anos de golpe preocupandome por ti!
Me quede perpleja al verle aparecer. Con aquel traje verde azulado y la corbata roja, estaba muy guapo y elegante. Su cabello habia adquirido un tono ligeramente mas gris que la ultima vez que nos habiamos visto. Le asegure que cada dia tenia mejor aspecto. Me contemplo con una mirada escrutadora y supe que estaba buscando una explicacion de por que habia accedido a cantar para los nazis. Me
