Sono una campana.
– ?Diez minutos para el espectaculo! -advirtio madame Tarasova.
El ritmo del camerino se acelero. Las chicas tiraron al suelo sus kimonos y se embutieron en los trajes. Madame Tarasova y yo corrimos tras ellas, ayudandolas a colocarse las medias y a alisar sus pelucas.
– ?Mira! -me dijo una chica de piel palida, a la que reconoci como la que se habia quejado de tener hambre la primera noche que habia observado a los artistas llegar al teatro. Se estaba senalando un desgarron bajo la manga de su bluson.
– Yo lo arreglare -le asegure.
Se quito de un tiron el traje y me lo entrego. Trate de ignorar que estaba ante mi, mostrandome los pechos al aire y una espesa mata de vello pubico, y enhebre la aguja. No me daba verguenza, pero no estaba acostumbrada a ver a mujeres exhibiendo su desnudez de una forma tan despreocupada.
Oi un aplauso y volvio a sonar la campana. Ayude a la chica a ponerse el traje de nuevo y la contemple mientras salia corriendo tras las demas escaleras abajo. Madame Tarasova las siguio. El ruido de las pisadas de las coristas y de los gritos de guerra que proferian mientras corrian por las escaleras hizo que el suelo vibrara y que las paredes se sacudieran.
– ?Simone! -exclamo madame Tarasova por encima de su hombro-. Ven manana por la noche. Manana ire a administracion y firmare para que te pongan en nomina.
Supuse que aquello significaba que me habia contratado.
Madame Tarasova me indico que podia vivir entre bastidores hasta que encontrara una habitacion en la que alojarme. Monsieur Dargent habia dejado que ella y Vera se quedaran alli cuando acababan de llegar a Marsella despues de huir de Rusia y entonces comprendi por que le eran tan leales, cuando podrian haber encontrado un trabajo mejor en cualquier parte. El dia despues de que me contrataran, no pude esperar para recoger mis cosas y comunicarle a tia Augustine que me marchaba. Hasta que no recogi mis pertenencias e hice un hatillo con mi ropa no me di cuenta de la presencia de
La cogi en brazos. Se me habia olvidado que, si me marchaba, ya no volveria a verla. Subi las escaleras hasta la habitacion de Camille y llame a la puerta. Camille la abrio, ataviada con un kimono. Su hermoso rostro tenia un aspecto etereo sin el maquillaje de teatro.
– Me marcho -le anuncie-. He conseguido trabajo en Le Chat Espiegle.
– Lo se -me contesto.
– Pero puedo seguir cuidando de
– Llevatela -respondio Camille, bostezando-. ?Que voy a hacer yo con un chucho?
Tia Augustine estaba sentada en el salon, leyendo el periodico. Ya le habia enviado una carta a tia Yvette aquella manana, contandole a ella y a mi madre que me marchaba de casa y que habia conseguido trabajo como costurera en un teatro de variedades. Quise darles la noticia a ellas yo primero, porque a saber que mentiras le contaria la anciana a mi familia si no lo hacia. No se me ocurria ni una sola virtud a su favor que me hiciera sentir lastima por abandonarla. No habia demostrado ni un apice de bondad por mi. En lugar de «darme un techo donde vivir» tras la muerte de mi padre, no habia hecho mas que explotarme.
El rostro de tia Augustine enrojecio y comenzo a expulsar el aire por las ventanas de la nariz como un toro enfurecido cuando le dije que me marchaba.
– ?Tu! ?Pequena desagradecida casquivana! -me grito-. ?Te has quedado embarazada?
– No -le respondi-. He conseguido otro trabajo.
Tia Augustine se quedo aturdida durante un instante, pero se recupero rapidamente.
– ?Donde? -pregunto, y entonces su mirada recayo sobre
Aquel insulto me dolio porque llevaba algo de razon: yo no era tan agraciada como Camille. Habria dado cualquier cosa por tener su cabello rubio hipnotico y felino, pero en su lugar, yo era una jirafa de ojos oscuros. Antes de que tia Augustine pudiera continuar echandome en cara cosas que lograran desanimarme, recogi a
Tia Augustine corrio a la puerta detras de mi y las vecinas se asomaron al balcon para ver de donde venia toda aquella conmocion.
– ?Simone! -grito tia Augustine. Me volvi para verla senalando a las prostitutas-. ?Eso es lo que les pasa a las chicas del monton sin talento que prueban suerte en el teatro! ?Mira, Simone! ?Ahi esta tu futuro, contemplandote!
Me meti a
Unas semanas despues de que empezara a trabajar en el departamento de vestuario de Le Chat Espiegle, cerro otro teatro de la vecindad llamado El Marinero Tuerto, y monsieur Dargent les compro algunos de los decorados y trajes a los acreedores. Creo un nuevo espectaculo titulado
Los trajes eran mas sencillos que los del espectaculo anterior, asi que a veces podia aprovechar unos instantes para ver la representacion entre bastidores. Comence a entender la diferencia entre Camille y las coristas. Las chicas cantaban y movian las piernas porque no querian morirse de hambre. Bailar en el teatro era mejor que estar en la calle y el publico les tenia mas respeto, aunque solo fuera un poco. Ademas, aquello estaba un escalon por encima de trabajar en una lavanderia, en una panaderia o como servicio domestico, donde la dureza de sus tareas acabaria desgastando su mayor baza: la belleza de la juventud. En el teatro podian mantenerla mas tiempo con la esperanza de que alguna noche les saliera un adinerado pretendiente entre los hombres que rondaban la puerta de artistas despues del espectaculo. Todas las coristas sabian que a Madeleine, tras una relacion amorosa con el heredero de la fortuna de una empresa de transporte, el padre del joven la habia obligado a abortar, y que el ano anterior dos de las chicas habian tenido que abandonar el teatro tras contraer enfermedades venereas. Era un aspecto de la vida teatral que no habia anticipado y que me escandalizo. No habia oido hablar de la Bella Otero, ni de Liane de Pougy o Gaby Deslys: artistas que eran amantes de reyes y principes. Aunque las coristas a veces recibian joyas y ropa por sus favores, madame Tarasova rapidamente puntualizaba que nadie en Le Chat Espiegle habia conseguido marcharse repentinamente para acabar en un matrimonio de ensueno con un principe, ni siquiera con el director de una empresa de aceite de oliva, por lo que hacia lo que podia por educar a las chicas sobre los beneficios del uso de
Sin embargo, Camille era diferente. Desde su mirada hasta el balanceo de sus caderas, todo en ella expelia magia bajo la luz de los focos hacia los avidos espectadores. El publico la aclamaba y la aplauda, como si estuviera tratando de conseguir los productos mas frescos del mercado, mientras que ella permanecia distante, envuelta en su misteriosa belleza. Cuando Camille salia del escenario, se llevaba su
