Monsieur Dargent aparecio en el bastidor contrario. Se estaba mordiendo el labio inferior y se mesaba el pelo de la nuca, cosa que no me inspiro ni la mas minima confianza.
Se abrio el telon. Los focos parpadearon. Un redoble de tambor trono por toda la sala y la orquesta arranco a tocar el tema musical del primer acto. Las chicas se apresuraron a entrar en el escenario. – ?Aloja! ?Aloja! ?Aloja!»
Se me cerro la garganta. Se me formaron gotas de sudor sobre el labio superior, pero me asustaba limpiarlas por miedo a correr el maquillaje. Se me quito cualquier anhelo que hubiera podido sentir anteriormente por trabajar en el teatro. Las chicas bailaban alrededor de la laguna, contoneando las caderas. Claudine y Marie rasgueaban unos ukeleles. La situacion resultaba surrealista. Monsieur Dargent ni siquiera sabia como me llamaba, pero el exito del espectaculo de aquella noche dependia de mi. Apenas irnos momentos antes, lo que mas me preocupaba en el mundo era poder pagar el alquiler y ahora estaba a punto de aparecer en escena por primera vez en mi vida, con cocos tapandome los pechos y una peluca que se me podia caer de la cabeza en cualquier momento. Muchos ce los asientos del patio de butacas estaban vacios, pero habia los suficientes ocupados como para que un escalofrio me recorriera todo el cuerpo. Los rostros de los espectadores me parecieron amenazantes en la oscuridad. Me di cuenta de que las chicas de la ultima fila del coro ya habian salido y de que monsieur Dargent me estaba senalando.
– ?Ahora! -dijo, moviendo los labios.
Levante una de mis temblorosas piernas sobre la plataforma y entre tropezando en el escenario. Me sobresalto el potente brillo de los focos. Me quede alli, aturdida, sin saber muy bien que hacer.
Un hombre de voz grave se echo a reir, profiriendo fuertes carcajadas. Una mujer emitio una risa aguda. Me ardia la piel. Estaba segura de que me habia puesto totalmente colorada. Otro hombre se unio a las risas, pero en su tono habia algo mas que burla. ?Anticipacion? De algun modo, aquella risa me relajo y me desperto de mi estado de estupor. «?Aloja! ?Aloja! ?Aloja!», gorjee, imitando a las coristas. Al principio, me sorprendi de que aquella voz fuera mia; se propago mas alla del foso de la orquesta y volvio hacia mi en forma de eco, mucho mas potente que las agudas voces del resto de las chicas. Mas espectadores se echaron a reir y alguien empezo a aplaudir.
– ?Aloja, mademoiselle! -grito alguien-. ?Y que viene ahora?
Me atrevi a mirar hacia el publico. Dos hombres sentados en la primera fila me contemplaban con interes. Les sonrei y les hice un mohin. El auditorio enloquecio. Yo no bailaba con elegancia, pero cuanto mas aplaudia y jaleaba el publico mas se me relajaba el cuerpo y me sacudia con mas impetu. Mi timidez se desvanecio y me movi facil y alegremente, flexionando las piernas y pestaneando, y dejando que mis extremidades hicieran lo que la musica les sugeria. Me recorrio un escalofrio por la piel. Todos los rostros estaban fijos en mi.
Antes del espectaculo habia sido todo tal caos que nadie me habia explicado como terminar el baile. Gire en circulo y cuando volvi a mirar hacia el frente las coristas habian abandonado el escenario. Levante los brazos en el aire y adopte la pose de una estatua, algo que parecia incongruente con mi actuacion, pero era un gesto que Camille hacia en su numero egipcio y que a mi me habia impresionado de manera especial. Cayo el telon y el publico rompio a aplaudir. Corri fuera del escenario, casi incapaz de respirar.
Monsieur Dargent, madame Tarasova, Albert y los otros estaban esperandome entre bastidores. Albert me levanto, me sento sobre su hombro y desfilo de aqui para alla conmigo encima. Monsieur Dargent sonrio de oreja a oreja. Madame Tarasova se me acerco y me cogio de las mejillas.
– ?Sabes que lo que acabas de hacer es lo que cualquier artista desearia? ?Los has encandilado, Belle-Joie! ?Los has encandilado por completo!
Capitulo 5
Durante mi primer ensayo en Le Chat Espiegle me senti como una impostora. Como parte de mi contrato, tenia que practicar con las coristas cada tarde a las dos en el sotano bajo el escenario, excepto los jueves y domingos, que habia matines en las que actuar. La estancia estaba normalmente cerrada, por lo que me sente en las escaleras llenas de polvo junto con las otras chicas hasta que madame Baroux, la profesora de ballet, llego con madame Dauphin, la pianista acompanante. Cuando lo hizo, las chicas se enderezaron de sus encorvadas posturas y se arremolinaron junto a la puerta, y yo las segui. Solo Claire y Ginette se aproximaron arrastrando los pies con la misma apatia que los asistentes a una comitiva funeraria, pero si madame Baroux se dio cuenta no lo demostro.
Se saco una llave que llevaba colgada de una cuerda alrededor del cuello y la introdujo en la cerradura de la puerta.
La mirada de madame Baroux se poso sobre mi y me saludo con la cabeza. Asumi que monsieur Dargent le habia explicado quien era. A las coristas se les exigia ensayar todos los dias para mantener su flexibilidad, pero esa no era la intencion de monsieur Dargent con respecto a mi. Queria que yo entendiera lo que las chicas hacian para que pudiera imitarlas en el escenario. Ademas, pretendia que adquiriera los fundamentos basicos del baile por si acaso era necesario que participara en el siguiente espectaculo o que sustituyera a las que se pusieran enfermas. Tenia que ganarme el sueldo.
Despues de recibir varios empujones, cortesia de madame Dauphin, la puerta se abrio con un crujido y nos introdujimos en la habitacion tras madame Baroux. Madame Dauphin se sento al piano y levanto la abollada tapa. Calento los dedos sobre las teclas con una melodia que me hizo pensar en mariposas revoloteando entre la hierba alta. Sus desarreglados rizos y su vestido de flores eran la antitesis de madame Baroux, que llevaba el pelo recogido con peinetas y mantenia su individualidad escondida bajo una blusa blanca almidonada y un chal de ganchillo tipicos de una mujer francesa de mediana edad.
– ?Estiramientos! -anuncio madame Baroux, golpeando el suelo de parque con su baston.
Las chicas se echaron al suelo, transformandose en un mar de miembros extendidos, contorsionando todas a la vez sus figuras enfrente de los espejos que se alineaban a lo largo de las paredes del sotano. Yo me deje caer al suelo tambien. La arenilla del parque se me pego a las palmas de las manos, asi que me las frote contra los lados de mi propia tunica antes de estudiar que estaba haciendo la chica que tenia delante, Jeanne.
– Es asi -me susurro Jeanne, alargando la pierna y acercando el pecho hacia la rodilla estirada.
Hizo una mueca y se le pusieron las mejillas coloradas. Segui su ejemplo y, para mi sorpresa, logre imitar la postura sin demasiado esfuerzo. Ya me estaba felicitando mentalmente cuando note que madame Baroux me daba un golpecito con el baston en la zona lumbar.
– Manten la espalda recta. Eres bailarina, no contorsionista. Todos tus movimientos deben fluir gracilmente desde tu eje vertical.
Aunque las chicas eran coristas y no bailarinas, la mayoria de ellas tenia experiencia con el baile clasico. Yo me sentia perdida entre ellas. ?Que estaba haciendo alli? ?Que diablos era el eje vertical?
– Si, madame -respondi, corrigiendo la postura todo lo que pude.
Sin embargo, cuando levante la vista, madame Baroux ya habia pasado
