de largo.
– No es que le haga precisamente falta mucha elegancia en su numero -escuche que alguien murmuraba desde la primera fila.
Levante la mirada por encima del mar de cintas del pelo, medias y enaguas para ver quien habia sido. ?Claire? ?Paulette? ?Ginette? Puede que yo hubiera salvado el espectaculo, pero aquello no significaba que no sintieran rencor porque a una ayudante de vestuario le hubieran dado un papel principal.
– ?A la barra, senoritas! -exclamo madame Baroux.
Levante la vista y vi que las demas se habian colocado en posicion de espera junto a una barandilla de madera que recorria una de las paredes. Trote tras ellas y ocupe mi lugar en la fila. Madame Baroux me dedico una mueca que apenas podia confundirse con una sonrisa.
– Arabesca -anuncio.
Contemple a la chica que tenia al lado y extendi la pierna hacia atras, imitandola. Madame Baroux se movio a lo largo de la fila, echando hombros para atras y levantando caderas. Agarre la astillada barra e imagine que mi columna vertebral estaba formada de canicas alineadas desde el cuello hasta el sacro. Mantuve la pierna firme, ignorando la quemazon que sentia en la parte interior de los muslos. Pero madame Baroux paso a mi lado sin dedicarme ni una sola mirada. No se trataba de que mi postura fuera perfecta, sino que ni siquiera le merecia la pena molestarse en corregirme.
– Con esa pinta, parece un bebe -le susurro Ginette a Madeleine lo bastante alto como para que yo pudiera oirlo.
Compare sus brillantes mallas con mi blusa de percal, elaborada a partir de un pano que me habia traido de la finca.
– Bueno, la han puesto en el espectaculo para hacer reir al publico -le contesto Madeleine entre risitas.
Me mordi el labio y me esforce en no llorar. ?Acaso no era precisamente aquello lo que habia deseado: estar en el teatro? Y aun asi, nunca antes me habia sentido mas torpe, fea o sola.
La tension entre las chicas y yo llego a su punto critico un tiempo despues. Estabamos apinadas en el camerino, preparandonos para la actuacion. Me habian asignado un lugar en la esquina trasera, en un hueco entre una ventana cegada y una palmera marchita. Habia hecho calor durante el dia y aunque se habian abierto de par en par todas las ventanas que no estaban rotas, no corria nada de brisa. Nuestros trajes tendrian que haber pasado por la lavanderia, pero madame Tarasova estaba demasiado ocupada y alguien, probablemente Marion, no se habia lavado los pies despues del ensayo. El aire apestaba a una mezcla de colonia, piel sudorosa y zapatos humedos que revolvia el estomago. Solamente funcionaban tres de las diez bombillas de mi espejo. «En realidad da lo mismo», pense, mirando con desaprobacion las manchas de color sobre mis parpados. No se me daba bien maquillarme, aunque madame Tarasova habia hecho lo posible por ensenarme. Estaba tratando de aplicarme el maquillaje a la mandibula, cuando Claudine acerco una banqueta y se sento junto a mi.
– El espectaculo va bien gracias a ti, Simone. He oido a monsieur Dargent decir que se han compensado las perdidas -comento.
Cogi el lapiz de ojos y asenti. Claudine me gustaba, pero no me fiaba de Claire, que se sentaba justo detras de mi. Habia ocupado el puesto de Anne en el coro y no ocultaba que pensaba que yo sobraba en el camerino. Independientemente de lo cuidadosa que yo fuera, cada vez que movia mi banqueta hacia atras siempre me chocaba contra su espalda.
– ?Ten cuidado! -me espetaba-. ?Si me rompes las medias, tendras que pagar una multa!
Por supuesto, en esa ocasion se dio media vuelta y le rugio a Claudine:
– El primer acto es terrible. ?Habria que recortarlo inmediatamente!
– ?Por que? -pregunto Claudine, girando su banqueta para enfrentarse a Claire-. Un nuevo acto significaria semanas de ensayos sin sueldo.
Marie levanto la mirada desde su espejo.
– En todo caso, ahora ya no es necesario -comento-. Simone ha salvado el espectaculo. La audiencia va en aumento y ayer por la noche hicimos lleno absoluto.
Me agache para ajustarme las tobilleras y evitar la mirada de las demas. Todas habian sido simpaticas conmigo mientras trabajaba en vestuario, pero cuando consegui un papel en el espectaculo cambiaron las cosas. La opinion de las chicas sobre mi estaba dividida. Claudine, Marie, Jeanne y Marion, que consideraban que su papel en el coro era un empleo como otro cualquiera, estaban contentas de que yo me uniera a su numero, porque aquello significaba que no tendrian que separarse de sus hijos para ensayar un nuevo acto. Pero algunas de las otras chicas, como Claire, Paulette, Ginette y Madeleine, tenian ambiciones. Querian ser estrellas y yo representaba una amenaza para sus objetivos.
Claire arrugo la nariz.
– ?Bah! -resoplo, desairando a Marie con un gesto de la mano-. La audiencia esta aumentando porque las celebraciones del Dia de la Bastilla se han terminado y la gente necesita algo que hacer.
Algunas de las otras chicas murmuraron palabras de asentimiento.
– Creo que deberiamos hablar con monsieur Dargent despues del espectaculo -propuso Paulette, echandose su bata manchada de maquillaje encima de los hombros-. El publico viene porque quieren ver a chicas guapas bailando. Simone nos pone a todas en ridiculo.
– Ya hablaste con monsieur Dargent la semana pasada -le contesto Claudine, riendose entre dientes-. Y arreglo el problema contratando a Simone. -Me dio unas palmaditas en el hombro y me sonrio abiertamente. Sabia que tenia buenas intenciones, pero desee que no continuara hablando-. Y ademas -prosiguio-, esta tan contento con Simone que esta pensando en poner su nombre en los carteles de publicidad del espectaculo.
El murmullo de voces en la habitacion se detuvo. Todas las miradas se volvieron hacia Claudine. Nadie me miraba a mi.
– Es verdad -comento Marie mientras se ponia colorete en las mejillas-. Ayer mismo le oi hablando con la taquillera sobre el tema. La gente ha estado preguntando si este era el espectaculo «de la chica graciosa».
Paulette se dio la vuelta hacia su espejo y se paso bruscamente el repillo por el pelo. Madeleine y Ginette intercambiaron una mirada.
– Si la ponen en cartel, yo me marcho -sentencio Claire, encogiendo sus huesudos hombros-. No es mas que una ayudante de vestuario. No durara mucho sobre el escenario. No basta con comportarse como una idiota. Tambien hay que saber bailar.
– Ademas, tampoco es que sea ninguna belleza -anadio Madeleine, elevando la nariz en el aire.
Me levante y corri por la puerta, pisando zapatillas y bolsos. Cuando me encontre a salvo en el vestibulo, apoye la frente sobre el dorso de la muneca y me recline sobre la barandilla. Las groserias de las coristas eran como un mazazo para mi autoestima. Quiza tenian razon y yo no estaba hecha para el teatro.
Pero mi humor cambio en el momento en que sono la campana de llamada a escena. Corri escaleras abajo para colocarme en mi puesto entre bastidores. Podia sentir al publico antes de verlo: el ambiente era electrico. Las voces de los hombres y mujeres que estaban entrando en la sala zumbaban y crepitaban como chispas de electricidad estatica antes de una tormenta. Presione con la mano la pared trasera para conectarme con aquella corriente. El propio edificio parecia estar palpitando. Aquella noche iba a haber un lleno absoluto.
Resono el eco de un redoble de tambor por toda la sala. La orquesta
