arranco con la musica del numero de introduccion y mis pies golpearon el suelo al ritmo de los ukeleles. Ya no necesitaba que monsieur Dargent me diera el pie, pues me sabia de memoria cuando debia entrar. Al final de la segunda estrofa, salte al escenario bajo los focos. La multitud rugio y estallo en aplausos.
– ?Aloja! ?Aloja! ?Aloja!
Mi voz se elevo por encima de las de las chicas incluso mas de lo habitual. Habia conseguido fortalecerla practicando todas las noches. Era capaz de forzar aun mas el sonido sin desafinar. Claire trato de alcanzarme con su estridente voz de soprano, pero no podia mantener el tono y bailar al mismo tiempo. Recorri con la mirada al publico, que era un oceano de rostros paralizados. Me olvide de las hoscas recomendaciones de madame Baroux sobre mantener el «eje vertical» y contonee las caderas y oscile las piernas en todas las direcciones. El publico rugio y aplaudio. Sus risas llegaron hasta el escenario como una ola rompiendo en la playa. En un instante, toda la primera fila se puso en pie y me vitoreo: «?Bravo, mademoiselle Fleurier! ?Bravo!».
?Se sabian mi nombre? Senti mariposas en el fondo del estomago. La vibracion me recorrio desde el pecho hasta las puntas de los dedos.
– ?Aloja! ?Aloja! ?Aloja! -cante, con toda la fuerza que podia extraer de los pulmones.
– ?En solo dos semanas ya eres todo un exito! -exclamo madame Tarasova cuando sali del escenario-. Has entrado en el mundo del espectaculo como pez en el agua. ?Tienes talento innato!
– Te echamos de menos aqui abajo -me dijo Vera, quitandome la peluca.
– Me cambio y bajo ahora mismo, ?vale? -le conteste, volviendome hacia las escaleras-. Monsieur Dargent quiere que os ayude hasta que prepare mas numeros para mi en el siguiente espectaculo.
Corri escaleras arriba al camerino, pero me pare en seco cuando vi el desorden en el exterior de la puerta. Me quede aturdida durante un momento, contemplando las brochas y lapices de maquillaje tirados en el suelo. Habia un bote de colorete volcado de lado, una pastilla de rimel aplastada que formaba una pasta grasienta contra las tablas del suelo y el polvo de arroz espolvoreaba todo como si fuera nieve. Habia un tocador con el espejo rajado apoyado contra la pared. Contemple con la boca abierta aquel espectaculo de destruccion durante unos segundos antes de percatarme de que aquellos objetos eran mios.
Me agache para recoger los cosmeticos cuando me di cuenta de que el kimono decorado con rosas que habia heredado de Anne estana enganchado en la puerta. Tire de el, pero estaba tan atascado que no podria moverlo a menos que le pidiera a alguna de las chicas que me ayudara. Alguien solto una risita y vi sombras moverse por la rendija de luz que salia por debajo de la puerta. Me imagine a Claire y a sus complices espiandome por la cerradura, felicitandose a si mismas por su inteligencia. Deje la bata: opte por volver despues a por ella antes que darles la satisfaccion de tener que rogarles que me la devolvieran.
Recogi el bote de colorete y limpie el resto del desorden lo mejor que pude, pasando el extremo de mi falda de hojas por el borde de los envases. Madame Tarasova habia logrado componer mi coleccion de cosmeticos de los objetos perdidos que habia ido reuniendo a lo largo de los anos. Me alivio ver que el envase de polvos de maquillale estaba medio lleno. Deje el rimel: se habia echado a perder y no merecia la pena tratar de recuperarlo. Si me quejaba a monsieur Dargent, se les descontaria el dinero del sueldo a las responsables por comportamiento problematico. Pero, si lo hacia, las intimidaciones empeorarian. Y ya habia mas coristas que estaban en mi contra que a mi favor.
Recogi la coleccion de cosmeticos arruinados y mire al otro lado de la esquina. Al final del vestibulo, cerca de los servicios, habia un nicho. El hedor a orina de los retretes era insoportable, pero el nicho estaba limpio y tenia un tragaluz de cristal esmerilado y luz electrica. Arrastre el tocador y el espejo hasta alli, y ordene lo que habia quedado de mi maquillaje sobre la mesa.
– Muy bien, Simone, me alegra verte haciendo nuevas amigas.
Mire hacia el espejo rajado para ver a Camille junto a mi, vestida con una tunica para su numero de Helena de Troya.
– Bienvenida al mundo del espectaculo -continuo.
Mantuve la vista hacia el espejo. No queria que me viera llorar.
Me puso la mano en el hombro y entrecerro los ojos.
– ?Quien te ha ensenado a maquillarte?
– Madame Tarasova me ha ensenado algunas cosas y he copiado a las demas.
– Tu cara parece un mapamundi.
Me lleve la mano a la mejilla. Sabia que por mucho que lo hubiera intentado, no habia conseguido adquirir el arte de mezclar los colores. Me alegre de que el publico no pudiera verme de cerca.
– Vamos -me dijo Camille, moviendo la cabeza en direccion a su camerino-. Tengo quince minutos. Te ensenare como hacerlo correctamente.
El camerino de Camille era un revoltijo de bellos objetos al lado de otros horrorosos. Habia una silla de mimbre coja junto a una comoda de madera pulida de palo de rosa, y una alfombra persa, entrecruzada con una mugrienta de algodon, cubria el suelo combado. Varios mantones de Manila tapaban el sofa cama, mientras que el tocador estaba atestado de botellas de perfume sin tapon. Movi nerviosamente la nariz ante el olor de la habitacion: una mezcolanza de incienso, polvo y jabon de bano.
Camille me sento en un taburete cubierto de saten y me limpio las manchas de maquillaje que se me acumulaban alrededor de la barbilla y las aletas de la nariz. Era facil detectar los fallos en su espejo perfectamente iluminado. El lapiz de ojos desviaba mis pestanas hacia diferentes angulos en cada uno de los dos parpados y mi boca se curvaba hacia un extremo. Si hubiera sido un poco mas oscura de piel y hubiera tenido las sombras de los ojos un poco mas claras, habria parecido uno de esos cantantes estadounidenses que se «oscurecian» la piel para cantar
– Mira -me dijo Camille, recogiendome el pelo hacia atras y sujetandolo con un panuelo, para despues limpiarme la cara-, tienes que maquillarte por encima del nacimiento del pelo y detras de las orejas para que no haya bordes. Y aunque tienes la piel color oliva, necesitas utilizar algo mas oscuro. Todo el maquillaje se deshace bajo los focos.
Levante la mirada hacia Camille. El carboncillo que delineaba sus ojos intensificaba su color azul. El maquillaje se fundia con el color de su piel y el rojo de sus labios era suave. Aquellos colores realzaban su tono natural. Tenia un aspecto tan perfecto como el de la encerada pieza de un frutero. Me revolvi en el taburete con timidez. ?Por que no podia yo tener un aspecto asi?
Camille abrio la tapadera abatible de su estuche de maquillaje y rebusco entre los contenidos.
– Aqui esta -exclamo, sacando un bote que contenia una crema ce color perla. Abrio la tapa y extendio la sustancia bajo mis cejas y las pestanas de los parpados inferiores-. Destaca siempre tus cualidades y minimiza tus defectos -me explico mientras me limpiaba los dos circulos de colorete que yo me habia puesto en las mejillas para sustituirlos por dos toques de color extendidos por los pomulos-. Los seres humanos no somos mas que animales con ropa -comento-. Cuando esas chicas la toman con alguien, o bien estan tratando de eliminar a la bestia mas debil del rebano o pretenden asustar a un nuevo miembro al que consideran una amenaza.
Toque con la punta de los dedos una violeta apoyada en un platillo sobre el tocador.
– ?Eres de Marsella? -le pregunte.
Camille era rubia y tenia facciones delicadas como si fuera del norte. Nadie en Le Chat Espiegle sabia demasiado sobre ella. Tenia reputacion de no contar nada sobre ella misma y nunca hablaba de lo que habia hecho antes de entrar en el teatro.
Camille dejo escapar un suspiro exasperado.
– Eres una metomentodo -replico-. Ahora mira hacia arriba para que pueda limpiarte esos pegotes de las pestanas.
