Conquistaran a mademoiselle Fleurier y la perderemos, os lo advierto -bromeo Bentley.
Todos estallaron en carcajadas. Yo tambien sonrei, aunque no cogi la broma.
Nos apinamos en un taxi: Camille y Bentley en el asiento delantero y yo, en el trasero, entre Antoine y Francois. La masa que formaban nuestros abrigos, bufandas, gorros y guantes apretados unos junto a otros nos hacian parecer un monton de ropa dentro del camion de una tintoreria. El taxi cruzo el Sena hacia la orilla derecha. Pasamos junto al obelisco egipcio de la Place de la Concorde.
– Aqui es donde ejecutaron a Luis XVI -explico Antoine, golpeando la ventanilla del coche con los nudillos-. Y despues a Maria Antonieta y a Robespierre.
– No parece el tipo de lugar en el que algo asi podria haber sucedido -comente.
Me imagine una turba revolucionaria reunida sobre el pavimento adoquinado agitando los punos en alto y gritando: «?Que les corten la cabeza!».
– Esta claro que no lo parece -dijo Bentley-. Cuando uno mira las elegantes farolas, es facil olvidar la sangrienta historia de Paris.
Llegamos a la Rue Boissy d'Anglas y entramos en fila en Le Boeuf sur le Toit. El club nocturno estaba tan lleno que apenas podiamos movernos. Pense que nos quedariamos atorados junto a la puerta para siempre, pero el camarero logro conseguirnos una mesa. El sumiller trajo el champan en un cubo de hielo. La musica de
– Todo el mundo esta aqui hoy -comento Camille-. Mira, ?ahi esta Coco Chanel!
Segui la mirada de Camille hasta una mujer de pelo oscuro con una boca ancha y sensual. Llevaba puesto un vestido que se envolvia alrededor de su cuerpo en festones escalonados. No era lo que yo me esperaba tras haber escuchado la descripcion de madame Chardin. Su vestido era sencillo y flotaba a su alrededor cada vez que movia el brazo para darle un sorbo a su bebida. Pero llevaba unos gruesos pendientes y un aparatoso collar de perlas barrocas que le daba varias vueltas al cuello.
– Pense que su teoria consistia en simplificarlo todo al maximo -dije-. Y utilizar solo un accesorio decorativo.
Bentley me miro fijamente.
– Es disenadora -aclaro, riendose entre dientes-. Gana dinero marcando tendencias y luego cambiandolas.
– Ahi esta tu amigo -le dijo Antoine a Camille, senalando con la cabeza a un hombre de sonrisa torcida.
Camille se volvio hacia mi.
– Maurice Chevalier. Actuo en el Casino de Paris en la temporada anterior y gano dos mil francos por noche.
– ?Dos mil francos! ?Pero que es lo que hace? -exclame.
– Baila por el escenario con un sombrero de paja, cuenta chistes y canta canciones insinuantes. He oido que Hollywood no lo va a dejar escapar.
– ?Hollywood?
– Estados Unidos. La industria del cine -aclaro Camille, divertida por mi ignorancia.
– Se comenta que es un hombre implacable -dijo Bentley, cortandole la punta a un cigarro con un par de tijerillas doradas-. Abandono a Mistinguett despues de que ella arriesgara su vida por salvarle de un campo de prisioneros de guerra.
Sabia que Mistinguett gozaba del titulo de «Reina del Teatro de Variedades de Paris» y era la cantante mas famosa de Francia.
– Hay que ser implacable para triunfar -aseguro Camille.
Bentley sonrio, aunque yo no estaba segura de por que. Le augure un mal final si realmente estaba enamorado de Camille.
Me volvi hacia la pista de baile y contemple a las parejas que giraban, moviendo los pies animadamente.
– ?Le gustaria bailar? -me pregunto Francois, dejando a un lado su copa.
– Si, me gustaria -conteste, tentada mas por la musica que por el tono de flirteo en su voz-, pero no se hacerlo con esta musica.
– Si sabe usted andar, entonces podra bailar el foxtrot -replico, cogiendome la mano para guiarme hacia la pista.
Apenas habia suficiente espacio en ella para que pudieramos hacernos hueco entre las otras parejas, pero de algun modo Francois logro indicarme los pasos. Era sorprendentemente facil seguir el ritmo lento-lento-rapido-rapido de aquel baile. Las partes lentas eran largas y elegantes y las partes rapidas eran cortas y animadas. Nos movimos por la pista, chocandonos a veces con algunas parejas que estaban demasiado enamoradas o demasiado achispadas como para darse cuenta. Pasamos junto a un hombre que llevaba un elegante traje y tenia unas prominentes bolsas bajo los ojos.
– Ese es el principe de Gales -me susurro Francois al oido-. Su abuelo era un gran amante de esta ciudad y sus mujeres. Se le rompio el corazon cuando tuvo que dejar su vida parisina para ser rey. Me pregunto si el principe sentira lo mismo.
La musica cambio de ritmo. La mitad de las parejas huyeron de la pista de baile y fueron sustituidas por otras que corrieron a ocupar el espacio libre.
– No puedo bailar esto -me dijo Francois-. Hay que ser muy buen bailarin.
La gente a nuestro alrededor comenzo a entrechocar los tobillos y a sacudir los brazos como si fueran pajaros al son de un ritmo sincopado. Era el tipo de baile mas lleno de energia que habia visto en mi vida y me hizo reir porque estaba cargado de
Despues de un par de numeros rapidos, los bailarines redujeron la velocidad o abandonaron la pista y la banda volvio a tocar otro foxtrot. Regrese a la mesa justo cuando el camarero llego con una bandeja de platos.
– No sabiamos que queria usted comer -comento Antoine-, asi que le hemos pedido pescado en salsa de champan.
El camarero coloco un trozo de bacalao de aspecto suculento ante mi.
– Su charleston es impresionante, mademoiselle Fleurier -me elogio Bentley-. Todo el mundo en la sala tenia la mirada fija en usted.
– Charleston…, ?de modo que asi es como se llama? -pregunte.
Francois arqueo las cejas.
– Proviene de Estados Unidos -aclaro-. ?No lo habia bailado nunca antes?
Negue con la cabeza.
– ?Doblemente impresionante! -comento Bentley, echandose a reir-. Yo todavia no le he cogido el truco y eso que he recibido clases. Tiene tanto exito aqui que es dificil conseguir trabajo de camarero si no sabes bailarlo. Tienen que saber charleston para ensenarles a los clientes si se lo piden.
Camille se inclino hacia mi.
– Hay alguien que no te ha quitado los ojos de encima en toda la noche
