momento u otro, ha sido propietario del Ambassadeurs, del Folies Bergere y ahora del Casino de Paris no puede escribir ni su propio nombre.

– Era huerfano. Nunca fue a la escuela -aclaro monsieur Etienne.

– ?Debe de ser muy inteligente! -observe yo.

Monsieur Etienne sonrio.

– Le corre la habilidad empresarial por las venas. Una vez me conto que cuando tenia siete anos solia recoger los periodicos de 1a. noche que la gente dejaba olvidados en los bancos del parque y cerca de las salidas de metro. Despues, a la manana siguiente, se colocaba en una esquina anunciando a voz en grito unos titulares inventados, pero muy llamativos. Para cuando sus desprevenidos clientes abrian los periodicos, el granujilla ya habia huido como alma que lleva el diablo.

– ?Dios mio! ?Espero que no trate de enganarme a mi tambien! - comente yo.

Monsieur Etienne asintio.

– ?Oh, claro que lo hara! -replico-. Volterra engana a todo el mundo, grande o pequeno. Es famoso por ello. Pero, por suerte, usted me tiene a mi.

Regrese muy animada al Casino de Paris aquella misma tarde. Aunque mi nombre no apareceria en los carteles de publicidad, aquello no me impedia fantasear sobre la fama y las buenas criticas. Sin embargo, mis delirios de grandeza se esfumaron en el instante en que entre en el auditorio. Madame Piege y el pianista de ensayos me estaban esperando.

– Tengo entendido que es usted humorista -me dijo madame Piege mientras se le formaban cientos de arrugas en las mejillas al sonreir-. Asi que vamos a trabajar sobre eso.

?Humorista? Un papel comico no era lo que yo me esperaba. Pensaba que habia dejado atras Marsella. Queria ser sofisticada ahora que estaba en Paris.

– Mademoiselle Casal la ha puesto por las nubes y monsieur Volterra asegura que tiene usted un sentido innato de la coordinacion.

Recorde que Camille no habia presenciado mi actuacion en Sherezade o en el Cafe des Singes. Lo unico que me habia visto hacer era la parodia de las coristas. Comprendi lo que habia sucedido: Camille habia hablado con monsieur Volterra para que me diera un papel comico por error. Probablemente, habia pensado que yo no era capaz de hacer nada serio.

– Actualmente hago actuaciones muy diferentes, madame Piege -le explique-. Ahora canto en un club nocturno.

No obstante, madame Piege no me oyo. Estaba seleccionando unas partituras y le dio una al pianista.

– Vamos a empezar con esta -indico.

El pianista toco la melodia y mi cabeza se puso en funcionamiento. Decidi que llamaria a monsieur Etienne inmediatamente despues del ensayo y le pediria que le explicara la situacion a monsieur Volterra, que a su vez podria proporcionarle nuevas instrucciones a madame Piege sobre mi coreografia. Aquello significaria desperdiciar un ensayo, pero asi respetaria los sentimientos de todo el mundo. Monsieur Etienne habia insistido firmemente en que el debia encargarse de todas las negociaciones con el Casino de Paris.

– Me gusto como bailo el charleston -me comento madame Piege, entregandome una copia de la cancion-. Es maravilloso lo rapido que logra aprender las cosas. Eso es un signo de talento.

Suspire. Tenia la sensacion de que, en otras circunstancias, habria disfrutado trabajando con madame Piege. Tomo asiento en la primera fila del patio de butacas y me fue indicando las instrucciones correspondientes mientras yo ensayaba los pasos de baile.

– Contoneese un poco mas ahi y dediquenos una gran sonrisa, ma cherie -me dijo-. Despues, continue arrastrando los pies todo el tiempo que sea necesario, como si hubiera resbalado sobre una cascara de platano. -Hice lo que me pedia-. Siga haciendo lo mismo hasta que el publico coja el chiste.

Se echo a reir entre dientes, con la diversion bailandole en los ojos. Cuanto mas feliz parecia ella, peor me sentia yo. La culpabilidad se estaba empezando a apoderar de mi, porque no tenia ninguna intencion de representar aquel numero.

Tras el charleston, madame Piege queria que me paseara contoneandome por el escenario mientras balanceaba un baston y cantaba una cancion que no era graciosa sino mas bien simpatica, lo cual me hizo odiarla aun mas.

?La! ?La! ?Bum! Aqui viene Jean

en su nuevo Voisin.

?La! ?La! ?Bum! Y pregunta: «?Que haces?».

?Que le puedo decir?

?La! ?La! ?Bum! ?Que estoy tendiendo la ropa?

– Ahora, cada vez que cante «?Bum!», golpee el extremo del baston contra el suelo y tirelo hacia arriba. El tambor le hara un redoble al mismo tiempo. Y cuando coja de nuevo el baston, el percusionista tocara los platillos -me explico madame Piege, levantandose de su asiento.

No me sentia capaz de mirarla a los ojos. Se estaba divirtiendo demasiado.

Aunque me aprendi la cancion y los pasos de baile en media hora, ensayamos el numero durante otras dos horas, suavizando algunos gestos y anadiendo mas elementos comicos. La orquesta se nos unio para que pudieramos ensayar juntos. Hice lo que pude por seguir animada durante todo el ensayo, aunque se me estaba revolviendo el estomago.

Llego un mensajero para decirle a madame Piege que las coristas necesitaban que las ayudara a arreglar un error en su coreografia. Se volvio hacia mi.

– Hemos hecho todo lo que necesitabamos con usted, mademoiselle Fleurier. Es usted perfecta. Puede actuar esta misma noche.

– ?Esta noche?-repeti, con voz ronca.

– Hmmm -musito monsieur Etienne cuando lo llame desde la oficina del teatro-, yo tambien estoy sorprendido. Pense que Camille Casal no estaba haciendo un numero comico y no esperaba que usted tuviera que hacerlo tampoco. Tenia la impresion de que simplemente iba a cantar la cancion que ella interpretaba.

– ?Quieren que actue esta misma noche!

– Hmmm -volvio a suspirar monsieur Etienne, quedandose pensativo durante un momento-. En ese caso, no tiene eleccion. Sencillamente, tendra que hacerlo. La sustituiran si les resulta problematica.

– ?Pero detesto ese numero! -proteste.

– No tiene usted un nombre lo bastante conocido como para montar un escandalo -replico monsieur Etienne-. Haga un buen trabajo y veremos que podemos conseguirle la proxima vez. Solo piense en el dinero que ganara. ?Es mas que en el Cafe des Singes, unicamente por una cancion y un bailecito!

Colgue, sabiendo que tenia razon, pero despues de pasar la audicion me habia sentido euforica. Ahora, me sentia ridicula. «Cuando sea famosa, voy a montar escandalos por todo y nadie me dira lo que tengo que hacer», me prometi a mi misma, abrochandome los botones del abrigo y poniendome el sombrero para dirigirme a casa a descansar antes del espectaculo.

El vestido para mi numero del Casino de Paris estaba cubierto de lunares y tenia volantes alrededor del cuello y del dobladillo de la falda. Las zapatillas de baile blancas lucian unos lazos sobre las correas. Madame Chardin se habria atragantado de la risa si me hubiera visto. En el camerino, que compartia con una domadora de perros y sus dos caniches, le eche un vistazo al programa. Mi numero era «de relleno», para darles tiempo a las coristas a que se pusieran un elaborado traje y a los tramoyistas a que hicieran

Вы читаете
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату