atraer la atencion de la doncella? Decidio no hacer ni lo uno ni lo otro. Se acerco a la ventana y se entretuvo mirando a la calle. Dinny volveria al cabo de poco y podria llamarla. Volvio a pensar, friamente, en la escena de poco antes. La habia encerrado con llave porque consideraba que nadie debia entrometerse antes de que el hubiera visto a su mujer. Sospechaba de todos. ?Muy natural! Una confusa sensacion de lo que significa ser considerado loco penetro en su joven mente. ?Pobre hombre! Penso en la posibilidad de salir por la ventana sin ser observada y, dandose cuenta de que era imposible, continuo.mirando hacia el extremo de la calle, esperando que apareciera alguien que pudiera servirle de ayuda. Repentinamente, sin causa alguna, un estremecimiento la sacudio de pies a cabeza. El efecto de aquel encuentro. ?Sus ojos! Debia de ser terrible ser su esposa. Abrio la ventana de par en par y se asomo.

CAPITULO XV

Viendo a Jean asomada a la ventana, Dinny y su tio se detuvieron delante de la casa.

– Estoy encerrada en la salita – dijo Jean en voz queda -r. Procurad sacarme de aqui.

Adrian acompano a su sobrina hasta el coche.

– Quedate aqui, Dinny. Ya te la mandare- No debemos demostrar que estamos preocupados.

– ?Ve con cuidado, tio! Me hace el efecto que eres Daniel entrando en…

Con una palida sonrisa, Adrian pulso el timbre. El propio Ferse abrio la puerta.

– ?Ah ?? Cherrell? Entre.

Adrian le tendio una mano, pero Ferse no la cogio.

– No puedo esperar que me de usted la bienvenida - dijo. – ? Mi querido amigo!

– No, no puedo esperar que nadie me de la bienvenida; pero tengo intencion de ver a Diana. No intente impedirlo, Cherrell. Ni usted ni nadie.

– ? No, desde luego que no! ?Le sabe mal que se vaya Jean Tasburgh? Dinny la esta aguardando fuera, en el coche. – La he encerrado con llave – repuso Ferse, sombriamente -. Aqui la tiene. Digale que se largue.

Adrian entro en la salita. Jean estaba cerca de la puerta.

– Vete con Dinny – dijo Adrian -, y llevatela. Yo lo arreglare todo. Espero que no te habra sucedido nada inconveniente, ?verdad?

– Solo el haber quedado encerrada.

– Dile a Dinny – continuo Adrian – que Hilary esta casi seguro de poderos alojar a ambas; si vais ahora sabre donde encontraras en caso de que os necesite. Tienes mucho valor, Jean

– Oh, no es nada del otro mundo – contesto esta -. ?Adios! – y corrio escaleras abajo.

Adrian oyo cerrarse la puerta de la entrada y bajo lentamente al comedor. Ferse estaba ante la ventana, mirando como las muchachas ponian en marcha el automovil. Se volvio bruscamente. El movimiento era de un hombre acostumbrado a ser espiado. Habia cambiado poco; menos flaco, menos hurano, los cabellos mas grises… eso era todo. El traje aparecia impecable, como siempre, y su continente sereno…, ?pero sus ojos!

– Si -dijo con tono de misterio-, usted no puede menos que compadecerme, pero le gustaria verme muerto. ?A quien no le gustaria? Los hombres no tendrian que perder el juicio. Pero ahora estoy cuerdo de nuevo, Cherrell. No cometa equivocaciones.

?Cuerdo? Si, parecia estarlo. Pero, ? hasta que punto?

– Todo el mundo pensaba que me habia ido para siempre. Hace tres meses, aproximadamente, empece a mejorar. En cuanto me di cuenta… lo oculte. Los que nos cuidan – hablaba con amargura concentrada – quieren estar tan seguros de que hemos recuperado la salud mental que, si les dejaran hacer a ellos, jamas volveriamos a estar cuerdos. Es en su interes, ?comprende? – Y las llamas ardientes de aquellos ojos que miraban a los de Adrian parecieron anadir: «Y en el de usted y en el de Diana» -. De modo que lo oculte. Durante tres meses tuve la fuerza de voluntad de conservar mi secreto. Ta solo esta ultima semana les he demostrado ser responsable de mis actos. Pasara mas de una semana antes de que escriban a casa. No queria que escribiesen. Deseaba venir aqui en seguida y de3arme ver tal como soy. No queria que avisaran ni a Diana ni a nadie. Me interesaba estar seguro de mi mismo. Y lo estoy. «?Terrible!», penso Adrian para si.

Los ojos de Ferse parecian quemar.

– Usted, Cherrell, estaba enamorado de mi mujer y probablemente aun sigue estandolo. ?Que dice?

– Somos lo que eramos – contesto Adrian -: amigos. – Diria usted lo mismo, aunque fuese de otro modo.

– Quiza. Pero no hay mas que decir, salvo que me veo obligado a pensar en ella ante todo, como siempre lo he hecho.

– Entonces, ?por eso esta usted aqui?

– ?Dios me valga, hombre! ?No se ha dado cuenta del choque que significara esto para ella? ?Es que no recuerda la vida que le dio usted antes de entrar «alli»? ?Cree usted que elle lo ha olvidado? ?No seria mejor para Diana y para usted mismo si viniesen, digamos, a mi despacho del museo y se encontraran alli por primera vez?

– No. Quiero verla aqui, en mi propia casa.

– Aqui fue donde vivio en el infierno, Ferse habra tenido razon ocultando su secreto a los medicos. Pero no tiene derecho a echarle a ella a la cara su curacion; y menos de este modo.

Ferse hizo un gesto violento. – Usted quiere alejarla de mi. Adrian bajo la cabeza.

- Es posible – dijo amablemente -. Pero escuche, Ferse. Le creo a usted capaz de juzgar la situacion tan bien como yo. Pongase en su lugar. Suponga que entre, tal como puede hacerlo de un momento a otro, que le vea a usted sin que la hayan advertido, sin saber nada de su curacion, necesitando tiempo para creer en ello y conservando de usted el recuerdo de como estaba entonces. ?Que probabilidades se esta usted dando a si mismo?

Ferse emitio un gemido.

– ?Que posibilidades se me presentaran si no aprovecho esta? ?Cree usted que tengo confianza en alguien? ?Pruebelo usted, pruebelo durante cuatro anos y ya vera! -Sus ojos vagaron rapidamente por la habitacion -. Pruebe a ser vigilado, tratado como un nino peligroso. Durante los ultimos tres meses, estando ya perfectamente cuerdo, he estudiado la cara a que me hallaba sometido. Si mi mujer no puede aceptarme tal como estoy, libre y sano de mente, ?quien querra y podra hacerlo?

Adrian se le acerco.

– ?Calma! -dijo-. Aqui es donde usted se equivoca_ Tenga presente que Diana convivio con usted en su epoca peor. Resultara mas dificil para ella que para cualquier otra persona.

Ferse se cubrio la cara.

Adrian espero, palido de ansiedad, pero cuando Ferse se' las manos del rostro, no tuvo fuerzas para mirarlo desvio los ojos.

– ?Hablar de soledad! -se lamento Ferse -. Pierda la razon, Cherrell, y sabra lo que significa estar solo para toda la vida.

Adrian le poso una mano sobre un hombro.

– Escuche, mi querido amigo: tengo una habitacion sobrante. Vengase a vivir conmigo hasta que todo se arregle. Una sospecha repentina contrajo en una mueca el rostro de Ferse; una mirada intensa y escrutadora aparecio en sus ajos. Se dulcifico como si estuviera conmovido por el agradecimiento, se amargo y se dulcifico de nuevo.

– Cherrell, usted siempre ha sido un hombre intachable, pero no, gracias… no podria. Debo quedame aqui… Los zorros tienen su guarida; yo tengo esta.

Adrian suspiro.

– Bueno, en tal caso tenemos que esperar hasta que llegue Diana. ?Ha visto usted a los ninos?

– No ?Se acuerdan de mi? – No lo creo.

– ?Saben que estoy vivo?

– Si, saben que esta usted enfermo, lejos de aqui. – ?No…? – Ferse se toco la frente.

– No. ?Quiere que vayamos a verles?

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