cederme un centenar de libras al ano. ?De cuanto puedes disponer tu?
– Yo tengo trescientas libras al ano, ademas de medio sueldo, que pueden retirarme en cualquier momento.
– Lo que significa cuatrocientas libras al ano seguras. Otras personas se han casado con mucho menos y esto es solamente por el momento. Desde luego, nos podemos casar. ?Donde?
Hubert se quedo sin aliento.
– Cuando estallo la guerra – anadio Jean =- la gente se casaba en seguida. No esperaban, porque al hombre le podian matar. Besame otra vez.
Hubert se quedo mas aturdido que nunca, con los brazos de la joven alrededor de su cuello. Asi los encontro Dinny. Sin mover los brazos, Jean anuncio
– Vamos a casamos, Dinny. ?Donde crees que seria mejor?
Dinny se quedo boquiabierta.
– No creia que le harias la propuesta tan pronto, Jean.
– Me he visto obligada. Hubert esta saturado de caballerosidad anticuada. ?Por que no nos hacemos conceder un permiso especial?
Apoyandole las manos en los hombros, Hubert la mantuvo alejada de si.
– ?Hablas en serio, Jean?
– Naturalmente. Con un permiso especial nadie necesita saber nada hasta que todo esta hecho.
– Bien – dijo Dinny tranquilamente -. Creo que tienes razon. Cuando algo ha de suceder, es mejor que suceda en seguida. Me figuro que tio Hilary estara dispuesto a casaron. Hubert dejo caer los brazos.
– Estais chifladas las dos – opino.
– ?Que amable! -exclamo Jean -. Los hombres son absurdos. Quieren una cosa y cuando se la ofrecen se ponen a hacer, remilgos como unas viejecitas. ?Quien es tio Hilary?
– El vicario de St. Agustine's-in-the-Meada. Puede decirse que carece del sentido de las conveniencias. - ?Esplendido! Iras a verle manana, Hubert, y te alojaras en tu club. Nosotras iremos mas tarde. ?Donde podremos alojarnos, Dinny?
– Creo que Diana nos ofrecera su casa.
– Eso lo arregla todo. Tendremos que pasar por Lippinghall, porque he de coger alguna ropa y ver a papa. Puedo cortarle el pelo mientras hablo con el; no habra dificultad alguna. Tambien Alan puede venir con nosotros; necesitaremos un testigo. Dinny, habla tu con Hubert.
Se marcho y, al quedarse a solas con su hermano, Dinny dijo:
– Es una muchacha maravillosa, Hubert, y dista mucho de estar chiflada de veras. Es una mujer que quita el aliento, pero esta llena de sentido comun. Siempre ha sido pobre, de modo que, en este aspecto, no habra para ella ninguna diferencia.
– No se trata de eso. Es la sensacion de algo que esta suspendido sobre mi cabeza y que lo estara tambien sobre la suya
– Lo estaria de un modo mucho mas terrible si no os casarais. Yo lo haria. Papa no pondra inconvenientes. Jean le agrada, y preferira que te cases con una joven, bien educada e inteligente que no con cualquier saco de dinero.
– No me parece honrada… tanta precipitacion – musito Hubert.
– Es romantica; ademas, la gente no tendra ocasion para discutir si debiais hacerlo o no. Cuando les presenteis el hecho consumado lo aceptaran, como hacen siempre.
– ?Y mama?
– Yo se lo dire, si quieres. Estoy segura de que tampoco ella pondra inconvenientes. No actuas segun la moda, casandote con una corista o algo parecido. Ella admira a Jean. Y lo mismo le pasa a tia Em y a tio Lawrence.
El rostro de Hubert se aclaro.
– Lo hare. Es demasiado maravilloso. Despues de todo, no hay nada de que tenga que avergonzarme.
Se acerco a- Dinny, la beso casi con violencia y salio corriendo.
Dinny se quedo en la sala de billar haciendo unas carambolas. Bajo su continente natural ocultabase una extremada agitacion. ?El abrazo que habia sorprendido era tan apasionado! ?La muchacha era una mezcla tan extrana de sentimiento y disciplina, de lava y acero, tan imperiosa y, sin embargo, tan agradablemente joven! Podia ser un riesgo, pero Hubert, gracias a esto, era ya un hombre diferente. No obstante, se daba completa cuenta de que todo carecia de logica, puesto que para ella no seria posible un abandono tan sensacional. El don de su corazon no seria tan precipitado. Su vieja ninera escocesa solia decir: «La senorita Dinny sabe siempre sobre cuantas patas se cae el gato.» Ella se sentia orgullosa del «cierto sentido del humor, no carente de ingenio, que previene y, en cierto modo, esteriliza a todo el resto». En realidad, le envidiaba a Jean su brillante firmeza, a Alan su confianza en si mismo y a Hallorsen su fuerte espiritu aventurero. Pero ella tenia otras cualidades que compensaban la falta de estas. Con los labios entreabiertos en una sonrisa, fue a buscar a su madre.
Lady Cherrell estaba en su salita particular contigua al dormitorio confeccionando unas bolsitas de muselina para llenarlas con hojas de la olorosa albahaca que crecia junto a la casa.
– Mama – dijo Dinny -, preparate a sufrir una pequena conmocion. ?Recuerdas que te dije deseaba poder hallar la muchacha perfecta para Hubert? Pues bien, ya la- hemos encontrado: Jean acaba de hacerle tina proposicion matrimonial. – ?Dinny!
– Se casaran lo mas pronto posible, con un permiso especial.
– Pero…
– Exactamente asi, mama. De modo que manana nos vamos a Londres. Jean y yo nos _alojaremos en casa de Diana hasta que todo este concluido. Hubert hablara con papa. Pero, Dinny, en realidad…
Dinny atraveso la barrera de muselina, se arrodillo y rodeo con los brazos a su madre,
– Tengo tus mismas sensaciones – dijo -, solo que son algo diferentes por el hecho de no haber sido yo quien le diera la vida. Pero, mamaita querida, todo marcha bien. Jean es una criatura maravillosa y Hubert esta loco por ella. Enamorarse le ha hecho mucho bien; ella le dara animos para seguir 4delante.
– Pero, Dinny… ?y el dinero?
– No esperan nada de papa. Poseeran lo justo para ir tirando.
– Es una sorpresa terrible. ?Por que tanta precipitacion? – Intuicion – y estrechando el talle esbelto de su madre, anadio -: Jean la tiene. La situacion de Hubert «es» muy delicada, mama.
– Si; estoy muy alarmada y se que tambien tu padre lo esta, a pesar de que no lo haya dicho.
Esto era todo cuanto podian decir para manifestar su inquietud. Luego se pusieron a discutir la cuestion de la vivienda para la audaz pareja.
– Pero, ?por que no viven aqui hasta que todo se arregle? – pregunto lady Cherrell.
– Encontraran la cosa mas interesante si tienen que cuidarse por si solos de sus asuntos domesticos. Lo principal es que la mente de Hubert este ocupada en estos momentos.
Lady Cherrell suspiro. La correspondencia, la horticultura, la administracion de la casa y el presidir los comites de la villa no eran cosas muy excitantes. Condaford habria sido aun menos interesante si, como la gente joven, uno no hubiese tenido ninguna de esas distracciones.
– La vida aqui es muy tranquila – admitio.
– Y demosle gracias a Dios por ello – murmuro Dinny -. Pero estoy segura de que ahora Hubert necesita una vida muy activa; en Londres la tendra. Podran alquilar un departamento en una casa para trabajadores. No puede ser por mucho tiempo, ya lo sabes. Por lo tanto, mama, esta noche haras ver que no sabes nada y todos sabremos que lo sabes. Sera una cosa muy tranquilizadora para todo- el mundo. – Despues de haber besado el rostro de su madre, que sonreia con tristeza, se marcho.
A la manana siguiente los conspiradores se levantaron temprano. Hubert con el aspecto de alguien «que va a cazar pinzones», como lo definio Jean; Dinny, resueltamente caprichosa. Alan tenia el aire de desenfado propio de un testigo en embrion; solamente Jean aparecia impasible. Partieron en el coche color avellana de los Tasburgh; dejaron a Hubert en la estacion y luego siguieron hacia Lippinghall. Jean conducia. Los otros dos iban sentados atras.
– Dinny – dijo el joven Tasburgh, ?no podriamos lograr que nos concedieran tambien a «nosotros» un permiso especial?
