– Dinny, he cambiado de idea. No publicare el Diario. Mostrar mis propias llagas es algo que me repugna demasiado. Dandole las gracias al cielo por no haber dado todavia ningun paso, ella contesto con dulzura
– Perfectamente, querido.
– Lo he pensado bien. Si no me dan una ocupacion aqui, podria incorporarme a un regimiento del Sudan y, si no, creo que tambien faltan hombres para la Policia India. Me alegrare mucho de volver a marcharme del pais. ?Quien hay aqui?
– Unicamente tio Lawrence, tia Em y tia Wilmet. El rector y su familia vendran a almorzar. Los Tasburgh son unos primos lejanos.
– ?Oh! -exclamo Hubert, sobriamente.
Ella observo la llegada de los Tasburgh casi con malicia. Hubert y el joven Tasburgh descubrieron inmediatamente que ambos habian prestado servicio en Mesopotamia y en el Golfo de Persia. Hablaban de eso cuando Hubert se dio cuenta de la presencia de Jean. Dinny vio que le dirigia una larga mirada investigadora y desinteresada, como un hombre que estuviera mirando a una nueva especie de pajaro; le vio apartar la vista, charlar y reir y luego contemplarla de nuevo.
La voz de su tia dijo – Hubert esta flaco.
El rector tendio las manos abiertas, como para llamar la atencion sobre su actual corpulencia elegante.
– Mi querida lady, yo a su edad estaba aun mucho mas flaco.
– Yo tambien era delgada como tu, Dinny – dijo lady Mont.
– ?Nuestra propiedad ha aumentado de valor, ja, ja! Fijese en jean. Ahora es esbelta, pero dentro de cuarenta anos…, aunque quiza los jovenes de hoy dia no engordaran. Hacen todo lo posible para adelgazar, ja, ja
Durante el almuerzo el rector estuvo sentado frente a sir Lawrence, con las dos senoras mayores a ambos lados. Alan estaba frente a Hubert y Dinny frente a Jean.
– Gracias sean dadas al Senor por los alimentos que vamos a comer.
– Es muy extrana esa accion de gracias – murmuro el joven Tasburgh al oido de Dinny -. Bendicion sobre el asesinato, ?verdad?
– Tendremos liebre – contesto Dinny -. Yo vi como la mataban. Lloraba.
– Cuando como liebre me hace el efecto de estar comiendo perro.
Dinny lo miro con agradecimiento.
– ?Quiere usted venir con su hermana a visitarnos en Condaford?
– ?Deme usted una oportunidad! – ?Cuando volvera a embarcarse? – Tengo un mes de permiso.
– Supongo que sera usted amante de su profesion, ?no es asi?
– Si – respondio sencillamente -. La tenemos en la sangre. Siempre ha habido un marino en la familia.
– Y en la nuestra siempre ha habido un soldado.
– Su hermano es pasmosamente ardiente. Estoy muy contento de haberle conocido.
– No, Blore -1e dijo Dinny al criado- Perdiz fria, por favor. Tambien el senor Tasburgh comera algo frio.
Una vez vi una liebre que se lavaba las orejas – dijo
Dinny.
– Cuando la veo a usted asi -repuso el joven Tasbourgh – yo, sencillamente…
– Asi, ?como?
– Como semejando no estar aqui, ya me comprende. – Gracias.
– Dinny – pregunto sir Lawrence -. ?Quien dijo que el mundo es una ostra? Yo digo que es una almeja. ?Que opinion tienes tu?
– No he visto nunca ninguna almeja, tio Lawrence.
– Eres afortunada. Esa parodia del respetable molusco bivalvo es la unica prueba tangible del idealismo americano. Lo han colocado sobre un pedestal e incluso llegan a comerlo. Cuando los americanos renuncien a las almejas eso significara que se habran vuelto realistas y perteneceran a la Liga de Naciones. Y nosotros ya estaremos muertos.
Pero Dinny estaba estudiando el rostro de Hubert. La mirada pensativa habia desaparecido; ahora sus ojos parecian estar pegados a los profundos y fascinadores ojos de Jean. Emitio un suspiro.
– Completamente cierto – anadio sir Lawrence -. Sera una pena no poder vivir para ver a los americanos abandonar a las almejas y unirse a la Liga de Naciones. Porque, despues de todo – continuo, guinando el ojo derecho – ha sido fundada por un americano y quizas es la unica cosa sensata de nuestros tiempos. Queda, no obstante, el movimiento de antipatia creado por otro americano, llamado Monroe, que murio en 1831; las personas como «Snubby» jamas pueden hablar de ello sin mofarse.
?Conoces estos versos de Elroy Flecker?
– S f – contesto Dinny, sobresaltandose -. Estan en el Diario de Hubert. Se los lei a lord Saxenden y fue justamente en ese momento cuando se quedo dormido.
– Desde luego. Pero no te olvides, Dinny, que «Snubby» es un hombre extraordinariamente habil y que conoce perfectamente su mundo. Quizas es un mundo en el que no te quisieras encontrar ni muerta, pero es tambien el mundo en el que diez millones de jovenes, mas o menos, hallaron recientemente la muerte. No se – concluyo sir Lawrence, pensativo – cuando comi tan bien en mi casa como durante estos ultimos dias. A tu tia debe pasarle algo.
Cuando luego estaba organizando un partido de «croquet» entre ella y Alan Tasburgh contra el padre de el y tia Wilmet, Dinny observo la partida de Jean y de Hubert hacia los monticulos rocosos. Se extendian desde el jardin nivelado hasta un antiguo vergel, detras del cual se levantaban las laderas cubiertas de hierba.
«No se pararan a mirar las portulacas», penso. Efectivamente, ya habian jugado dos partidos cuando los vio regresar por otra direccion, sumidos en la conversacion. 'Esta – dijo para si, golpeando con toda su fuerza la pelota del rector – es la cosa mas rapida que he visto en mi vida.» – ?Dios me ampare! – murmuro el pastor, vencido.
Y tia Wilmet, erguida como un granadero, grito muy fuerte
– ?Maldita sea, Dinny, eres imposible!…
Mas tarde, sentada al lado de su hermano en el coche descapotable, permanecio silenciosa, resignandose, por decirlo asi, a ocupar un segundo termino. A pesar de que hubiese sucedido cuanto esperaba, se sentia deprimida. Habia ocupado el primer lugar en el pensamiento de Hubert hasta ese momento. Mirando la sonrisa que vagaba por sus labios, necesitaba de toda su filosofia.
– Bien, ?que te han parecido nuestros primos?
– El es un buen muchacho. He tenido la impresion de que esta enamorado de ti.
– Cualquier momento. – ?La semana proxima? – Si.
Viendo que el no queria ser mas explicito, se sumergio en la contemplacion de la belleza de la luz del dia que moria lentamente. La altiplanicie Wantage y la carretera de Faringdon eran un encanto bajo los rayos del sol poniente; Whittenham Clumps parecia oponerse a la subida, como una barrera. Virando hacia la derecha llegaron al puente y, cuando estuvieron en el centro, ella le toco un brazo.
En ese trecho, abajo, fue donde vimos los lamprides. ?Te acuerdas, Hubert?
Se detuvieron y miraron el rio tranquilo, desierto y casi
– Hace tres mil anos – dijo Hubert repentinamente -, este viejo rio era como los que he visto en los paises
