persona de alto rango; sin embargo, no hay nadie que no posea belleza y un aspecto distinguido. Pero cuando se trata de una generacion derivada de personas geniales o que poseen las cualidades excepcionales que hacen sobresalir a los hombres, sospecho que se produce mas bien una desviacion que no una simetria. Las familias de origen y tradicion militar o naval son las que tienen, quiza, las mejores posibilidades: buen fisico y no mucho cerebro; pero las Ciencias, el Derecho y el Comercio producen efectos deletereos. ?No! Donde creo que las familias «antiguas» puedan tener una ventaja es en el sentido mas definido de orientacion que pueden dar a sus hijos durante su educacion, en la tradicion establecida, en el objetivo establecido y puede que tambien en mejores oportunidades en el mercado matrimonial; y, en la mayor parte de los casos, en una vida transcurrida en el campo, en un ferviente deseo de seguir el propio camino y en una mayor experiencia en emprenderlo. Lo que en los seres humanos suele llamarse «raza» es mas un atributo de la mente que del cuerpo. Lo que uno piensa y siente es debido a la tradicion, al habito, a la educacion. Pero te estoy aburriendo, querida.
– No, no, tio; todo esto me interesa mucho. ?Entonces tu crees mas en la herencia de una actitud determinada frente a la vida, que en la de la sangre?
– Si, pero las dos cosas estan muy mezcladas.
– ?Crees que la «antiguedad» va desapareciendo, y que pronto ya no se transmitira nada?
– ?Quien sabe! Las tradiciones son extraordinariamente persistentes y en este pais existe un gran mecanismo para conservarlas vivas. Hay gran cantidad de trabajo administrativo que ejecutar, ?comprendes?, y la gente mas apropiada para esta clase de trabajo es la que, de joven. Ha tenido mas experiencia al emprender su propio camino, ha aprendido a no hablar de si misma y a hacer las cosas porque es su deber. Es la que administra todos los Servicios Publicos, por ejemplo, y la que seguramente continuara administrandolos. Pero hoy en dia uno tiene que fatigarse hasta el agotamiento para justificar sus propios privilegios.
– Muchos – dijo Dinny – parecen agotarse antes y fatigarse despues. Bueno, ya volvemos a estar ante la casa de Fleur. ?Vente, tio! Si Diana necesitara algo, estarias mas facilmente a su disposicion.
– Muy bien, querida, y que Dios te bendiga. Me has hecho hablar de un tema en el que pienso bastante a menudo. ?Serpiente!
CAPITULO XVIII
Usando el telefono con tenacidad, Jean habia logrado descubrir a Hubert en el Coffee House y tener noticias suyas. Se cruzo con Dinny y Adrian cuando estos entraban.
– ?Adonde vas?
– No tardare mucho en regresar – contesto, y dio la vuelta a la esquina.
Dado que no conocia bien Londres, llamo al primer taxi que vio. Cuando hubo llegado a Eaton Square, ante una mansion grande y de aspecto triste, despidio el taxi y oprimio el timbre.
– ?Esta en Londres lord Saxenden? – Si, milady, pero no se halla en casa. – ?Cuando volvera?
– Su Senoria estara de regreso a la hora de cenar, pero… – Entonces aguardare.
– Perdoneme… milady…
– Nada de milady – replico Jean, tendiendo un tarjeta ~' de visita – Pero me recibira lo mismo.
El hombre lucho un momento consigo mismo y por fin dijo.
– ?Quiere pasar aqui, mi… senorita?
Jean entro. La salita estaba desnuda, excepto algunas sillas que databan del periodo del Imperio, un candelabro y dos consolas con repisas de marmol.
– Haga el favor de entregarle mi tarjeta en cuanto llegue. El hombre parecio recobrarse.
– Su Senoria tendra mucha prisa, senorita.
– No mas que yo. No se preocupe por eso – respondio, tomando asiento en una silla dorada.
El hombre se retiro. Con los ojos fijos ora sobre la plaza que se iba oscureciendo, ora sobre el reloj de marmol dorado, permanecio sentada, esbelta, elegante, llena de vigor, entrela zando los largos dedos de sus manos finisimas, de las cuales se habia quitado los guantes. El hombre volvio a entrar y corrio las cortinas.
– ?No desea dejar algun recado, senorita, o bien escribir un billete?
– No, gracias.
El hombre se quedo alli un momento, como preguntandose si llevaba armas.
– . ?La senorita «Tasburg»? -pregunto.
– «Tasborough» – contesto Jean -. Lord Saxenden me conoce.
– Perfectamente, senorita -dijo el hombre, y volvio a salir con cierta precipitacion.
Las agujas del reloj indicaban casi las siete cuando Jean oyo un rumor de voces procedentes de la entrada. Un momento mas tarde la puerta se abrio y entro lord Saxenden con su tarjeta de visita en la mano: en la expresion de su rostro, pasado, presente y futuro parecian ponerse de acuerdo.
– Encantado – dijo -, realmente encantado.
Jean levanto la mirada, y mientras le tendia la mano se le ocurrio pensar: «?Bacalao en remojo!»
– Ha sido usted extraordinariamente amable atendiendome.
– Nada de eso.
– Queria anunciarle mi compromiso con Hubert Cherrell. Sin duda recordara usted a su hermana, la sobrina de lady Mont. ?Ha oido usted hablar de una absurda demanda de ex tradicion? Es una cosa increiblemente estupida. Fue un puro caso de autodefensa: tiene una herida de lo mas terrible y podria ensenarsela a usted en cualquier momento.
Lord Saxenden musito algo imperceptible. Sus ojos habianse vuelto frios.
– De modo que, ?comprende? Queria rogarle a usted que hiciese, retirar esa demanda. Se que es usted una persona que goza de autoridad.
– ?De autoridad? Ni poco ni mucho. Absolutamente nada. Jean sonrio.
– ?Claro que es usted una persona de prestigio! Todo el mundo lo sabe. ?Esto me toca tan de cerca!
– Pero, usted no estaba comprometida la otra noche, ?verdad?
– No.
– ?Que repentino!
– ?No son repentinos todos los noviazgos?
Quiza no se daba cuenta del golpe que con esa noticia daba a un hombre que pasa de los cincuenta y que habia entrado en la habitacion con la vaga esperanza de haber causado sensacion sobre su juventud. Sin embargo, logro comprender que habia desilusionado la buena opinion que se formara de ella, mientras el habia desilusionado las esperanzas que ella fundara sobre su persona. Ahora le dirigia una mirada aguda y cortes. «Mas refractario de lo que me suponia», penso Jean, y cambiando de tono, dijo friamente
– Despues de todo, el capitan Cherrell es un D. S. O. Un ingles no deja en apuros a otro ingles, ?no es asi? Sobre todo si han ido a la misma escuela.
Esta observacion de notable astucia, hecha en ese momento de desilusion, impresiono al que habia sido «Snubby Bantham». – ?Oh! – dijo -. ?Tambien el estuvo alli?
– Si; y usted bien sabe que vida hizo durante aquella expedicion. Dinny le leyo a usted parte de su Diario.
Se oscurecio el color del rostro de lord Saxenden y, con repentina exasperacion, replico
– Ustedes, senoritas, creen que no tengo mas que hacer que meterme en los asuntos que no me atanen. La extradicion es cosa legal.
Jean lo miro con los parpados entornados. El infeliz par hizo un movimiento como para protegerse la cabeza.
. ?Que puedo hacer? – pregunto bruscamente-. No me escucharian.
Los ojos de lord Saxenden brillaron.
– Dice que tiene una cicatriz. ?Donde?
Jean se arremango la manga del brazo izquierdo.
– De aqui hasta aqui. Disparo cuando el hombre se le estaba echando- encima por segunda vez.
– ?Jem!
