dejare a usted. Espero que nos volvamos a ver.

Le tendio la mano. La muchacha la cogio y dijo con simplicidad

– He gozado con nuestra conversacion. – Yo tambien. ?Buena suerte!

Dejandola en el vestibulo, Dinny continuo hacia Oakley Street, con la sensacion de quien no ha logrado alcanzar el punto deseado. Se habia acercado a lo inexplorado y habia retrocedido. Sus pensamientos y sus sentimientos se asemejaban al piar de los pajaros primaverales que todavia no han dado forma a su canto. La muchacha habia despertado en ella un extrano deseo de enfrentarse con la vida, sin darle la menor idea del modo de hacerlo. Resultaria un alivio incluso el enamorarse.

Que hermoso era saber lo que se queria, como habian parecido saberlo en seguida Jean y Hubert, como habian dicho saberlo Alan y Hallorsen! La vida parecia mas un juego de sombras que una realidad. Muy descontenta de si misma, apoyo los codos sobre el parapeto del rio, contemplando la marejada que surta. ?Era religiosa? En cierto sentido, si. Pero, ?en que sentido? Le vino a la memoria un parrafo del Diario de Hubert: «Quien cree que ira al Cielo, tiene una ventaja sobre un hombre como yo. Siempre tiene delante su futura recompensa.» ?Era la religion la creencia en una compensacion? De ser asi, parecia una cosa vulgar. Fe en la bondad, por amor a la bondad, porque la bondad es hermosa, ?como una flor perfecta, una noche estrellada, una bella melodia! Tio Hilary cumplia bien un trabajo dificil por el afan de hacerlo bien. ?Era religioso? Tenia que preguntarselo.

– ?Dinny! – la llamo alguien de pronto.

Se volvio con sobresalto y vio a Alan Tasburgh con el rostro iluminado por una sonrisa.

– He ido a Oakley Street a preguntar por usted y por mi hermana. Me han dicho que estaban en casa de los Mont. Me dirigia alli y aqui la encuentro. ?Que suerte tan extraordinaria la mia ?

– Me estaba preguntando – dijo Dinny – si soy o no religiosa.

– ?Que extrano! Yo tambien.

– ?Quiere usted decir si lo soy yo o bien si lo es usted? – Si he de decir la verdad, pienso en nosotros como en una sola persona.

– ?De veras? Pues bien, ?somos religiosos? – En caso de necesidad.

– .Ha oido usted las noticias de Oakley Street? - No.

– Ha vuelto el capitan Ferse. – ?Dios me valga ?

– Eso dicen todos. ?Ha visto usted a Diana?

– No; solo a la doncella. Por cierto que parecia algo trastornada. ?Aun esta chiflado el pobre diablo?

– No, pero para Diana es una cosa terrible. – Deberia marcharse de alli.

– Voy a quedarme con ella – dijo Dinny, de repente -. Si ella lo desea, claro.

– No me gusta la idea.

– Puede que no, pero de todos modos ire.

– ?Por que? Usted no la conoce mucho.

– Estoy harta de ser inutil.

El joven Tasburgh la miro, maravillado. – No la comprendo.

– Usted no sabe nada de la vida de las mujeres que se sien-, ten protegidas. Quiero empezar a ganarme el pan.

– Entonces, casese conmigo.

– En realidad, Alan, jamas me he encontrado con una persona que tuviese tan pocas ideas.

– Mejor pocas y buenas que muchas y malas. Dinny volvio a ponerse en marcha.

– Ahora voy a Oakley Street.

Continuaron en silencio, hasta que el joven Tasburgh dijo – ?Que la esta amargando a usted, queridisima mia?

– Mi caracter. Parece que no sea capaz de ser lo suficientemente activa.

– Yo podria serlo perfectamente por usted. – Hablo en serio, Alan.

– Muy bien. Hasta que hable en serio no se casara conmigo. Pero, ?por que quiere estar amargada?

– Me parece tener un ataque de Longfellow: «La vida es real, la vida es seria» – contesto Dinny, encogiendose de hombros -. Supongo que no puede usted darse cuenta de que no es muy importante ser la hija de una familia que vive en el campo.

– No le dire lo que estaba a punto de decir. – ?Oh, si, digalo!

– Es facil curarse de eso. Vuelvase madre de familia, en la ciudad.

– Esa observacion hubiera hecho sonrojarse a una muchacha de otro tiempo – dijo Dinny, con un suspiro -. No quiero convertirlo todo en un juego, pero parece que lo hago asi. Tasburgh deslizo una mano debajo de su brazo.

– Si pudiera convertir en un juego el ser la esposa de un marino, lo haria inmediatamente.

Dinny sonrio.

– No quiero casarme con nadie hasta que me duela el no hacerlo. Me conozco lo suficiente para poder decir esto.

– Esta bien, Dinny; no la molestare.

Siguieron andando en silencio. En la esquina de Oakley Street ella se detuvo.

– Dejeme aqui, Alan.

– Esta noche me llegare a casa de los Mont para saber noticias de usted. Y si necesita que se haga cualquier cosa (recuerde, cualquier cosa) a proposito del capitan Ferse, no tiene mas que telefonearme a mi club. Aqui tiene el numero.

Lo escribio en una tarjeta de visita. Y se la dio. – ?Ira manana a la boda de Jean?

– ?Claro que si! Soy el testigo principal. Unicamente, quisiera…

– ?Adios! -dijo Dinny.

CAPITULO XXI

Se habia separado del joven con palabras alegres, pero, mientras aguardaba ante la puerta de la entrada, sus nervios estaban tensos como cuerdas de violin. Puesto que jamas estuvo en contacto con enfermedades mentales, la idea la asustaba afin mas.

La doncella la introdujo en la casa. La senora Ferse estaba con el capitan Ferse; ?querria la senorita Cherrell esperar en la salita? Dinny aguardo un rato en la misma habitacion en la que Jean fuera encerrada. Sheila entro y le dijo

– ?Hola! ?Estas esperando a mama? – Y se volvio a marchar.

Cuando aparecio Diana, su. rostro tenia la expresion de quien intenta darse cuenta de sus propios sentimientos.

– Perdona. Estaba examinando unos documentos. Hago lo imposible para tratarle como si nada hubiera sucedido. Pero esto no puede durar, Dinny; no puede durar. Presiento que no puede durar.

– Dejame que venga a vivir con vosotros. Puedes decir que ya lo habiamos concertado antes.

– Pero, Dinny, puede que te encontraras molesta. El teme salir o encontrarse con gente. Sin embargo, no quiere ir a otra parte. donde no se sepa nada. Tampoco desea ver al medico ni escuchar a nadie.

– Me vera a mi y eso le acostumbrara. Supongo que esta situacion solo se dara los primeros dias. ? Puedo ir a buscar mis cosas?

– Si quieres ser un angel, si.

– Se lo hare saber a tio Adrian antes de regresar aqui. Esta manana ha ido a la clinica mental.

Diana se dirigio a la ventana y alli se quedo un rato, dandole la espalda a Dinny. Luego se volvio repentinamente.

– Me he decidido, Dinny. No quiero faltarle en ningun aspecto. Si hay algo que yo pueda hacer para serle util, lo hare. -?Bendita seas! – exclamo Dinny -. Yo te ayudare.: Sin querer escuchar nada mas, salio de la habitacion y bajo las escaleras. Ya fuera de la casa, mientras pasaba bajo las ventanas del comedor, tuvo de nuevo la sensacion de que la estaban mirando dos ojos brillantes y abrasadores. Hasta South Square se cernio sobre ella

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