un sentimiento de tragica injusticia. Durante el almuerzo, Fleur dijo

– Es inutil que te preocupes hasta que suceda algo, Dinny: Es una suerte que Adrian sea tan angelical. Pero este es un magnifico ejemplo de la impotencia de la ley. Aunque Diana hubiese podido separarse, no hubiera impedido que Ferse volviera a ella y que ella sintiera hacia el lo que en realidad siente. La Ley no puede tocar el lado humano de…las cosas. ?Esta Diana enamorada de Adrian?

– No lo creo.

– ?Estas segura?

– No, no lo estoy. Encuentro ya bastante dificil saber lo que sucede dentro de mi.

– Lo cual me recuerda que tu americano te ha telefoneado. Quiere venir.

– Bueno, que venga. Pero yo estare en Oakley Street. Fleur le lanzo una mirada astuta.

– En tal caso, ?he de apostar por el marino? – No. Apuesta por vieja solterona.

– ?Vaya cosas dices!

– No se lo que gana una casandose Fleur respondio con una dura sonrisa.

– No podemos quedarnos parados, ?sabes, Dinny? Por lo menos, no nos quedamos parados: Es demasiado aburrido.

– Tu eres moderna, Fleur, en tanto que yo pertenezco a la Edad Media.

– Es cierto que tienes en el rostro algo de los primitivos italianos. Pero estos no escapaban del matrimonio. No alimentes esperanzas lisonjeras. Mas tarde o mas temprano, estaras cansada de ti misma, ?y entonces…!

Dinny la miro, sorprendida por esa llama de discernimiento en su desilusionada prima.

– ?Que has ganado tu, Fleur?

– Por lo menos, soy una mujer completa _ contesto Fleur, secamente.

– ?Te refieres a los ninos?

– Dicen que son posibles sin matrimonios, pero improbables. Para ti, Dinny, serian imposibles. Estas bajo la influencia del espiritu de los antepasados; las familias verdaderamente antiguas tienen una tendencia hereditaria hacia la legitimidad. Sin ella, ?comprendes?, no pueden ser realmente antiguas. Dinny fruncio el entrecejo.

– Jamas lo he pensado, pero, desde luego, me repugnaria mucho tener un hijo ilegitimo. A proposito, ?le has dado una recomendacion a esa muchacha?

– SI; no veo razon alguna para que no haga de maniqui. Es bastante esbelta. No le doy mas de un ano de vida laboral en lo que se refiere a su figura de efebo. Despues, creeme, las faldas se alargaran y volveremos a las curvas.

– Algo degradante, ?no es cierto? – ?El que?

– Cambiar completamente de figura, de cabellos y de todo lo demas.

– Es beneficioso para el comercio. Nos abandonamos en manos de los hombres, para poderlos tener en las nuestras. La filosofia del vampiro.

– La vida de maniqui no le ofrecera a esa muchacha muchas oportunidades para continuar por el buen camino, ?verdad?

– Yo diria que mayores. Podria incluso casarse. Pero una cosa a la que siempre me niego es a ocuparme de la moralidad de los demas. Supongo que en Condaford conservareis las apariencias, puesto que estais alli desde los tiempos de la Conquista.

A proposito, ?ha tomado ya tu. padre sus precauciones contra los impuestos de sucesion?

– No es viejo, Fleur.

– No, pero la gente muere, aunque no sea vieja. ?Posee algo ademas de las tierras?

– unicamente su pension. – ?No hay mucha madera?

– Detesto la idea de talar los arboles. No puedo soportar que doscientos anos de formacion y de energia se pierdan en una hora. Es repugnante.

– Por lo general, querida, no hay otra solucion, salvo la de venderlo todo y marcharse.

– Ya nos arreglaremos -dijo Dinny con brevedad-. Jamas perderemos Condaford.

– No te olvides de Jean.

– Tampoco ella lo dejaria. Los Tasburgh son tan antiguos como nosotros.

– Admitido. Pero esa joven es una mujer de variedad y energia infinitas. Jamas querra vegetar.

– Vivir en Condaford no es vegetar.

– No te agites, Dinny; yo solo pienso en vuestro bien. No quiero ver que os manden a paseo, como no deseo que Sir pierda Lippinghall. Michael, en estas cosas, no tiene principio alguno. Dice que si el constituye una de las raices del pais, tanto peor para el pais. Esto es idiota, desde luego. – Con repentina seriedad, anadio -: Nunca sabre explicarle a nadie con que oro tan puro esta forjado Michael. – Luego, como dandose cuenta de la sorpresa que expresaban los ojos de Dinny, pregunto-: ? Asi puedo borrar al americano?

– . Puedes hacerlo. ?Tres mil millas entre Condaford y yo: ? No, senora!

– Entonces creo que deberias darle al pobre diablo el golpe de gracia, porque, confidencialmente, me ha dicho que eres lo que el llama su ideal.

– ?Otra vez esa palabra? ?No! – exclamo Dinny.

– Si, de veras. Y ademas me ha dicho que esta loco por ti. – Eso no significa nada.

Dicho por un hombre que va hasta el fin del mundo para descubrir las raices de la civilizacion, probablemente significa mucho. La mayor parte de la gente iria hasta el fin del mundo para no descubrirlas.

– En cuanto este solucionado el asunto de Hubert – repuso Dinny – acabare con esta locura.

– Creo que para hacerlo deberias ponerte el velo de novia. Estaras muy graciosa cogida del brazo del marino, entre dos filas de campesinos, en una atmosfera feudal y con acompanamiento de musica alemana. ?Ojala pueda verte!

– ?No me casare con nadie!

– Bueno, entre tanto, ?tenemos que llamar a Adrian?

En su casa contestaron que estaria de regreso a las cuatro. Le dejaron recado de que se llegara a South Square y Dinny subio a su habitacion para poner en orden sus cosas. Cuando bajo, a las tres y media, vio en el perchero un sombrero cuyas alas no le parecieron desconocidas. Se deslizo de: nuevo hacia la sala, y oyo una voz

– ?Bien! i Que suerte! Temi no encontrarla.

Dinny tendio una mano a Hallorsen y ambos entraron en la salita de Fleur donde, entre los muebles estilo Luis XV, el aparecia absurdamente masculino.

– Deseaba comunicarle, senorita Cherrell, cuanto he podido hacer en favor de su hermano. He arreglado las cosas de modo que nuestro consul en La Paz enviara por cable la declaracion jurada de Manuel, conforme el vio como el capitan Cheirell era agredido con un cuchillo. Si sus compatriotas tienen una pizca de sentido comun, esto deberia ser suficiente para. disculpar a su hermano. Hay que hacer acabar este juego de locos, aunque yo tenga que volver personalmente a Bolivia.

– Le doy infinitas gracias, profesor.

– ?Vaya! No hay nada que yo no este dispuesto a hacer en favor de su hermano. He llegado a quererle como si fuera. hijo mio.

En estas portentosas palabras habia tan gran sencillez y calurosidad generosa que le dieron a Dinny la sensacion de haberse vuelto pequena e insignificante.

– Tiene usted aspecto de no encontrarse muy bien – dijo el repentinamente -. Si hay algo que le cause disgusto, digamelo y 1o arreglare.

Linny le conto el regreso de Ferse.

– ?Esa senora tan hermosa ?? Mal asunto ?Pero a lo mejor le quiere, de modo que al cabo de poco resultara un alivio para ella.

– Voy a vivir con ella.

– ? Es usted muy valiente ? ? Es peligroso el capitan Yerse?

– Todavia no lo sabemos.

El se metio una mano en el bolsillo y saco un pequeno -revolver automatico.

– Pongase esto en la maleta. Es el tipo mas pequeno que se fabrica. Lo compre para venir aqui, visto que ustedes no suelen pasearse con pistolas

Dinny sonrio.

– Gracias, profesor, pero podria dispararse en el lugar Y menos indicado. Ademas, aunque hubiese peligro, no

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