alternan con ataques de gran excitacion. ultimamente, estos dos sintomas se han debilitado tanto, que se ha vuelto casi normal. Lo que es de temer es un recrudecimiento de uno u otro aspecto. Siempre ha tenido, tendencia a la rebelion. Durante la guerra estaba de punta, con los jefes y, despues de la guerra, con la democracia. Ahora que ha vuelto, seguramente estara en oposicion con algo y, de golpe, su mente volvera a hallarse como antes. Si hay armas en la casa, Dinny, seria menester ocultarlas.

– Se lo dire a Diana.

El taxi entro en la King's Road.

– Sera mejor que yo no siga mas adelante -decidio Adrian, con voz triste.

Tambien Dinny se apeo. Se quedo un momento mirandolo mientras, alto y un poco encorvado, se alejaba; luego enfilo Oakley Street y abrio la puerta. Ferse estaba en el umbral del comedor.

– Entre aqui – dijo -. Necesito hablar con usted. Habian terminado de comer en la habitacion revestida de madera y pintada de color oro verdoso. Sobre la larga y estrecha mesa estaban depositados un periodico, un bote de tabaco y unos cuantos libros. Ferse le ofrecio una silla y se coloco de espaldas al fuego. No la miraba, de modo que Dinny pudo estudiarle como aun no habia podido hacerlo. El rostro, hermoso, daba una sensacion de desasosiego. Los pomulos altos, la barbilla cuadrada y los cabellos canosos y crespos hacian resaltar sus ojos de acero, sedientos y ardientes. Tambien su actitud rigida con las manos apoyadas en la cadera, hacia resaltar sus ojos. Dinny se hundio en la silla, atemorizada y sonriendo ligeramente.

– ?Que dice la gente de mi?

– No he oido decir nada. He ido a la boda de mi hermano. – ?Su hermano Hubert? ?Con quien se ha casado? – Con' una joven que se llama Jean Tasburgh. Usted la vio anteayer.

– ?Oh! ?Ah! ?La cerre con llave! – Si, ?por que?

– Me parecio peligrosa. Fui yo quien consenti en recluirme, ?sabe? No me llevaron a la fuerza.

– Ya lo sabia. Sabia que habia ido usted espontaneamente…

No era un mal sitio, pero…, ?bien! ?Que le parezco? – Jamas tuve ocasion de verle a usted de cerca, pero me parece que esta usted muy bien – contesto Dinny, dulcemente. – Me encuentro perfectamente. He mantenido mis musculos en buen estado haciendo ejercicio todos los dias.

– ?Leia usted mucho?

– ultimamente, si. ?Que piensan de mi?

Oyendo repetir la pregunta, Dinny le miro a la cara.

– ?Que pueden. pensar de usted si hasta ahora no le han visto?

– ?Quiere decir que deberia ver gente?

– Yo no lo se, capitan Ferse. Pero no comprendo por que razon no tendria usted que ver a alguien. A mi me ve todos los dias.

– Usted me gusta. Dinny levanto una mano. – No diga que lo siente por mi – dijo Ferse, rapidamente.

– ?Por que tendria que decirlo? Estoy segura de que se encuentra perfectamente.

– El se cubrio los ojos con la mano. – Estoy bien, pero, ?hasta cuando? – ?Por que no para siempre? Ferse se volvio hacia el fuego.

– Si no se preocupa, no le pasara nada – aseguro Dinny timidamente.

El dio media vuelta.

– ?Ha observado usted bien a mis hijos? – No mucho.

– ?Tienen algun parecido conmigo? – Se asemejan mucho mas a Diana.

– ?Gracias a Dios que es asi! ?Que piensa Diana de mi? Esta vez sus ojos hurgaron en los de ella. Dinny se dio cuenta duque todo dependia de su contestacion.

– Diana esta contenta.

El movio la cabeza con violencia. – Es imposible.

– Muchas veces la verdad parece imposible. -?No me odia?

– ?Por que tendria que odiarle?

– Su tio Adrian… ?Que hay entre ellos? No me diga que nada.

– Mi tio la adora – contesto Dinny dulcemente -. Pero son sencillamente dos buenos amigos.

– ?Solo amigos? – Solo amigos.

– Me figuro que es todo cuanto usted sabe. – Lo se a ciencia cierta.

Ferse suspiro.

– Es usted buena. ?Que haria si estuviera en mi lugar? Dinny se dio cuenta de nuevo de la cruel responsabilidad de su posicion.

– Creo que haria lo que deseara Diana. – ?Es decir?

– No lo se. Me parece que tampoco ella lo sabe todavia.

Ferse dio unos pasos hasta la ventana, y. luego volvio atras.

– He de hacer algo por los pobres diablos como yo. – ?Oh! – exclamo Dinny, descorazonada.

– Yo he sido afortunado. La mayor parte de personas en mis condiciones habrian sido declaradas locas e internadas en contra de su voluntad. De haber sido pobres, no hubieramos podido pagar los gastos. Estar alli era bastante malo, pero infinitamente mejor que en los otros sitios de ese tipo. Solia hacer hablar a mi enfermero. E1 habia visto dos o tres de ellos.

Quedo en silencio. Dinny penso en las palabras de su tio «Se encontrara en oposicion con algo y, de golpe, su mente volvera a estar como antes».

De repente, Ferse continuo;

Si tuviera usted la posibilidad de hacerlo, ?se cuidaria usted de los locos? Ni usted ni nadie que tenga nervios y sensibilidad. Lo haria un santo, pero no hay santos suficientes.

?No! Para cuidar de nosotros es menester ahuyentar toda compasion, es preciso ser de hierro es necesario tener la piel como cuero y no tener nervios. Una persona con nervios, para nosotros seria peor que la persona de piel dura, porque tendria arranques y esto recae siempre sobre nosotros. Es un callejon sin salida. ?Dios mio! ?No ha pensado en ello? Y… el dinero. Quien posee dinero, jamas tendria que entrar en uno de esos lugares. ?Jamas, jamas! Habria que encerrarlo en casa… de cualquier manera… en cualquier parte. Si no hubiese sabido que podia salir cuando me viniese en gana…, si no me hubiese apegado a esta certeza, incluso en mis momentos peores, ahora no estaria aqui. Estaria loco furioso. ?Dios mio! ?Estaria loco furioso! ?El dinero! ?Cuantos tienen dinero? Quizas un cinco por ciento. Los otros pobres diablos estan encerrados alli dentro, tanto si quieren como si no quieren. No me importa cuan cientificos, cuan buenos puedan ser tales lugares. El hecho es que, siendo manicomios, significan la muerte en vida. Deben serlo. La gente de fuera nos considera como muertos y, por lo tanto, ?quien se preocupa? Tras la ficcion de la cura cientifica, eso es' lo que existe en realidad. Todavia perdura la antigua prevencion contra la locura, senorita Cherrell. Somos una desgracia. Todo el mundo pide que se nos oculte de un modo humanos ?-Humanamente! ?Intentadlo! ?No podeis! Y entonces intentais cubrirlo todo con un barniz…, con un barniz…, con un barniz… Eso es todo. ?Que otra cosa puede ser? Creame a inf. Creale a mi enfermero. El lo sabe.

Dinny escuchaba sin parpadear. Repentinamente, Ferse rio. – Pero no estamos muertos… La desgracia es que no estamos muertos. ?Si por lo menos lo estuvieramos! Aquellas pobres criaturas son capaces de sufrir a su manera, como todo el mundo. Incluso mas capaces. ?No lo sabre yo? Y, ?cual es el remedio? – Se llevo las manos a la cabeza.

– Encontrar un remedio – dijo Dinny quedamente – seria maravilloso.

El la miro fijamente.

– Pero todo cuanto se hace es aplicar un barniz mas es«?Por que preocuparse entonces?»

Estas palabras subieron a los labios de Dinny, pero no las pronuncio.

– Quiza se encontrara el remedio – dijo -. Pero es algo que requiere paciencia y calma.

Ferse rio.

– Debe usted aburrirse mortalmente – y se volvio de cara a la ventana.

Dinny se escabullo fuera sin hacer ruido.

CAPITULO XXIII

Вы читаете Esperanzas juveniles
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату