– No hay nada deshonroso en ello, Dinny.
Esta irguio la cabeza.
– ?Desde luego que no ?
– . Tu, Dinny, me recuerdas uno de esos caballos bayos musculosos, intranquilos, que cocean en las cuadras, corren despacio a la partida y, despues de todo, llegan primeros a la meta. El americano viene hacia aqui. ?Hemos de esperarle? Ha declarado muy adecuadamente.
Dinny se encogio de hombros. Casi instantaneamente se oyo la voz de Hallorsen
– i Senorita Cherrell 1 Dinny se volvio.
– Muchisimas gracias, profesor, por todo lo que ha manifestado.
– Hubiese deseado mentir por usted, pero no he tenido ocasion. ?Que tal se encuentra nuestro pobre caballero?
– Por ahora, muy bien.
– Me alegro. Estaba intranquilo pensando en usted.
– Su declaracion, profeso – tercio sir Lawrence -, segun la cual ni un muerto hubiese querido tener que verselas con ninguno de los muleros, ha impresionado profundamente al magistrado.
– Realmente eran bastante desagradables. Tengo un autoin6vil aqui. ?Puedo llevarles a alguna parte a usted y a la senorita Cherrell?
– Si va hacia el West, podria llevarnos hasta los confines de la civilizacion – contesto sir Lawrence y, cuando estuvieron sentados en el coche, pregunto -: Profesor, ?que piensa usted de Londres? ?Es la ciudad mas barbara o la mas civilizada de la tierra?
– Puedo decir que he llegado a quererla – respondio Hallorsen sin apartar la vista de Dinny.
– Yo no – murmuro esta -. Odio los contrastes y el olor a gasolina.
– Bueno, un extranjero no puede decir por que ama a Londres, a menos que no sea por la variedad y por el modo con que ustedes han obtenido el orden y la libertad al mismo tiempo; o quiza porque es muy distinta a nuestras ciudades. Nueva York es mas hermosa e interesante, pero no da la sensacion de hallarse uno en casa.
– Nueva York – repuso sir Lawrence – es como la estricnina: excita hasta el momento en que le mata a uno. -Yo no podria vivir en Nueva York. El Oeste es lo que me hace falta.
– Las grandes extensiones abiertas – musito Dinny.
– Si, senorita Cherrell. Estoy seguro de que usted las amaria.
Dinny sonrio melosamente.
– Nadie puede ser desarraigado de sus propias raices, profesor.
– ?Ah! -exclamo sir Lawrence -. Una vez mi hijo hablo en el Parlamento sobre la cuestion de la emigracion. Descubrio que las raices humanas son tan fuertes, que tuvo que dejar el asunto como se deja caer una patata hirviendo.
– ?De veras? – dijo Hallorsen -. Cuando yo miro a los ciudadanos ingleses, bajos, palidos y desilusionados, no puedo por menos que preguntarme que raices puedan tener.
– Cuanto mas ciudadano es el tipo, mas solidas son sus raices. No le agradan las extensiones abiertas, sino las calles, los bares, los cines. ?Quiere dejarme aqui, profesor? Dinny, ?adonde vas ahora?
– A Oakley Street.
Hallorsen detuvo el coche y sir Lawrence se apeo.
– Senorita Cherrell, ?puedo tener el inmenso placer de acompanarla hasta Oakley Street?
Dinny se inclino.
Sentada a su lado en el coche cerrado, se preguntaba con cierto desasosiego que uso haria el de la oportunidad.
Al cabo de unos minutos, le oyo decir
– En cuanto este arreglado el problema de su hermano, embarcare. Quiero organizar una expedicion a Nuevo Mejico. Siempre considerara un privilegio haberla conocido, senorita Cherrell.
Se apretaba convulsamente entre las rodillas las manos no enguantadas. Eso la conmovio.
– Me duele mucho haberle juzgado mal al principio, profesor. Me paso exactamente como a mi hermano.
– Era natural. Me alegrara saber que, cuando todo haya terminado, pensara bien de mi.
Dinny le tendio la mano, impulsivamente. – Muy bien.
El se la cogio con gravedad, se la llevo a los labios y la beso gentilmente. Dinny se sintio extremadamente infeliz. Dijo con timidez
– Usted, profesor, me ha hecho cambiar completamente de parecer sobre los americanos.
Hallorsen sonrio.
– De todos modos, ya es algo.
– Temo haber sido muy ingenua en mis ideas. En realidad, ?Sabe?, jamas habia conocido a ninguno.
– Esa es la causa del malentendido que existe entre nosotros. No nos conocemos reciprocamente, nos fastidiamos los unos a los otros por cosas sin importancia y todo concluye ahi. Pero siempre me acordare de usted, como de una sonrisa sobre el rostro de este pais.
– Es un cumplido muy amable – dijo Dinny -, y quimera que fuese cierto.
– Si pudiese tener su retrato, lo guardaria como una reliquia.
– Naturalmente, se lo dare. No se si tengo alguno decente, Pero le escogere el mejor.
– Gracias. Si me lo permite, me apeare aqui. No me siento demasiado seguro de mi mismo. El coche la llevara hasta su destino.
Golpeo el cristal de separacion y le dijo algo al chofer. – Adios.
La miro largamente, le cogio de nuevo la mano, la apreto con fuerza y deslizo su larga persona fuera de la portezuela. – Adios – murmuro Dinny, hundiendose en el asiento, con una sensacion de sofoco en la garganta.
Cinco minutos mas tarde, el coche se detuvo delante de la casa de Diana. Dinny entro muy deprimida.
Aquella manana afin no habia visto a Diana, pero casi se tropezo con ella cuando salia de su habitacion.
– Ven aqui, Dinny…
Su tono era misterioso. Dinny experimento un ligero sobresalto. Se sentaron la una al lado de la otra en la cama de la alcoba. Diana se puso a hablar rapidamente y en voz queda.
– Esta noche ha entrado y ha insistido en quedarse. No me he atrevido a rehusar. Ha sobrevenido un cambio. Tengo la sensacion de que es el principio del fin otra vez. Su fuerza de autodeterminacion se esta debilitando. Creo que deberia enviar a los ninos a otra parte. ?Querria tenerlos Hilary?
– Estoy segura que si. En todo caso, podemos contar con mi madre.
– Puede que fuera lo mejor.
– ?No crees que deberias ir tambien tu? Diana suspiro y movio la cabeza.
– Eso no haria mas que precipitar los acontecimientos. ?Podrias llevarte tu a los ninos, en mi lugar?
– Desde luego. Pero, ?piensas realmente que el…?
– Tengo el convencimiento de que se esta excitando de nuevo. ?Conozco tan bien los sintomas! ?No te has fijado, Dinny, que cada noche bebe mas? Es el comienzo.
– ?Si pudiese superar el horror que le produce salir a la calle!
– No creo que le ayudara en nada. De todos modos, sabemos lo que hay que saber; si sucediera lo peor, nos enterariamos en seguida.
Dinny le apreto un brazo.
– ?Cuando quieres que me lleve a los ninos al campo? – Lo mas pronto posible. A el no puedo decirle nada. Teneis que marcharon con la maxima circunspeccion. La institutriz se ira sola, suponiendo que tu madre quiera alojarla tambien. – Yo regresare en seguida, naturalmente.
– Dinny, eso no es justo. Tengo a las doncellas. Es realmente desagradable que te molestes tanto por mi.
– ?Claro que volvere! Cogere el coche de Fleur. ?Le importara a el que los ninos se vayan?
– Lo relacionara con nuestro modo de pensar a proposito de su estado. En todo caso, puedo decirle que se trata de una antigua invitacion.
– Diana – dijo Dinny, repentinamente -, ?sientes todavia amor por el?
