Foreign Office? – Miro el reloj -. Me estaba preguntando si encontraremos a su amigo. Tengo la vaga idea de que resuelven la mayor parte de los asuntos mientras estan comiendo. Creo que es mejor que vayamos al parque, hasta las tres, a ver los patos.
– Le dejare la tarjeta – dijo Jean. Se reunio con ellos casi en seguida – Tiene que llegar de un momento a otro.
– Es decir, dentro de media hora – repuso Hallorsen -. Hay aqui un pato, capitan, del que me gustaria saber su opinion.
Al atravesar la ancha calle para acercarse al agua, por poco no fueron atropellados por dos coches embarazados por el exceso de espacio. Hubert agarro a Jean con un movimiento convulsivo. Pusose livido bajo su tez bronceada. Los coches continuaron su carrera a la derecha y a la izquierda. Hallorsen, que habia cogido el otro brazo de Jean, dijo, arrastrando las palabras mas que de costumbre
– Poco ha faltado para que nos quitaran la pintura. Jean no hizo comentarios.
– A veces me pregunto – continuo Hallorsen cuando estuvieron cerca de los patos- si la velocidad vale el dinero que nos cuesta. ?Que le parece a usted, Cherrell?
Hubert se encogio de hombros.
– Las horas se pierden viajando en automovil en vez de hacerlo en tren corresponden a otras tantas horas ganadas, todo caso.
– Es cierto – asintio Hallorsen -. Pero como realmente se gana tiempo es volando.
– Mejor sera esperar la cuenta, antes de vanagloriarse de la aviacion.
– Tiene usted razon. Ciertamente, estamos en ruta hacia el infierno. La proxima guerra sera una cosa bien fea para los que tomen parte en ella. Suponiendo, por ejemplo, que Francia e Italia tuviesen un conflicto, al cabo de quince dias ya no existirian ni Roma, ni Paris, ni Florencia, ni Venecia, ni Lyon, ni Milan, ni Marsella. No serian mas que otros tantos desiertos envenenados. Y quiza ni los ejercitos ni las marinas habrian disparado un solo tiro.
Si. Y todos los gobiernos lo saben. Yo soy militar, pero no comprendo por que se continuan gastando cientos de millones para mantener soldados y marineros que probablemente jamas se utilizaran. No se pueden hacer funcionar los ejercitos y las flotas cuando estan destruidos los centros nerviosos. ?Cuanto tiempo continuarian funcionando Francia a Italia si sus principales ciudades quedasen destruidas por gases venenosos? Inglaterra y Alemania probablemente no durarian ni una semana.
– Su tio, el conservador, me decia que, de continuar a este ritmo, el hombre pronto volveria al estado de pez.
– ?Como?
– ?Claro que si! Invirtiendo el proceso de la evolucion peces, reptiles, pajaros, mamiferos. Nos volveremos de nuevo volatiles; de este estado pasaremos a arrastramos como los reptiles y acabaremos en el mar, cuando la tierra deje de ser habitable.
– ?Por que no podemos excluir las rutas aereas como medios de guerra?
?Como podemos excluir las rutas aereas? – pregunto Jean -. Los paises no se fian el uno del otro. Ademas, America y Rusia esten fuera de la Sociedad de Naciones.
– Vuestro Senado – musito Hubert – parece bastante duro de roer.
– Pero se asemeja a vuestra Camara de los Lores antes de que la amenazaran con un latigo, en 1910. Ahi esta el pato -y Hallorsen indico un ave especial. Hubert la miro atentamente.
– En la India mate un pato de esta misma especie. Es un… Bueno, creo que he olvidado el nombre. Lo veremos en uno de estos indicadores. Si lo veo, lo recordare.
– No -dijo Jean -. Son las tres y cuarto. Ferrar ya tiene que estar en su despacho.
Y, sin catalogar el pato, volvieron al Foreign Office.
El apreton de manos de Bobbie Ferrar era famoso. Estiraba hacia arriba la mano de su adversario y luego la dejaba alli. Cuando Jean hubo bajado la suya, entro en seguida en materia
– ?Esta usted enterado del asunto de la extradicion, senor Ferrar? Este asintio.
– Este senor es el profesor Hallorsen, jefe de la expedicion. ?Le gustaria ver la cicatriz que le ha quedado a mi marido?
– Mucho – murmuro Bobbie, entre dientes. Hubert, de mala gana, descubrio otra vez el brazo.
– ?Estupenda! – exclamo Bobbie Ferrar -. Ya he hablado de ello con Walter.
– ?Le ha visto?
– Sir Lawrence me rogo que lo hiciera.
– Y, ?que ha dicho Wal… el secretario de Estado?
– Nada. Ya habia visto a «Snubbyu. Este no le agrada y, por lo tanto, ha hecho seguir la orden a Bow Street.
– ?Oh! ?Significa eso que se extendera una orden de arresto?
Bobbie Ferrar, examinandose las unas, asintio. Los dos jovenes se miraron.
Con mucha gravedad, Hallorsen pregunto:
– ?No hay nada que pueda detener todo este asunto? Bobbie Ferrar, con ojos que parecian muy redondos, movio la cabeza.
Hubert se puso en pie.
– Me sabe mal haber molestado a tanta gente. ?Vamonos, Jean! – Con una ligera inclinacion, se volvio y salio. Jean le siguio.
Hallorsen y Bobbie Ferrar se quedaron a solas.
– No comprendo este pais – dijo el primero -. ?Que se puede hacer?
– Nada – contesto Bobbie Ferrar -. Cuando el caso este ante el magistrado, lleve todos los testimonios posibles.
– Lo haremos, ciertamente. Senor Ferrar, me alegro de haberle conocido.
Bobbie Ferrar entreabrio los labios en una sonrisa. Sus ojos parecian aun mas redondos.
CAPITULO XXIV
La justicia seguia su curso regular. Hubert fue llamado a Bow Street por una orden de detencion extendida por uno de sus magistrados. En union de los demas miembros de la familia, Dinny seguia el proceso en un estado de protesta pasiva El testimonio, prestado bajo juramento, de los seis muleros bolivianos, quienes afirmaban no haber existido provocacion alguna, la declaracion contraria de Hubert, la exhibicion de su cicatriz, su pasado y la declaracion de Hallorsen, formaban el material con el cual el magistrado debia dictar su fallo Pero aplazo la causa hasta la llegada del testigo de defensa del acusado. Mas tarde se discutio la cuestion de las garantias, ese principio de las leyes britanicas segun el cual «Se presume la inocencia del acusado hasta que no se haya probado su culpabilidad». Dinny retenia el aliento. La idea de que se tuviese que presumir la inocencia de Hubert mientras el, recien casado, aguardaba en una celda de la carcel que el testigo a su favor cruzara el Atlantico, era intolerable. Sea como fuere, la considerable suma ofrecida en garantia por sir Conway y sir Lawrence fue finalmente aceptada. Dinny lanzo un suspiro de alivio y salio con la frente levantada. Sir Lawrence se le reunio afuera.
– Es una suerte – dijo – que se note que Hubert no esta acostumbrado a mentir.
– Supongo – murmuro Dinny – que esto se publicara en los periodicos.
– Puedes apostar todo lo que no tienes.
– ?Afectara a la carrera de Hubert?
– Pienso que le resultara ventajoso. Las interpelaciones presentadas en la camara de los Comunes le han perjudicado. Pero, «Oficial Britanico versus Mestizos Bolivianos» ridiculizara el prejuicio que todos nosotros tenemos respecto a nuestra sangre.
– Me duele mas por papa que por cualquier otro. Desde que ha comenzado el asunto, sus cabellos son visiblemente mas grises.
