– Hubert sabe volar y yo me he estado entrenando cada dia desde el asunto de Chichester. Jean y yo estamos trabajando en la cosa… por si acaso.
Dinny le cogio una mano. – Pero, ?eso es de locos!
– No mas de locos que las miles de cosas que se hacian durante la guerra.
– ?Pero eso arruinaria tu carrera!
– ?A paseo mi carrera! No podria soportar veros a ti y a Jean infelices durante anos, y tampoco se puede tolerar que ''- un hombre como Hubert sea destruido de ese modo.
Dinny le estrecho convulsivamente la mano y la solto en seguida.
– No se debe llegar a esos extremos. Ademas, ?como podrias llevarte a Hubert? Le meterian en la carcel.
– No lo se, pero lo sabre perfectamente cuando llegue el momento. De lo que si estoy seguro es de que si los bolivianos logran echarle el guante, pocas probabilidades tendra de salvarse.
– ?Has hablado con Hubert?
– No. De momento es un proyecto muy vago. – Estoy convencida de que no lo consentiria. – Jean se encargara de ello.
Dinny movio la cabeza
– Vosotros no conoceis a Hubert. Jamas lo permitiria. Alan sonrio y Dinny diose cuenta repentinamente de que en el se albergaba una formidable fuerza de decision.
– ?Lo sabe el profesor Hallorsen?
– No, y no lo sabra, a menos que no sea absolutamente indispensable. Pero he de admitir que es un pedazo de pan. Ella sonrio debilmente
– Si, es un pedazo de pan, pero tiene un tamano fuera de lo ordinario.
– Dinny, no te sientes atraida por el, ?verdad? – No, querido.
– ?Bueno, debo dar gracias a Dios porque no sea asi ??Comprendes? -continuo-, no es posible que traten a Hubert como a un criminal cualquiera, y eso facilitaria las cosas.
Dinny le miro, y un escalofrio la penetro hasta la medula. Esta ultima observacion la convencia, de un modo que no hubiera podido explicar, de la realidad de su propuesta.
– Comienzo a comprender. Pero…
– Nada de peros, y ?animo! El barco llegara pasado manana y entonces se reanudara la vista. Te vere en el Tribunal, Dinny. Ahora he de irme, pues tengo que hacer mi vuelo diario. Queria que supieras que, si tuviese que suceder lo peor, no permitiria que nos hiciesen semejante afrenta. Saluda a lady Mont de mi parte. No volvere a verla. Adios y que Dios te bendiga.
Le beso la mano y salio del vestibulo antes de que ella pudiese decir palabra.
Dinny permanecio sentada cerca del fuego, inmovil y extranamente conmovida. La idea de rebelarse jamas habiale pasado por la mente, tal vez porque nunca habia creido seriamente que Hubert fuese procesado ante un Tribunal por asesinato. Tampoco lo creia ahora, y esto hacia mas emocionante aquella «locas idea, puesto que se ha observado a menudo que, cuanto menos inminente es un riesgo, mas emocionante parece. Y a esta emocion uniase un sentimiento mas calido hacia Alan. El hecho de que ni siquiera habia vuelto a hacerle otra proposicion, anadia fuerza al convencimiento de su absoluta seriedad. Sentada sobre aquella piel de tigre que tan poca emocion proporcionara al octavo baronet, quien habia matado a su propietario desde el dorso de un elefante mientras intentaba escabullirse, Dinny se calentaba el cuerpo al amor de la lumbre de cedro y el espiritu a la sensacion de estar mas cerca del fuego de la vida de cuanto jamas lo habia estado.
CAPITULO XXXII
Ante cualquier conclusion inminente, sea esta de un partido decisivo, o un ultimatum, o la carrera de caballos de Cambridge, o el ahorcamiento de un hombre, la agitacion general alcanza su diapason en las ultimas horas. En la familia Cherrell, la incertidumbre volviose penosa cuando llego el dia de la vista de la causa Hubert. En los tiempos antiguos, un clan de los Highlands se reunia cuando uno de sus miembros veiase amenazado por un peligro; de modo que todos los parientes do Hubert se reunieron en el Tribunal. Salvo Lionel, que tenia una sesion, y los hijos de Hilary, que estaban en el colegio, todos se hallaban presentes. Hubiera podido parecer una boda o un funeral, a no ser por la expresion sombria de sus rostros y por el sentido de inmerecida persecucion que se ocultaba en el fondo de la mente de cada uno. Dinny, Clara y Jean estaban sentados entre sus padres; Alan, Hallorsen y Adrian se hallaban cerca; inmediatamente detras estaban Hilary y su mujer, Fleur, Michael y tia Wilmet; detras, sir Lawrence y lady Mont y, por ultimo, el Rector formaba la cola puntiaguda de una falange al reves.
Al entrar con su abogado, Hubert les dirigio una sonrisa de camarada.
Ahora que realmente estaba ante el Tribunal, Dinny se sentia casi apatica. Su hermano era inocente, si se reconocia la accion de defensa personal. Si llegaran a condenarle, seria inocente lo mismo. Despues de haber contestado a la sonrisa de Hubert, la atencion de Dinny se concentro sobre el rostro de Jean. La expresion de la joven no habia sido nunca tan de «leoparda» como en aquel momento. Sus ojos extranos iban incesantemente desde su «cachorro;› a aquel que amenazaba quitarselo.
Habiendose leido las declaraciones de las primeras audiencias, el abogado de Hubert exhibio la declaracion jurada de Manuel. Entonces la apatia de Dinny desaparecio, porque esa declaracion jurada fue seguida de otra que contenia el juramento de cuatro muleros, segun la cual Manuel no estuvo presente en el momento del disparo.
Sobrevino un momento de verdadero horror. ?Cuatro mestizos contra uno!
Dinny vio que por el rostro del magistrado pasaba una expresion desconcertada.
– ?Quien ha proporcionado esta segunda indagatoria, senor Buttall?
– El abogado de La Paz, encargado de este asunto, Honorable. Se entero de que ese Manuel seria llamado a declarar. – Entiendo. ?Que dice usted ahora a proposito de la herida exhibida por el acusado?
– Aparte de la afirmacion del acusado, no existe otro testigo que demuestre cuando y donde fue producida esa herida. – Es cierto. No estara usted sugiriendo que la herida fue producida por Castro despues de que el disparo le habia matado, ?verdad?
– Si Castro, despues de haber levantado una navaja, hubiese caido hacia delante cuando se hizo el disparo, yo creo que el hecho no tendria nada de inconcebible.
– Pero no de verosimil, senor Buttall.
– No. Pero las declaraciones que he presentado dicen que se disparo deliberadamente, a sangre fria y a una distancia de varios metros. Nada dicen de la navaja sacada por Castro.
– En tal caso, llegamos a lo siguiente: o sus cuatro testigos mienten, o bien mienten el acusado y el «boy» Manuel. – La situacion, Honorable, parece ser esta. Usted mismo ha de juzgar si es mas aceptable la declaracion jurada de cuatro ciudadanos o bien solo la de dos.
El magistrado se removio en su silla.
Estoy perfectamente informado de la situacion, senor Buttall. ?Que dice usted, capitan Cherell, de la atestiguacion segun la cual el aboya Manuel estaba ausente?
Los ojos de Dinny se posaron en el rostro de su hermano. Estaba impasible y se mostraba ligeramente ironico.
– Nada, sir. No se donde se hallaba Manuel. Estaba demasiado ocupado en salvar mi vida. Solo se que se me acerco casi en seguida.
– ?Casi? ?Cuanto tiempo despues?
– En realidad lo ignoro, sir. Tal vez tardo un minuto. Yo intentaba detener la sangre y me desmaye en el instante en que llego.
