Ella leyo la carta con un sentimiento de gratitud, pero sin un temblor, lo que la indujo a llamarse a si misma corazon de piedra. Tranquila ya por lo que a Adrian se referia, puesto que sabia que podia dejar a Hilary la tarea de arreglar lo del ano de permiso, continuaba pensando en Hubert con un creciente presentimiento de desgracia. Intentaba persuadirse de que esto era debido a que no tenia que atender a nada en particular, a la reaccion sufrida despues de la aventura de Ferse y a la constante nerviosidad en que el la sumiera, pero estas excusas no la convencian. Si no creian a Hubert y concedian la extradicion, ?que oportunidades tendria alla abajo?
Pasaba mucho tiempo mirando a escondidas el mapa de Bolivia, como si su conformacion geografica pudiera darle una idea de la psicologia de sus habitantes. Jamas amo tan apasionadamente a Condaford como durante estos dias de angustia. La casa estaba vinculada al primogenito y si a Hubert lo enviaban alla abajo, o hubiera muerto en la carcel o sido asesinado por uno de los muleros, y si Jean no tenia hijos varones: pasaria al hijo mayor de Hilary, un primo al que ella apenas conocia porque estaba en un colegio. Quedaba en la familia, eso si, pero podia considerarse perdida. Del destino de Hubert dependia el destino de su amada casa. Y, a pesar de que la extranaba poder pensar en si misma cuando todo tenia para Hubert un significado mucho mas terrible, no podia desechar totalmente este pensamiento.
Una manana le rogo a Clara que la llevase en coche a Lippinghall. No le gustaba guiar, y no sin razon, porque, con su modo peculiar de observar el lado humoristico de lo que veia al pasar, mas de una vez habia corrido el riesgo de ocasionar desgracias. Llegaron a la hora del almuerzo. Lady Mont estaba a punto de sentarse a la mesa y las acogio con las siguientes palabras
– ?Queridas mias, que lastima que hayais llegado en estos momentos! Vuestro tio esta fuera. Claro que todo podra arreglarse si os sentis capaces de comer zanahorias. ?Son tan depurativas!
– ?Oh, no, tia Em! Por favor, que no hagan nada que tu no puedas comer.
– De momento no puedo comer nada. Vuestro tio esta engordando, de modo que yo estoy a regimen para adelgazar. Ademas,
– ?Pero eso es terrible, tia Em!
– Y uvas, Blox. Y los cigarrillos que estan en el cuarto del senorito Michael. Vuestro tio no los fuma y yo los fumo mas fuertes. Y,
– ?Si, milady? – Cocteles,
– Eso no es verdad; yo os los he visto hacer, Clara, estas delgada; ?tambien haces tu la cura para adelgazar?
– No. He estado en Escocia, tia Em.
– Siguiendo a los fusiles y marchando de pesca. Ahora id a dar una vuelta por la casa. Os esperare.
Mientras daban una vuelta por la casa, Clara le pregunto a Dinny
– ?Por que sera que tia Em habla de ese modo deshilvanado y estrafalario?
– Papa me dijo una vez que estuvo en un colegio donde intentaban introducir un nuevo modo de hablar. Era gente moderna, ?sabes? Pero, ?no la encuentras deliciosa?
Clara asintio mientras se retocaba los labios con su barrita de carmin.
Al volver a entrar en el comedor oyeron que lady Mont decia
– Los pantalones de James,
– Parece como si quisieran caerse. ?No se les puede hacer algo?
Vio a sus sobrinas y exclamo
– ?Ya estais aqui! Vuestra tia Wilmet ha ido a pasar una temporada en casa de Hen, Dinny. Diferiran sobre el lugar. Teneis un poco de caza fria para cada una. Dinny, ?que has estado haciendo con Alan? Tiene un aspecto muy interesante y manana termina su permiso.
– No he hecho nada con el, tia Em.
– Entonces es por eso. No, deme mis zanahorias, Blox. ?No vas a casarte con el? Se que tiene una herencia pendiente de la Cancilleria. No se si es en Wiltshire. El hecho es que viene aqui a esconder su rostro en mi regazo, por amor tuyo. Bajo la mirada de Clara, Dinny permanecia inmovil con el tenedor en el aire.
– Si no tienes cuidado le trasladaran a China y se casara con la hija de un comerciante de viveres. Dicen que Hong Kong esta atestado de ellas. ?Oh! Y mis portulacas se han muerto, Dinny. Boswell y Johnson cometieron la torpeza de regarlas con abono liquido. No tienen el sentido del olfato. ?Sabes que hicieron una vez?
– No, tia Em.
– Contagiaron la fiebre del heno a mi conejo de raza. Estornudaban encima de la jaula y el pobrecillo se murio. Les he dicho que se marchen, pero no se han ido. Tu tio los mima demasiado. ?Has de tomar estado, Clara?
– ?Tomar estado?
– Me parece una expresion muy hermosa. Los diarios ignorantes la usan. Asi, ?has de tomar estado, Clara?
– Desde luego que no.
– ?Por que? ?No tienes tiempo? Realmente no me gustan las zanahorias… ?son tan deprimentes! Pero vuestro tio ha llegado a un periodo de la vida que me obliga a andar con cuidado. Yo no se por que los hombres tienen estos periodos. A decir verdad, ya tendria que haberlo pasado.
– Ya lo ha pasado, tia Em. Tio Lawrence tiene sesenta anos, ?no lo sabias?
– Pero todavia no ha dado senal alguna. ?Blox! – ?Milady?
– ?Vayase! – Si, milady.
– Hay algunas cosas – dijo lady Mont, cuando la puerta se hubo cerrado – que no se pueden decir en presencia de Blox. El control de la natalidad, vuestro tio y otras cosas asi. ?Pobre Pussy!
Se levanto y, dirigiendose a la ventana, dejo caer un gato en medio de un cuadrado de flores.
– Blox tiene con ella una paciencia verdaderamente angelical – cuchicheo Dinny.
– Se desvian a los cuarenta y cinco anos – prosiguio lady Mont, volviendo a sentarse -, se desvian a los sesenta y cinco, y no se cuantas veces despues de esta edad. Yo jamas me he desviado. Pero pienso hacerlo pronto, con el Rector.
– ?Esta muy solitario ahora, tia Em?
– No – contesto lady Mont -. Esta perfectamente. Viene aqui muy a menudo.
– ?Seria delicioso si pudieras provocar un escandalo! – ?Dinny!
– ?Lo que se divertiria tio Lawrence!
Lady Mont parecio entrar en una especie de coma.
– ?Donde esta Blox? – pregunto -. Bien pensado, quiero comer uno de esos bollos.
– Le has mandado salir. -?Oh!, es verdad.
– ?Puedo apoyar los pies sobre la estufa, tia Em? – dijo Clara -. Esta debajo de mi silla.
– La he puesto ahi para tu tio. Me esta leyendo los Viajes de Gulliver, Dinny. Aquel hombre era muy vulgar, ?sabes? – No tanto como Rabelais, o incluso como Voltaire.
– Dicen que habia un libro… Se llamaba Aquiles o algo parecido. Tu tio lo compro en Paris y se lo quitaron en Dover. ?Lo has leido?
– No – respondio Dinny. – Yo si – declaro Clara.
