– Si quieres decirnos donde debemos ir, tio, yo ire con Diana.
Adrian hizo un signo afirmativo. Habia comprendido.
Cuando llegaron a la capilla ardiente, Diana entro sola y Dinny aguardo en un pasillo que olia a desinfectante y que daba a una calle secundaria. Una mosca, desilusionada por la proximidad del invierno, se arrastraba melancolicamente cristal arriba. Mirando aquel callejon descolorido, bajo un cielo privado de calor -y de luz, se sintio muy infeliz. La vida parecia excepcionalmente arida, saturada de siniestros misterios. Esta indagacion, el destino amenazador de Hubert, ninguna luz o dulzura en parte alguna. Ni siquiera el pensamiento de la palpable devocion de Alan Tasburgk servia para confortarla.
Se volvio y vio que Diana estaba a su lado. Entonces, olvidandose de su propio dolor, le rodeo el talle con un brazo y le beso la fria mejilla. Regresaron al hotel sin decir nada, excepto unas pocas palabras pronunciadas por Diana
– Tenia un aspecto maravillosamente sereno.
Despues de cenar volvio en seguida a su habitacion y se sento, con un libro en la mano, esperando a sus tios. Dieron las diez antes de que Hilary llegase en un taxi. Pocos minutos mas tarde, los dos hermanos entraron en el cuarto. Noto el aspecto fatigado y sombrio de ambos, pero en sus rostros habia una expresion tranquilizadora. Eran de los que corren hasta que se caen. La besaron con una calurosidad inesperada y se sentaron uno a cada lado de su lecho, oblicuamente.
Dinny permanecio entre ellos, al fondo de la cama. Haciendo una pequena pausa, se dirigio a Hilary
– Tio, quiero hablarte de tio Adrian. Lo he pensado mucho. La indagacion resultara muy desagradable si no andamos con cuidado.
– Es cierto, Dinny. Precisamente he hecho el viaje con dos periodistas que no sospechan mi ingerencia en el asunto. Han tenido noticias de la clinica mental y arden en deseos de saber. Tengo un gran respeto por los periodistas; ?cumplen tan escrupulosamente su cometido!
Dinny volviose hacia Adrian
– ?No te sabe mal que hable francamente? Adrian sonrio.
– No, Dinny. Eres una tunante leal. ?Sigue adelante! – Entonces – continuo, enlazando sus dedos en el borde de la cama -, creo que deberiamos evitar hablar de la amistad entre tio Adrian y Diana. Debo ser yo sola la responsable de vuestra intervencion para encontrar a Ferse. Se sabe que yo soy la ultima persona que hablo con el cuando corto el hilo telefonico. En el momento en que me interroguen, podria hacer creer que vosotros intervinisteis unicamente -, ?que yo os lo pedi, como un par de tios inteligentes y capaces de resolver rompecabezas. De otro modo, ?como explicar la posicion de tio Adrian? Si saben que es tan amigo, es facil suponer que significado le atribuiran a esta palabra, sobre todo cuando se enteren de que el capitan Ferse volvio a su casa al cabo de cuatro anos de ausencia.
Sobrevino un breve silencio, al cabo del cual Hilary dijo -Es una chica lista. Una amistad de cuatro anos con una mujer hermosa, en ausencia del marido, para los jueces significara una sola cosa; pero para el publico, muchas. Adrian asintio.
– Lo que no veo es como podra ocultarse el hecho de que los he tratado a ambos durante largo tiempo.
– Las primeras impresiones lo son todo – dijo Dinny fogosamente -. Puedo decir que Diana sugirio que llamaramos a su medico y a Michael, pero que yo le hice cambiar de opinion sabiendo que, a causa de tu profesion, eras muy habil en resolver cuestiones dificiles, y que me dirigi a tio Hilary porque conoce muy bien la naturaleza humana. Si desde el principio encauzamos bien las cosas, no creo que tenga importancia el hecho de que tu los hayas tratado. En cambio, lo que si tiene mucha importancia es que me interroguen lo mas pronto posible.
– Todo esto te sera muy penoso.
– ?Oh, no! Si no me interrogan acotes-que a vosotros, ambos direis que yo fui quien os llamo. Luego lo ratificare yo. – Despues del medico y de la policia, Diana sera el primer testigo.
– Si, pero puedo hablar con ella y quedar de acuerdo para que todos digamos lo mismo.
Hilary sonrio.
– Me parece que no hay razon para oponerse. Es una mentira muy inocente. Yo puedo anadir que los conozco tanta como tu, Adrian. Ambos conocimos a Diana por primera vez durante aquella recepcion que dio Lawrence en Land's End, cuando ella era jovencita; a Ferse le conocimos en ocasion de su boda. Amistad de familia, ?no es asi?
– Se sabran mis visitas a la clinica mental – observo Adrian -. El doctor ha sido citado tambien.
– Oh, bueno – dijo Dinny -. Puedes decir que ibas alli porque eras amigo suyo y porque te interesan las enfermedades mentales. Al fin y al cabo, se supone que eres un hombre de ciencia, ?no?
Ambos sonrieron, y Hilary dijo
– Perfectamente, Dinny. Hablaremos con el sargento. Es un buen hombre, y procuraremos que te haga llamar pronto. Y se fue hacia la puerta.
– Buenas noches, pequena serpiente – sonrio Adrian.
– Buenas noches, tio querido. Tienes un aspecto muy fatigado. ?Tienes bolsa de agua caliente?
Adrian movio la cabeza.
– No tengo mas que un cepillo para dientes que he comprado hoy.
Dinny saco su bolsa de la cama y le obligo a quedarse con ella.
– Entonces, ?le digo a Diana lo que hemos decidido? -Gracias, Dinny.
Mientras la puerta se cerraba, Dinny suspiro.
?Volveria realmente? Diana parecia muerta para todo sentimiento. Y… ?ademas, aun no se habia solucionado el asunto de Hubert!
CAPITULA XXX
El dia siguiente, Adrian y su sobrina entraron juntos en la Sala del Tribunal y, puesto que estaba atestada de gente, pasaron a una pequena habitacion para aguardar alli.
– A ti te toca dar el quinto golpe – dijo Adrian -. A Hilary y a mi nos llamaran antes que a ti. Si nos quedamos fuera de la sala hasta que nos llamen, no podran decir que hemos copiado el uno del otro.
Permanecian sentados en el pequeno cuarto. La policia, el doctor, Diana y Hilary serian interrogados antes que ellos. – Es igual que los diez negritos de la cancion – murmuro Dinny. Tenia la mirada fija en un calendario colgado en la pared de enfrente. No lograba leerlo, pero le parecia necesario – Mira, querida – dijo Adrian, sacando un frasquito de un bolsillo -, bebe un sorbo o dos de esto. Es una composicion de sal volatil y agua. Te animara mucho. Ve con cuidado! Dinny trago un pequeno sorbo que le quemo la garganta, pero sin hacerle dano.
– Tu tambien, tio.
Adrian bebio un trago, cautelosamente.
– No hay mejor droga antes de entrar en combate u otra cosa parecida.
De nuevo se quedaron silenciosos, asimilando las exhalaciones del liquido. Al cabo de un ratito, Adrian se expreso asi -Si las almas sobreviven, ?que estara pensando el pobre Ferse de esta farsa? Todavia somos unos barbaros. Hay una novela de Maupassant que habla de un Club de Suicidas que proporcionaba una forma agradable de muerte a quienes sentian que se tenian que marchar de este mundo. No admito el suicidio para las personas de mente sana, salvo en algunos casos muy raros. Debemos resistir hasta el fin; pero para los alienados o para los que estan amenazados de estarlo quisiera que aquel club existiera de verdad, Dinny. ?Te ha animado el brebaje?
Dinny asintio.
– Los efectos duran mas o menos una hora. Se puso en pie.
– Creo que ha llegado mi turno. Adios, querida, ?buena suerte! Regalale un asir» al senor comisario de vez en cuando. Al cruzar la puerta Adrian se irguio y Dinny se sintio como inspirada al mirarle. Entre todos los hombres que conocia, Adrian era al que mas admiraba. Rezo una plegaria ilogica. Desde luego, el brebaje la habia reanimado, haciendo desaparecer la sensacion de languidez y de palpitacion que la invadiera poco antes. Extrajo
