– Hemos oido decir que ha habido una desgracia. – ?Ah! – exclamo el viejo campesino.
– ?Podemos hacer algo?
– No, gracias. El medico y la policia estan a punto de llegar – contesto Adrian -. Tenemos que esperarlos.
El joven abrio la boca como para preguntar y luego, al igual que el viejo campesino, permanecio silencioso con los ojos fijos sobre aquella faz de cuello quebrado apoyada en la rodilla de Adrian.
El motor de la moto palpitaba en el silencio y la luz del farol hacia aun mas espectral la vieja cantera y el pequeno grupo de vivos reunidos alrededor del muerto.
CAPITULO XXIX
El telegrama llego a Condaford pocos minutos antes de la cena. Rezaba:
Dinny estaba en su cuarto cuando le entregaron el telegrama. Cayo sentada sobre la cama, experimentando la sensacion de contraccion que uno siente cuando el alivio y el dolor luchan entre si para expresarse. Habia sucedido lo que ella invocara; ahora oia tan solo el ultimo sonido que le oyera emitir y veia la expresion de su rostro mientras estaba cerca de la puerta escuchando el canto de Diana.
Dirigiose a la doncella que le habia traido el telegrama y le dijo
– Traigame a
Cuando llego el terrier escoces con sus ojos relucientes y el aspecto de conocer su propio valor, lo estrecho tan fuertemente que llego a hacerle dano. Con aquel cuerpo calido y peludo entre los brazos, volvio a adquirir la facultad de sentir. En lo intimo de su ser tenia conciencia de haberse aliviado de un peso muy grave, pero la piedad le hizo saltar las lagrimas. Era un estado curioso que se hallaba mas alla de la comprension del perro, el cual le lamio la nariz y se movio hasta que ella le dejo en el suelo. Dinny acabo de vestirse y fue a la habitacion de su madre.
Lady Cherrell, ataviada para la cena, iba del ropero abierto – a la comoda, cuyos cajones estaban tambien abiertos, estudiando lo que mas le convenia regalar para la proxima subasta de beneficencia que debia conseguir fondos para sostener hasta fin de ano la enfermeria del pueblo. Sin decir palabra, Dinny le tendio el telegrama. Cuando lo hubo leido, lady Cherrell dijo tranquilamente
– Esto es lo que tu auguraste. – ?Quieres decir el suicidio? – Creo que si.
– ?He de decirselo en seguida a Diana, o debo aguardar a que haya dormido, por lo menos, una noche?
– Creo que lo mejor es decirselo en seguida. Yo lo hare, si tu quieres.
No, mama, me toca a mi. Seguramente querra cenar en su cuarto. Supongo que tendremos que ir a Chichester.
– Todo esto, Dinny, es muy triste para ti. – Es un bien para mi.
Volvio a coger el telegrama y salio.
Diana estaba con los ninos, los cuales alargaban todo lo que podian los preparativos para irse a acostar, puesto que aun no habian llegado a la edad en la que esta accion se vuelve una cosa deseable. Dinny le indico que la siguiese a su habitacion y silenciosamente le tendio el telegrama. A pesar de que durante estos dias hubiera estado tan proxima a Diana, entre ellas habia dieciseis anos de diferencia y no hizo ningun geste para consolarla como lo habria hecho con alguien de su edad. En efecto, tenia la sensacion de no saber jamas como tomaria Diana las cosas. Acogio la noticia con frialdad marmorea, como si nada hubiera sucedido. Su rostro hermoso, fino y consumido como el de una moneda, estaba sin expresion. Sus ojos, fijos en los de Dinny, permanecieron secos y limpidos. Se limito a decir
– No bajare.
Reprimiendo todo impulso, Dinny asintio y salio. A solas con su madre, despues de la cena, dijo
– Quisiera tener el dominio que tiene Diana.
– Un dominio como el suyo es el resultado de todo cuanto ha sufrido.
– Tambien hay algo de
– ?Por que hacer una indagacion?
– Temo que alli necesitara de todo su dominio. -Mama, ?yo tambien tendre que ir a declarar?
– Que yo sepa, tu has sido la ultima persona que hablo con el, ?verdad?
?Tendre que decir que anoche vino a llamar a la puerta?
– Creo que deberias decir todo lo que sabes, en e1 caso de que te interroguen.
Una ola de rubor coloreo las mejillas de Dinny.
– Me parece que no lo dire. Tampoco se lo he dicho a Diana. Y no creo que pueda interesar a los extranos.
– No, yo tampoco lo creo; pero nosotras no hemos de juzgar a este proposito.
– Pues bien, yo juzgare. No me prestare a satisfacer la curiosidad de la gente y a causarle a Diana una pena.
?Y si una de las doncellas le hubiera oido? – No pueden probar que lo haya oido yo. Lady Cherrell sonrio.
– Queria que estuviese aqui tu padre.
– No debes decirle lo que te he dicho, mama. No puedo soportar que la conciencia masculina se mezcle en todo esto la femenina es ya bastante mala de por si, pero, por lo menos, sabemos de que se trata.
– Esta bien.
– No tendre el mas minimo escrupulo – anadio Dinny, fresco el recuerdo de los tribunales de Londres – - en ocultar una cosa si puedo hacerlo sin correr riesgos. Sea como fuere, ?por que quieren hacer una investigacion? El pobre ya ha muerto. Todo lo demas es solo morbosidad.
– No deberia consentirte hablar asi, Dinny.
– Si deberias, mama. Bien sabes que, en el fondo, estas acuerdo conmigo.
Lady Cherrell no dijo nada mas. Estaba de acuerdo…
A la manana siguiente, el general y Alan Tasburgh llegaron en el primer tren y media hora mas tarde partieron todos en el coche descapotable. Alan iba al volante, el general a su lado y, en la parte posterior, lady Cherell, Diana y Dinny, apretujadas la una contra la otra.
Apoyada en el respaldo, con la nariz apenas visible sobre la manta de viaje Dinny meditaba. Poco a poco iba apoderandose de ella el convencimiento de que su testimonio seria, en cierta manera, el punto central de la investigacion. Era a ella a quien Ferse abrio su corazon; ella quien se llevo a los ninos; ella quien bajo durante la noche para telefonear; ella quien oyo lo que no queria decir y, por ultimo, y esto era lo mas importante, era ella quien llamo a Hilary y a Adrian.
Como todo el mundo, Dinny leia, y se deleitaba con los dolores y los escandalos relatados en los periodicos; sin embargo, como todos los demas, se rebelaba contra el hecho de que los diarios relatasen algo que pudiese ser causa de escandalo en su propia familia y entre sus amistades. Si llegaba a conocerse la realidad desnuda, es decir, que se habian dirigido a su tio por ser este viejo e intimo amigo de Diana, tanto el como ella se verian sometidos a toda clase de preguntas, que suscitarian toda clase de sospechas en la mente del publico obsesionado por las intrigas sexuales. Su imaginacion hablase despertado y vagaba libremente. Si la larga y estrecha amistad de Adrian y Diana llegara a conocerse, nada podria impedir que el publico llegase incluso a sospechar que su tio habia empujado a Ferse en el borde de la cantera de greda, puesto que, de momento, se desconocian los detalles. Su imaginacion comenzaba a correr desenfrenadamente. La explicacion sensacional de un suceso era mucho mas aceptable que la sencilla y verdadera. 'Y en ella se afirmo una vez mas la determinacion casi maligna de defraudar al publico en las emociones que sin duda buscaria.
Adrian les recibio en el vestibulo del hotel de Chichester, y Dinny aprovecho la ocasion para preguntar
– Tio, ?puedo hablar a solas contigo y con tio Hilary? – Hilary ha tenido que regresar a Londres, querida, pero volvera aqui en el ultimo tren de la tarde. Entonces hablaremos. La investigacion se realizara manana.
Y tuvo que contentarse con esto.
Cuando el hubo terminado su relato ante los demas, Dinny, habiendo decidido no permitir que Adrian llevase a Diana a ver a Ferse, dijo
