estaba tan retorcido que ya no podia cumplir con su trabajo, que no podia ser para sus semejantes sino una pobre criatura atormentada y espantosa, habia llegado inevitablemente la hora del eterno reposo. Parecia que tambien Hilary pensara lo mismo; sin embargo, no estaba seguro de lo que su hermano hubiera hecho de llegar la cosa a tal punto. Su profesion atania a los vivos: para el, un hombre muerto estaba perdido. Adrian experimentaba una especie de gratitud hacia su profesion, que se ocupaba de los muertos y clasificaba los huesos de los hombres, la unica parte de ellos que no sufre y se prolonga a traves de los siglos para dar prueba de la existencia de un animal maravilloso.

Mientras vigilaba, cogia una brizna de hierba tras otra, restregandolas entre las palmas para deleitarse con su olor fresco y dulce.

El sol siguio girando, hacia occidente, hasta que estuvo casi al nivel de sus ojos; las ovejas habian dejado de pacer y se movian lentamente, todas juntas, como si esperasen a que las encerraran en el redil; los conejos habian salido de sus madrigueras y roian la hierba; las alondras habian descendido del cielo. Un halito de frescura serpenteaba por el aire, los arboles del bosque habianse oscurecido y casi solidificado y el cielo blanquecino parecia aguardar el resplandor del ocaso. Tambien la hierba habia perdido su perfume, pero aun no habia comenzado a caer la escarcha.

Adrian se sintio atravesado por un escalofrio. Diez minutos mas tarde el sol se ocultaria tras las colinas y haria frio. ?Seria mejor o peor cuando Ferse se despertara? Debian arriesgarse. Toco a Hilary, que estaba tumbado con las rodillas dobladas, sumido todavia en el sueno. Se desperto instantaneamente.

– ?Hola!

– ?Chist! Aun duerme. ?Que haremos cuando se despierte? ?Hemos de acercarnos a el en seguida, o bien aguardar? Hilary agarro la manga de su hermano. Ferse se habia puesto en pie. Desde su matorral le vieron mirar alrededor como un loco, como hubiera podido hacerlo un animal a punto de huir por haber advertido un peligro. Era evidente que no les veia, pero que habla notado la presencia de alguien. Empezo a caminar hacia la alambrada, la paso a gatas, luego se enderezo y se volvio de cara al sol bermejo, que parecia estar en equilibrio, como una esfera incandescente, sobre las lejanas cumbres boscosas. Con el resplandor del sol en el rostro, con la cabeza desnuda, tan inmovil que hubierasele podido creer muerto en pie, permanecio erguido hasta que el sol desaparecio – ?Vamos! – murmuro Hilary, levantandose.

Adrian vio que Ferse volvia repentinamente a la vida, agitaba los brazos en gesto de frenetico desafio y echaba a correr.

En tono asustado, Hilary observo:

– Esta desesperado. Hay una cantera de piedra justamente encima de la carretera. ?Vamos, chico, vamos! Comenzaron a correr, pero, entumecidos como estaban, no podian competir con Ferse, que a cada paso iba ganando terreno. Corria furiosamente, agitando los brazos. Le oian gritar. Hilary dijo, jadeando

– ?Alto! No se dirige hacia la cantera. Esta alli, a la derecha. Va hacia el bosque. Es mejor que le dejemos creer que hemos renunciado.

Le miraron correr ladera abajo y le perdieron de vista cuando, sin cesar de correr, entro en el bosque.

– ?Vamos! -dijo Hilary.

Bajaron fatigosamente hasta el bosque y penetraron en la espesura, manteniendose lo mas cerca que les fue posible del punto en donde habia desaparecido. Era un bosque de hayas y, salvo en el lindero no habia matorrales. Se detuvieron a la escucha, pero no les llego rumor alguno. La luz ya era debil, pero el bosque era pequeno y pronto alcanzaron el extremo opuesto. En el valle se veian algunas casitas y unas cuantas alquerias.

– Bajemos a la carretera.

Prosiguiendo rapidamente, llegaron de repente al borde de una profunda cantera de piedra. Se detuvieron espantados.

– No sabia esto – dijo Hilary -. Tu, ve por aquel lado y yo ire por este, por el borde de la cantera.

Adrian subio hasta alcanzar la cumbre. En el fondo, a unos veinte metros bajo la pared casi a pico, vio una cosa oscura Lo que fuese, estaba inmovil y no emitia sonido alguno. ?Seria el? ?Se habria precipitado en la semioscuridad? Una sensacion de sofoco le oprimio la garganta. Por un momento fue incapaz de llamar o de moverse. Luego corrio rapidamente a lo largo del borde de la cantera hasta que llego al lado de Hilary.

– ?Bien?

Adrian senalo la cantera. Continuaron a lo largo del borde a traves de los arbustos hasta que, de bruces, pudieron llegar al fondo herbaceo de la vieja cantera. Entonces se dirigieron hacia el angulo mas lejano, que estaba debajo del punto mas alto. La cosa oscura era Ferse. Adrian se arrodillo y le levanto la cabeza. Tenia el cuello partido y estaba muerto.

No podian decir si busco deliberadamente ese fin o si cayo durante su loca carrera. Ninguno de los dos dijo palabra, pero Hilary, poso una mano sobre el hombro de su hermano. Finalmente, indico

– Hay una cochera a poca distancia de aqui, en la carretera, pero quiza no deberiamos moverle. Quedate con el, mientras yo voy al pueblo a telefonear. Creo que en este asunto debe intervenir la policia.

Adrian, siempre de hinojos al lado del cadaver, asintio. – Hay una oficina de correos muy cerca; no tardare en regresar – dijo Hilary, y se fue apresuradamente.

Solo en la cantera silenciosa, que paulatinamente se iba volviendo mas oscura, Adrian estaba sentado con las piernas cruzadas y la cabeza del muerto sobre las rodillas. Le habia cerrado los ojos y cubierto la cara con su panuelo. En el bosque oiase el murmullo de las frondas agitadas por los pajaros que, gorjeando, se preparaban al sueno. La escarcha habia comenzado a caer y la neblina otonal insinuabase en el crepusculo azulado. Todos los contornos de las cosas estaban suavizados, pero la alta pared de la cantera de greda aun resaltaba con su blancura. A pesar de que distaba menos de cincuenta metros de la carretera por donde transitaban los automoviles, el lugar donde Ferse habia dado el salto hacia el reposo eterno se le antojaba desolado, remoto y lleno de fantasmas. Aunque supiera que debia estarle agradecido a Dios por Ferse, por Diana y por si mismo, no podia experimentar mas que una profunda piedad hacia uno de sus semejantes, quebrado en la flor de sus energias: una profunda piedad y la percepcion de una especie de mezquina identificacion con el misterio de la Naturaleza que envolvia al muerto y su lugar de descanso.

Una voz le saco de su extrano ensimismamiento. Un viejo y bigotudo campesino estaba ante el, con un vaso en la mano. – Por lo que he oido, parece que ha ocurrido un accidente – dijo -. Un sacerdote me ha enviado aqui con un vaso de conac.

Le tendio el vaso a Adrian.

– ?Ha caido desde lo alto?

– Si.

– Siempre he dicho que alla arriba debian poner una empalizada. El senor me ha dicho le hiciera saber que el medico y la policia van a llegar en seguida.

– Gracias – contesto Adrian, devolviendole el vaso vacio. – Hay una pequena cochera cerca de aqui, en la carretera. Tal vez podriamos llevarle alli.

– No debemos moverle hasta que lleguen las autoridades.

– ?Ah! – hizo el viejo campesino -. He oido decir que existe una ley para establecer si se trata de suicidio o de asesinato. – Escudrino en la oscuridad para ver al muerto -. Que tranquilo esta, ?verdad? ?Le conoce usted, senor?

– Si: Es un tal capitan Ferse. Era originario de estos parajes.

– ?Como? ?Uno de los Ferse de Burton Rice? ?Pero si yo trabajaba alli de nino! He nacido en aquella parroquia.

– Miro mas de cerca -. ?No sera por casualidad el senorito Ronald?

Adrian asintio.

– ?No me diga! Ahora ya no queda aqui ninguno de ellos. Su abuelo murio loco. ?Dios me ampare! ?El senorito Ronald ? Le conoci cuando era un chiquillo.

Se doblo para mirar el rostro al ultimo rayo de luz y luego se enderezo meneando la peluda cabeza. Adrian comprendia que para el las cosas cambiaban mucho, puesto que no se trataba de un «forastero».

El repentino rumor de una moto rompio la tranquilidad. Con un farol resplandeciente bajo por la pista hasta la cantera y dos figuras se apearon: un joven y una muchacha. Se acercaron cautelosamente al pequeno grupo iluminado por el farol y se detuvieron.

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