– ?Quiere usted decir que se los habia quitado?
– Si, para no hacer ruido al bajar. Me los puse. -Luego el dijo: «No quiero que nadie se entrometa en mis asuntos. Hare de mi mismo lo que me venga en gana.» «Usted sabe que solo queremos su bien», dije yo, y el me contesto: «Se perfectamente de que bien se trata. Ya tengo bastante». Se acerco a la ventana y miro afuera. «Llueve a cantaros – dijo, y volviendose repentinamente hacia mi, grito -: ?Salga de aqui! ?De prisa! ?Fuera, fuera ?», y yo vole escaleras arriba.
Dinny hizo una pausa y respiro profundamente. El corazon le latia con fuerza al volver a vivir aquellos momentos Cerro los ojos.
– Si, senorita Cherrell. ?Y que paso luego?
Abrio los ojos. El medico forense todavia estaba sentado en su sitio, asi como los jurados, los cuales le parecio tenian la boca ligeramente abierta.
– Se lo conte todo a la senora Ferse. No sabiamos que decidir ni lo que nos convenia hacer y yo tuve la idea de arrastrar el lecho contra la puerta.
– ?Y lo hicieron?
– Si, pero nos quedamos despiertas durante mucho tiempo. La senora Ferse estaba tan agotada, que finalmente se durmio, y creo que yo tambien me dormi hacia el amanecer. Sea como fuere, me desperte al llamar la doncella a. la puerta.
– ?No oyo usted nada durante la noche, por parte del capitan?
El viejo lema de los chicos de escuela «Si decis una mentira, decidla bien», le- paso por la mente, y por lo tanto contesto con firmeza
– No, nada.
– ?Que hora era cuando las llamaron?
– Eran las ocho. Desperte a la senora Ferse y bajamos en. seguida. El cuarto del capitan estaba en desorden y parecia que. el se hubiese tumbado en la cama; pero no se hallaba en casa y su abrigo y su sombrero habian desaparecido de la silla del vestibulo.
– ?Que hicieron entonces?
– Nos consultamos. La senora Ferse queria llamar a su medico y a nuestro primo, el senor Michael Mont, miembro del Parlamento; pero yo pense que si podia hallar a mis tios, a ellos les seria mas facil encontrar al capitan. Asi que la convenci para que me acompanara a casa de mi tio 'Adrian a ver si este lograba inducir a tio Hilary a que le ayudase a buscar al capitan. Sabia que ambos son hombres inteligentes y de tacto. – Dinny vio que el medico forense hacia una ligera inclinacion en la direccion de sus tios, y continuo rapidamente -: Ademas, ambos son viejos amigos de la familia, de modo que considere que nadie mejor que ellos podia encontrarle sin servirse de medios publicitarios. Por consiguiente, fuimos a ver a mi tio Adrian y el consintio en intentarlo con la ayuda de tio Hilary. Luego acompane a la senora Ferse a Condaford, para que se reuniera con sus ninos, y esto es todo cuanto se.
El medico forense se inclino profundamente, y dijo
– Muchisimas gracias, senorita Cherrell. Ha declarado usted de fin modo admirable.
Tambien los jurados se inclinaron. Dinny salio del banco haciendo un esfuerzo y tomo asiento al lado de Hilar, quien poso una mano sobre las de ella. Permanecia muy quieta. Luego se dio cuenta de que una lagrima, como si fuera el ultimo residuo de la sal volatil, le bajaba lentamente por una mejilla. Mientras escuchaba sin interes la declaracion del medico de la clinica mental y el discurso del medico forense, y mientras aguardaba el veredicto de los jurados, sufria sintiendo que, en su lealtad para con los vivos, habia sido desleal para con el muerto. Era una sensacion muy penosa. Habia atestiguado la evidencia de la locura contra quien no podia ni defenderse ni explicarse. Con un interes lleno de temor miro a los jurados cuando estos volvieron a ocupar sus asientos y el presidente del jurado se levanto para contestar a la pregunta relativa al veredicto.
– Creemos que el difunto murio de resultas de haber caido en una cantera de greda.
– Es decir – resumio el medico forense -, murio a consecuencia de una desgracia.
– Deseamos expresarle a la viuda nuestra simpatia. Dinny hubiese querido aplaudir. Le hablan concedido el beneficio de la duda… ?aquellos hombres que parecian distraidos! Y, con calor repentino, casi personal, levanto la cabeza y les dirigio una sonrisa.
CAPITULO XXXI
Cuando hubo terminado de sonreir, Dinny se dio cuenta de que su tio la miraba con expresion de burla. - ?Podemos irnos, tio Hilary?
– Si, sera mejor que nos vayamos, Dinny, antes de que acabes de conquistar al presidente del jurado.
Afuera, en el humedo aire de octubre, puesto que el dia era de los clasicos del octubre ingles, ella dijo
– Vamos a respirar un poco de aire puro, tio, y a quitarnos de encima el olor de esa sala.
Se dirigieron hacia el lado del mar lejano, caminando a buen paso.
– Estoy terriblemente ansiosa por saber que ha sucedido antes de mi entrada, tio. ?He dicho algo contradictorio?
– No. Por la declaracion de Diana, ha resultado claro que Ferse habia vuelto de una clinica mental. El medico forense la ha tratado con mucha amabilidad. Ha sido una suerte que me hayan llamado antes que a Adrian, de modo que su declaracion no ha sido mas que una repeticion de la mia. Me sabe muy mal por los periodistas. Los jurados evitan pronunciarse en favor de los suicidios y de las enfermedades mentales cuando pueden y, despues de todo, no sabemos lo que le sucedio al pobre Ferse en su ultimo instante. Pudo haber caido muy facilmente desde el borde de la cantera: el lugar estaba oscuro y la luz iba amortiguandose de minuto, en minuto.
– ?Verdaderamente lo crees asi, tio?
– No, Dinny. Soy del parecer que decidio hacer lo que hizo y aquel era el lugar mas proximo a su antigua morada
Y, a pesar de que quiza diga lo que no deberia, demosle gracias a Dios de que lo haya hecho y que ahora descanse en paz. -Si, ?oh, si! ?Que les sucedera ahora a Diana y a tio Adrian?
Hilary lleno su pipa y se detuvo para encenderla.
– Bueno, querida, le he dado a Adrian unos cuantos consejos. No se si los aceptara, pero tu podrias apoyarme a la primera ocasion. Ha aguardado durante muchos anos y le convendria esperar uno mas.
– Si, tio, estoy completamente de acuerdo contigo. – ?Oh! -exclamo Hilary, sorprendido.
– Si; Diana no esta en condiciones de pensar en el. Habra que dejarla a si misma y a los ninos.
– He pensado – continuo Hilary – que a lo mejor se podria organizar alguna expedicion en busca de huesos, que le mantuviese alejado de Inglaterra por lo menos un ano.
– ?Hallorsen! – exclamo Dinny, estrechandose las manos- Ha de marcharse de nuevo y quiere mucho a tio Adrian.
– ?Bueno! Pero, ?se lo llevara consigo?
– Si, si yo se lo pido – contesto Dinny, sencillamente. Hilary volvio a lanzarle una mirada casi burlona.
– ?Que senorita tan peligrosa! Probablemente el Gobierno le otorgara una licencia… Hare que Lawrence y el viejo Shropshire se interesen por el asunto. Ahora hay que regresar, Dinny. Tengo que coger el tren. Es triste porque este aire tiene un buen perfume, pero alla abajo, en los Meads, requieren mi presencia.
Dinny le deslizo una mano debajo del brazo. – ?Cuanto te admiro, tio Hilar y!
Hilary la miro asombrado.
– Me parece que no te comprendo.
– ?Oh, bien sabes lo que quiero decir! Has adquirido toda la vieja tradicion del «yo sirvo» y de ese genero de cosas y, no obstante, eres moderno, tolerante y liberal.
– ?Vaya ?- hizo Hilary, lanzando una nube de humo. – ?Y no crees en el infierno?
– Si, 1o tenemos en la tierra.
– Y toleras los juegos domingueros, ?verdad? – Hilary asintio -. ?Y los banos de sol sin nada encima?
– Podria tolerarlos si hubiese sol.
– ?Y los pijamas y los cigarrillos para las mujeres?
