– Los que apestan, no; desde luego, los que apestan, no.
– Eso es antidemocratico.
– No puedo pensar de modo diferente, Dinny. ?Huele! – y le echo un poco de humo a la cara.
Dinny husmeo.
– Hay algo de… Huele bien, pero las mujeres no pueden fumar en pipa. Supongo que todos tenemos nuestras debilidades, y la tuya es no tolerar los cigarrillos malolientes. Aparte de eso, eres estupendamente moderno, tio. Cuando estaba en la sala miraba a toda aquella gente y me parecia que tu rostro – era el unico que demostraba un poco de modernismo.
– Estamos en una ciudad de tradicion eclesiastica, querida.
– Bueno, creo que hay mucho menos modernismo de lo que la gente se figura.
– Tu no vives en Londres. Sin embargo, hasta cierto punto, llevas razon. La franqueza de las cosas no estriba en el cambio de las cosas. La diferencia entre los dias de mi juventud y los de hoy es tan solo una diferencia de expresion. Nosotros teniamos dudas, curiosidades y deseos, pero no los expresabamos. Ahora se expresan. Yo veo a muchos jovenes de las universidades; vienen a trabajar a St. Agustine's. Pues bien, desde la cuna estan acostumbrados a decir todo lo que piensan, y como lo dicen. Nosotros no lo deciamos, ?comprendes?, pero las mismas cosas nos pasaban por la mente. Toda la diferencia estriba en eso. En eso y en los automoviles.
– En tal caso yo estoy forjada a la antigua. No soy capaz de expresarme.
– Es el sentido del humor, Dinny. Acciona como un freno y te da conciencia de ti misma. Son pocos los jovenes actuales que tengan sentido del humor; a menudo tienen gracia, pero no es lo mismo. Nuestros jovenes pintores, escritores y musicos, ?podrian hacer lo que hacen si fueran capaces de burlarse de si mismos? Esta es la verdadera prueba del sentido del humor.
– Pensare en ello.
– Si, pero no pierdas el sentido del humor, Dinny. Es el perfume de la rosa. ?Vuelves a Condaford ahora?
– Creo que si. El proceso de Hubert no se reanudara hasta despues de la llegada del buque con el correo y faltan aun unos diez dias.
– Bien. Saluda de mi parte a Condaford… Quiza nunca mas vivire unos dias tan hermosos como los que pasamos alli cuando todos eramos ninos.
– Eso mismo pensaba yo mientras esperaba ser el ultimo de los negritos.
– Eres algo joven para llegar a esta conclusion. Aguarda a que te hayas enamorado.
– Lo estoy.
– Como, ?enamorada?
– No, esperando.
– El estar enamorado es una condicion pavorosa – dijo Hilary -. Sin embargo, jamas he tenido que lamentarme de ello.
Dinny lo miro de soslayo y descubrio los dientes. – ?Y si te volviese a coger, tio?
– ?Ah! -exclamo Hilary, golpeando la pipa contra un pilar-buzon -. Estoy fuera de peligro. En mi profesion no nos lo podemos permitir. Ademas, aun no estoy curado del primer ataque.
– No – dijo Dinny, compungida -. ?Tia May es estupenda!
– Tu lo has dicho. Aqui esta la estacion. ?Adios y bendita seas! He enviado mi maletin esta manana por mediacion del recadero. – Saludo con la mano y desaparecio.
Al llegar al hotel, Dinny busco a Adrian. No estaba y, mas bien desconsolada, salio de nuevo y entro en la catedral. Estaba a punto de sentarse para gozar de aquella belleza confortadora, cuando vio a su tio apoyado contra una columna, con los ojos fijos en una vidriera. Se le acerco y le deslizo una mano debajo del brazo. El la estrecho y no dijo palabra.
– ?Te gustan las vidrieras, tio?
– Me gustan inmensamente las vidrieras bonitas, Dinny. ?No has visto nunca la catedral de York?
Dinny movio la cabeza. Luego, comprendiendo que nada de cuanto podria decir la conduciria a lo que deseaba saber, pregunto francamente
– ?Que vas a hacer ahora, querido tio?
– ?Has hablado con Hilary?
– Si.
– Quiere que me vaya lejos, por un ano. – Yo tambien lo juzga oportuno.
– Es mucho tiempo, Dinny. Estoy volviendome viejo.
– ?Irias con la expedicion del profesor Hallorsen, si el te llevase?
– No creo que me lleve. – ?Oh, si!
– Iria si estuviera seguro de que Diana lo desea.
– Ella jamas te lo dira, pero tengo la certeza de que necesita de un completo descanso durante bastante tiempo.
– Cuando uno adora al sol – repuso Adrian en voz baja – le es muy duro ir donde el sol nunca brilla.
Dinny le estrecho el brazo.
– Lo se. Pero podrias deleitarte pensando en el momento en que tendras el placer de volverla a ver. Y esta vez se trata, de una expedicion sumamente saludable. Solo a Nuevo Mejico. Volverias rejuvenecido y con las piernas cubiertas de pieles, como se ve en las peliculas. Resultarias irresistible, tio, y mi mayor deseo es que seas irresistible. Todo lo que se necesita es que mueran las murmuraciones y los rumores.
– ?Y mi trabajo?
?Oh, eso puede arreglarse perfectamente! Si Diana no tiene ninguna preocupacion por un ano entero, sera una criatura diferente y tu pareceras la tierra de promision. Tengo el convencimiento de que se lo que me digo.
– Eres una atractiva y joven serpiente -dijo Adrian con una apagada sonrisa.
– Diana esta herida bastante gravemente.
– A veces creo que se trata de una herida mortal. – ?No, no!
– ?Por que volvera a pensar en mi una vez este yo lejos – Porque las mujeres son asi.
– ?Que sabes tu de las mujeres, a tu edad? Hace mucho tiempo me fui, y ella penso en Ferse. Temo no estar hecho del material adecuado.
– En ese caso, Nuevo Mejico es lo que necesitas. Volveras convertido en «hombre-macho». ?Piensa en ello! Yo te prometo cuidar de ella, y los ninos mantendran vivo tu recuerdo, Siempre estan hablando de ti, y yo me comprometo a que continuen haciendolo.
– Es extrano, desde luego – dijo Adrian, como si no estuviese hablando de cosas que le atanian -, pero siento que esta mas lejos de mi que cuando Ferse vivia.
– De momento y sera un largo momento. Pero se que con el tiempo todo saldra a pedir de boca. De veras, tio. Adrian callo durante un rato, y luego decidio
– Ire, Dinny, si Hallorsen quiere llevarme.
– Claro que te llevara. Inclinate, tio, para que pueda darte un beso.
Adrian se doblo y el beso le rozo la nariz. Un sacristan tosio…
Aquella misma tarde volvieron a Condaford, en el mismo orden de asientos, con el joven Tasburgh al volante. Durante aquellas ultimas veinticuatro horas Alan habla demostrado un tacto perfecto: no hizo ninguna proposicion y Dinny le estaba sumamente agradecida. Al igual que Diana, tambien ella necesitaba paz. Alan partio aquella tarde, Diana y los ninos el dia siguiente, y Clara regreso de su larga estancia en Escocia, de modo que solo la familia quedo en Condaford. No obstante, Dinny no se sentia tranquila. Ahora que habia cesado la preocupacion por el pobre Ferse, estaba oprimida y distraida pensando en Hubert. Era extrano que esa cuestion, todavia en suspenso, pudiese perturbarla tanto. Hubert y Jean escribian desde la costa oriental unas cartas bastante alegres. Juzgando por cuanto decian, no estaban preocupados. Dinny, en cambio, si lo estaba. Y sabia que tambien lo estaba su madre y mucho mas aun su padre. Clara se hallaba mas indignada que preocupada y el efecto de la colera sobre ella era estimular sus energias; de forma tal que pasaba las mananas con su padre, fuera de casa, y por las tardes desaparecia con el coche para visitar a los vecinos, en cuyas casas se quedaba a menudo hasta despues de cenar. Dado que era la persona mas alegre de la casa, siempre estaba muy, solicitada. Dinny guardaba para si su preocupacion. Habiale escrito a Hallorsen a proposito de su tio y le envio la fotografia que le prometiera, en la que figuraba con el traje hecho para su presentacion a la Corte, dos anos antes, cuando, por economia, ella y Clara fueron presentadas juntas. Hallorsen contesto a vuelta de correo: «El
