Durante los siguientes discursos de los dos abogados, la apatia de Dinny volvio y desaparecio de nuevo en el curso de los cinco minutos de silencio que les sucedieron. En todo el Tribunal, tan solo el magistrado parecia ocupado; y era como si nunca hubiese tenido que acabar. Mirandole a traves de las pestanas entornadas, le veia consultar una serie de documentos. Tenia el rostro colorado, la nariz larga, la barbilla puntiaguda, y unos ojos que le agradaban todas las veces que lograba verlos. Instintivamente sentia que no se encontraba a sus anchas. Finalmente dijo

– En este caso, yo no debo indagar si ha sido cometido un delito o -si el acusado lo ha cometido; tan solo debo preguntarme si las declaraciones que me han sido presentadas son tales que me convenzan de que la acusacion que contienen constituye un delito por el cual pueda pedirse la extradicion, si el mandato extendido por el pais extranjero esta debidamente autentificado y, si se han aducido pruebas suficientes para justificar, por parte de dicho pais, que el acusado deba sufrir proceso ante los Tribunales.

Se detuvo un momento, y luego anadio

– No cabe duda de que el delito alegado es susceptible de extradicion v que el mandato extranjero esta debidamente autentificado.

Se detuvo de nuevo y, en un silencio de muerte, Dinny oyo un largo suspiro, como si hubiera sido emitido por un espectro; tan aislado e incorporeo fue su sonido. Los ojos del magistrado se volvieron para mirar a Hubert y continuo

– A pesar mio, he llegado a la conclusion de que, basandome sobre las declaraciones aducidas, es mi deber recluir en la carcel al acusado, donde aguardara a que le entreguen al Gobierno extranjero, tras mandato del secretario de Estado, si este juzgara oportuno extender dicho mandato. He escuchado la declaracion del acusado, segun la cual el tenia una antecedente justificacion que quitaba al hecho de que le acusaban todo caracter de delito, sostenida por la declaracion de un testigo y contradicha por la de otros cuatro. No tengo la posibilidad de escoger entre la calidad contradictoria de estas dos declaraciones, salvo en la proporcion de cuatro contra dos y, por consiguiente, dejare de ocuparme de ello. Frente a la declaracion jurada de cuatro testigos, que sostienen que hubo premeditacion, no creo que la afirmacion contraria del acusado, no corroborada por prueba alguna, podria justificar, en caso de delito cometido en este pais, la negativa de entregarle a los Tribunales. Por lo tanto, no puedo aceptarla como justificacion de la negativa de entregarle, tratandose de un delito cometido en otro pais. No titubeo en confesar mi poca satisfaccion al llegar a esta conclusion, pero me parece que no tengo otra salida. La cuestion, repito, no estriba en el hecho de que el acusado sea mas o menos inocente, pero en lo que se refiere a si se ha de celebrar o no un proceso, yo no puedo asumir la responsabilidad de decir que no habria de tener lugar. En ocasiones como esta, la ultima palabra ha de decirla el secretario de Estado, quien extiende la orden de entrega. Yo, por lo tanto, lo recluyo en la carcel, donde aguardara a que el mandato sea extendido. No sera entregado usted hasta que no haya expirado el plazo de quince dias, y tiene usted derecho a pedir la aplicacion de la ley del Habeas Corpus, por lo que a la legalidad de su encarcelamiento se refiere. Yo no tengo poder de otorgarle ulterior libertad provisional, pero puede que la logre si la solicita a la Real Corte.

Los ojos horrorizados de Dinny vieron que Hubert, muy tieso, hada una ligera inclinacion al magistrado y salia del banco lentamente y sin volverse. Tras de el salio tambien su abogado.

Ella permanecio sentada, como atontada, y su unica impresion de los momentos que siguieron fue la vision del petrificado rostro de Jean y de las bronceadas manos de Alan, que se apretaban sobre el puno de su baston.

Volvio en si al darse cuenta de que las lagrimas surcaban las mejillas de su madre, y que su padre se habia puesto en pie. Vamos -dijo este-, salgamos de aqui.

En ese momento lo sintio mas por su padre que por cualquier otro. Desde que habia sucedido el hecho, ?habia hablado tan poco y sufrido tanto! ?Para el era espantoso! Dinny comprendia harto bien sus sencillos sentimientos. Para el, la negativa de creer en la palabra de Hubert significaba un insulto lanzado a la cara de su hijo, a la suya, padre de Hubert, y tambien a la cara de todo cuanto ellos representaban: a la cara de todos los soldados y de todos los caballeros.

Fuera lo que fuese que sucediera mas adelante, jamas volveria a rehacerse del golpe. Entre la justicia y lo que era justo, ?que inexorable incompatibilidad! ?Es que habia hombres mas honorables que su padre, que su hermano y que aquel mismo magistrado?

Mientras caminaba por ese desordenado callejon sin salida de vida y de trafico que es Bow Street, se dio cuenta de que estaban todos, salvo Jean, Alan y Hallorsen. Sir Lawrence dijo.

– Es mejor que cojamos unos taxis y que nos vayamos. Lo mas conveniente seria que fueramos a Mount Street para consultar que debemos hacer.

Cuando media hora mas tarde se reunieron en la salita de tia Em, aquellos tres aun estaban ausentes.

– ?Que les habra sucedido? – pregunto sir Lawrence. – Probablemente habran ido a buscar al abogado de Hubert – contesto Dinny; pero ella sabia algo mas. Se estaba organizando algun proyecto desesperado y poca fue la atencion que presto al consejo de familia.

Segun la opinion de sir Lawrence, el unico hombre que podia ayudarles realmente era Bobbie Ferrar. Si el no tenia influencia sobre Walter, nadie mas la tendria. Y propuso ir nuevamente a verles a el y al marques.

El general nada dije. Permanecia algo apartado, mirando uno de los cuadros de su cunado, evidentemente sin verlo. Dinny comprendio que no se les unia porque no podia hacerlo. Quien sabe en que estaba pensando! Quizas en cuando era joven como su hijo, o tal vez en los largos dias de maniobras bajo el sol abrasador entre las arenas y las rocas de la India y de Sudafrica. O bien en los dias aun mas largos transcurridos en las oficinas administrativas, en los estudios agotadores hechos sobre los mapas geograficos, con los ojos sobre el reloj y los oidos atentos al telefono. O en sus heridas y en la larga enfermedad de su hijo o bien en la extrana compensacion que, al fin, obtenian dos vidas dedicadas al servicio de su pais.

Ella estaba al lado de Fleur, dandose cuenta instintivamente de que de ese cerebro limpido y vivaz podria quiza venir una sugerencia realmente eficaz.

– El Squire tiene mucha influencia en el Gobierno Yo podria ir a ver a Bentworth -oyo que decia Hilary, y el Rector anadio

– ?Ah! Le conoci en Eaton. Ire con usted. Tia Wilmet, con su voz ronca, dijo

– Yo volvere a ver a Hen. Conoce a los soberanos. Michael observo

– Dentro de unos quince dias se reanudaran las sesiones en la Camara.

Y Fleur, impaciente, replico

– Eso no servira de nada, Michael. Y tampoco sirven los periodicos. Tengo una idea.

Dinny se acerco un poco mas.

– No hemos examinado suficientemente el fondo del asunto. ?Que hay detras de todo esto? ?Por que el Gobierno boliviano ha de preocuparse tanto por un mulero mestizo? No es el delito en si lo que cuenta, sino la ofensa inferida a su Pais. ?Ser fustigados y matados por extranjeros!… Es menester hacer algo para que el ministro boliviano se vea obligado a decirle a Walter que en realidad a ellos el asunto no les importa mucho.

– No podemos raptarle – repuso Michael -.r. En los altos circulos eso no se usa.

Una palida sonrisa aparecio en los labios de Dinny. No estaba muy segura de ello.

– Veremos – dijo Fleur, como hablando consigo misma -. Dinny, deberias venirte con nosotros. Aqui no iran mas lejos – y sus ojos pasaron rapidamente revista a los ancianos-. Ire a ver a tio Lionel y a Alison. El no se atrevera a moverse, puesto que le han nombrado juez hace poco, pero ella si. Ademas conoce a todas las personas de las Legaciones. ?Quieres venir, Dinny?

– Yo tendria que quedarme con mama y papa.

– Pasaran unos dias aqui. Tia Em acaba de pedirselo. Bueno, si tu tambien te quedas, ven a mi casa todas las veces que quieras; podrias serme de ayuda.

Dinny asintio, contenta de seguir en Londres, porque el pensar en Condaford la oprimia ahora que se hallaban en un periodo de incertidumbre.

– Ahora nos vamos -dijo ' Fleur -. Yo me pondre en seguida en contacto con Alison. ?Mimo, Dinny ? Ya veras que de un modo u otro lograremos sacarle del atolladero. ?Si por lo menos no se tratase de Walter! No puede haber hombre menos indicado. Imaginar que uno siempre ha de ser «justo» es una especie de enfermedad mental.

Cuando todos, salvo los mas intimos de la familia, se hubieron marchado, Dinny se aproximo a su padre. Todavia permanecia derecho delante de un cuadro, pero no era el mismo de antes.

Deslizandole una mano debajo del brazo, le dijo

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