pregunta.

– ?Le puedo preguntar algo? ?Por que cree que no merece morir?

Ricky pudo notar la sonrisa del hombre, sin duda una sonrisa fria, cruel.

– Todo el mundo merece morir por algo -anadio-. Nadie es inocente, doctor. Ni usted. Ni yo. Nadie. - Rumplestiltskin parecio estremecerse en ese momento. Ricky se imagino los dedos del hombre cerrandose sobre su arma-. Mire, doctor Starks -dijo con una fria resolucion que indicaba lo que estaba pensando-. Creo que, a pesar de lo interesante que ha sido esta ultima sesion y aunque hay mucho mas que decir, se ha acabado el tiempo de hablar. Ha llegado el momento de que alguien muera. Y usted es quien tiene mas numeros.

Ricky ajusto la mira de la pistola e inspiro hondo. Estaba apretujado contra los escombros, incapaz de moverse y con el camino detras de el tambien bloqueado. Toda la vida que habia vivido y toda la que tenia por vivir descartadas, todo por un solo acto de negligencia cuando era joven y debio haber actuado de otro modo.

En un mundo de opciones, no le quedaba ninguna. Puso el dedo en el gatillo de la pistola y se armo de fuerza y voluntad.

– Olvidas algo -dijo despacio, con frialdad-. El doctor Starks ya esta muerto.

Y disparo.

Fue como si el hombre reaccionara al menor cambio en la voz de Ricky, que reconocio en el primer tono duro de la primera palabra, y su preparacion y la comprension de la situacion tomaran el control, de modo que su reaccion fue incisiva, inmediata y sin vacilacion. Cuando Ricky apreto el gatillo, Rumplestiltskin se arrojo a un lado, girando al hacerlo, con lo que el primer disparo, dirigido al centro de su espalda, le desgarro, en cambio, el omoplato y el segundo le atraveso el brazo derecho con un sonido de rasgadura, sordo al dar en la carne y crujiente al pulverizar el hueso.

Ricky disparo una tercera vez, por reflejo, y la bala, sibilante, se perdio en la oscuridad.

Rumplestiltskin se retorcio con un grito ahogado mientras una oleada de adrenalina superaba la fuerza de los impactos que habia recibido y le llevaba a intentar levantar el arma con el brazo destrozado. Agarro el arma con la mano izquierda y procuro mantenerla firme mientras se tambaleaba hacia atras en precario equilibrio. Ricky se quedo paralizado al ver elevarse el canon de la pistola automatica, como la cabeza de una cobra, yendo de un lado a otro y buscandole con su unico ojo, mientras el hombre que la empunaba se tambaleaba como al borde resbaladizo de un precipicio.

La detonacion fue irreal, como si le pasara a otra persona, a alguien lejano que no guardara relacion con el. Pero el silbido de la bala que surco el aire sobre su cabeza si fue real y catapulto a Ricky de vuelta a la accion. Un segundo disparo rasgo el aire, y noto el viento caliente de la bala al atravesar la masa informe del capote que le colgaba de los hombros. Inspiro y olio a polvora y humo. A continuacion levanto su arma a la vez que combatia los nervios electricos que amenazaban con hacerle temblar las manos y encanono la cara de Rumplestiltskin mientras el asesino se desplomaba frente a el.

El asesino parecio balancearse hacia atras en un intento de incorporarse, como si esperara el disparo final, mortifero. Su arma habia resbalado hacia el suelo y le colgaba a un lado del cuerpo despues de su segundo disparo, sujeta solo con la punta de unos dedos crispados que ya no respondian a unos musculos destrozados y sangrantes. Se llevo la mano izquierda a la cara, como para protegerse del tiro de gracia.

La adrenalina, la colera, el odio, el miedo, la suma de todo lo que le habia pasado se le junto, en ese instante, exigiendo, insistiendo, gritandole ordenes, y Ricky penso sin reflexionar que por fin, en ese preciso momento, iba a ganar.

Y entonces se detuvo porque, de repente, se dio cuenta de que no iba a hacerlo.

Rumplestiltskin habia palidecido, como si la luz de la luna le iluminara la cara. Por el brazo y el torax le corria sangre, que semejaba rayas de tinta negra. Intento otra vez, debilmente, sujetar el arma y levantarla, pero no pudo. El shock se apoderaba con rapidez de su cuerpo, lo que entorpecia sus movimientos y nublaba su raciocinio. Era como si la calma que habia descendido sobre los dos hombres cuando los ecos de los disparos se desvanecieron fuera palpable y cubriera todos sus movimientos.

Ricky contemplo al hombre que habia conocido y, sin embargo, no habia conocido como paciente, y supo que Rumplestiltskin moriria desangrado con bastante rapidez. O sucumbiria al shock.

Penso que solo en las peliculas se podia disparar de cerca balas potentes a un hombre y que este siguiera teniendo fuerzas para bailar la giga. Calculo que a Rumplestiltskin solo le quedaban minutos.

Una parte desconocida de el le insistia que se quedara a ver como ese hombre moria.

No lo hizo. Se puso de pie y avanzo. Dio un puntapie a la pistola para alejarla de la mano del asesino y luego metio la suya en la mochila. Mientras Rumplestiltskin farfullaba algo en su lucha contra la inconsciencia que anunciaria la muerte, Ricky se agacho e hizo un esfuerzo para levantarlo del suelo y, con el mayor impulso que pudo, se lo cargo al hombro al modo de los bomberos.

Se enderezo despacio para adaptarse al peso y, reconociendo la ironia de la situacion, avanzo tambaleante a traves de las ruinas para sacar de los escombros al hombre que queria verlo muerto.

El sudor le escocia los ojos y tenia que esforzarse para dar cada paso. Lo que transportaba parecia mucho mayor que cualquier cosa que hubiese cargado nunca. Noto que Rumplestiltskin perdia el conocimiento y oyo como su respiracion se volvia cada vez mas ruidosa y dificultosa, asmatica con la cercania de la muerte. El, por su parte, inspiraba grandes bocanadas de aire humedo y se impulsaba con pasos firmes, automaticos, cada uno mas dificil que el anterior y de un desafio creciente. Se dijo que era el unico modo de lograr la libertad.

Se detuvo al borde de la carretera. La noche los envolvia a ambos. Dejo a Rumplestiltskin en el suelo y paso las manos sobre sus ropas. Para su alivio, encontro lo que esperaba: un telefono movil.

A Rumplestiltskin le costaba cada vez mas respirar. Ricky sospechaba que la primera bala se habia fragmentado al impactar contra el omoplato y que el sonido borboteante que oia se debia a un pulmon perforado. Contuvo lo mejor que pudo la hemorragia de las heridas y llamo al numero de Urgencias de Wellfleet que recordaba desde hacia tanto tiempo.

– Servicio de Urgencias de Cape Cod -anuncio una voz abrupta, eficiente.

– Escuche con mucha atencion -pidio Ricky, despacio, haciendo una pausa entre las palabras-. Solo se lo voy a decir una vez, asi que captelo bien. Ha habido un tiroteo accidental. La victima se encuentra en Old Beach Road, frente a la antigua casa de veraneo del difunto doctor Starks, la que se incendio el verano pasado. Esta junto al camino de entrada. La victima presenta heridas de arma de fuego en el omoplato y en el antebrazo derecho, y se encuentra en estado de shock. Morira si no llegan aqui en unos minutos. ?Lo ha entendido?

– ?Quien llama?

– ?Lo ha entendido?

– Si. Estoy enviando los equipos de urgencia a Old Beach Road. ?Quien llama?

– ?Conoce el lugar que le he dicho?

– Si. Pero tengo que saber quien llama.

Ricky reflexiono antes de contestar:

– Nadie que todavia sea alguien.

Colgo el auricular. Saco su arma, extrajo las balas que quedaban del cargador y las lanzo lo mas lejos que pudo en el bosque.

Luego dejo caer la pistola junto al hombre herido. Tambien saco la linterna de la mochila, la encendio y la coloco sobre el torax del asesino inconsciente. A lo lejos se oian sirenas. Los bomberos estaban a solo unos kilometros de distancia, en la carretera 6. No tardarian demasiado en llegar alli. Supuso que el viaje al hospital llevaria quince minutos, quiza veinte. No sabia si el personal de urgencias podria estabilizar al herido o si era capaz de atender heridas graves de bala. Tampoco sabia si estaria de guardia un equipo quirurgico adecuado. Echo otro vistazo al asesino y no supo si sobreviviria las proximas horas. Tal vez si. Tal vez no. Por primera vez en toda su vida, Ricky disfruto de la incertidumbre.

La sirena de la ambulancia se acercaba con rapidez. Ricky se volvio y se alejo, despacio los primeros pasos pero aumentando el ritmo hasta correr con grandes zancadas. Sus pies resonaban en la carretera con un ritmo regular, dejando que la oscuridad de la noche envolviera su presencia hasta ocultarlo completamente.

Ricky desaparecio como un fantasma recien conjurado.

En las afueras de Puerto Principe Una hora despues del alba, Ricky estaba observando como una pequena lagartija verde lima recorria veloz la pared, desafiando la gravedad a cada paso. El animalito se movia por rachas y se detenia de vez en cuando para extender el saco naranja de la garganta antes de salir disparado unos pasos

Вы читаете El psicoanalista
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату