cara de poquer que tan bien conocian sus pacientes.

– ?Asi que crees que el salmon sera fresco? -se limito a decir.

– Seguro que da coletazos y boqueadas -contesto Virgil.

– Eso pareceria apropiado.

La joven bebio un sorbo de vino. Ricky aparto su vaso a un lado y bebio agua.

– Con la pasta y el pescado se bebe vino blanco -indico Virgil-.

Pero bueno, no estamos en la clase de lugar que sigue las normas, ?no? No me imagino a ningun sumiller que se acerque cenudo para comentarnos lo inadecuado de nuestra eleccion.

– Yo tampoco -contesto Ricky.

Virgil continuo hablando con rapidez pero sin ningun nerviosismo. Sonaba mas bien como un nino entusiasmado por su cumpleanos.

– Por otra parte, beber tinto da un aire mas despreocupado, ?no crees, Ricky? Un atrevimiento que sugiere que, en realidad, no nos importa lo que digan las convenciones y hacemos lo que queremos. ?Puedes sentir eso, Ricky? Me refiero a cierto espiritu de aventura y anarquia, a alejarse de las normas. ?Que opinas?

– Opino que las normas estan cambiando todo el rato.

– ?Las de etiqueta?

– ?Estamos hablando de eso? -repuso.

Virgil sacudio la cabeza, con lo que su melena rubia se agito seductora. Echo un poco la cabeza atras para reir y Ricky pudo ver su cuello largo y atractivo.

– No, claro que no, Ricky. En eso tienes razon.

La camarera les llevo una cestita de mimbre llena de panecillos y mantequilla, lo que les sumio en un silencio glacial, un momento de complicidad compartida. Cuando la camarera se marcho, Virgil cogio un panecillo.

– Estoy hambrienta -afirmo.

– ?Arruinarme la vida quema calorias? -repuso Ricky.

– Eso parece -sonrio ella-. Me gusta, de verdad. ?Como deberiamos llamarlo, doctor? ?Que tal «dieta de la destruccion»? ?Te gusta? Podriamos amasar una fortuna y marcharnos a alguna exotica isla paradisiaca, solos tu y yo.

– No me parece -solto Ricky con aspereza.

– Lo imaginaba -contesto Virgil mientras untaba el panecillo con abundante mantequilla.

Mordio la punta con un ruido crujiente.

– ?Por que estas aqui? -pregunto Ricky en voz baja, calmada, pero que contenia toda la insistencia que podia imprimirle-. Tu y tu jefe pareceis tener muy bien planeada mi ruina. Paso a paso.

– ?Has venido a burlarte de mi? ?A anadir un poco de tormento a su juego?

– Nadie ha descrito nunca mi compania como un tormento -dijo Virgil con fingida expresion de sorpresa-. Querria pensar que la encontrabas, si no agradable, por lo menos interesante.

Y piensa en tu propia situacion, Ricky. Viniste aqui solo, viejo, nervioso, lleno de dudas y ansiedad. Quien se hubiera dignado siquiera a mirarte habria sentido una lastima fugaz y habria seguido comiendo y bebiendo sin hacer caso del anciano en que te has convertido. Pero todo eso cambia cuando yo estoy sentada frente a ti. De repente ya no eres tan previsible, ?verdad? -Sonrio-. No puede ser tan malo.

Ricky sacudio la cabeza. Se le habia hecho un nudo en el estomago y tenia mal sabor de boca.

– Mi vida… -empezo.

– Tu vida ha cambiado. Y seguira cambiando. Por lo menos durante unos dias mas. Y entonces… Bueno, ese es el problema, ?no?

– ?Disfrutas con esto? -pregunto Ricky-. ?Con verme sufrir?

Es curioso porque no te habria tomado por una sadica tan entregada. A tu senor R puede que si, pero no estoy tan seguro sobre el porque sigue un poco distante. Aunque acercandose, supongo.

Pero tu, senorita Virgil, no creia que poseyeras la psicopatologia necesaria. Claro que podria equivocarme. Y de eso se trata, ?no?

De cuando me equivoque en algo, ?no es asi?

Ricky bebio un sorbo de agua con la esperanza de haber inducido a la joven a revelarle algo. Por un instante vio que la colera le dibujaba unas arruguitas en las comisuras de los ojos y unas minusculas senales oscuras en las de los labios. Pero se recobro y ondeo el panecillo a medio comer en el aire que los separaba como si desechara sus palabras.

– Interpretas mal mi funcion, Ricky.

– Vuelve a explicarmela.

– Todo el mundo necesita un guia que lo lleve hacia el infierno, Ricky. Ya te lo dije.

– Lo recuerdo.

– Alguien que te conduzca por las costas rocosas y los bajios escondidos del averno.

– Y tu eres ese alguien, ya lo se. Me lo dijiste.

– Bueno, ?estas ya en el infierno, Ricky?

El se encogio de hombros buscando enfureceria. No lo logro.

– ?Quiza llamando a las puertas del infierno? -anadio la joven.

Ricky sacudio la cabeza, pero ella lo ignoro.

– Eres un hombre orgulloso, doctor Ricky. Te duele perder el control de tu vida, ?no? Demasiado orgulloso. Y todos sabemos lo que sigue directamente al orgullo. Oye, este vino no esta mal. Deberias probarlo.

Ricky tomo su copa y se la llevo a los labios, pero hablo en lugar de beber:

– ?Eres feliz delinquiendo, Virgil?

– ?Que te hace pensar que he cometido algun delito, doctor?

– Todo lo que tu jefe y tu habeis hecho es delictivo. Todo lo que habeis planeado lo es.

– ?De veras? Creia que eras experto en neurosis de la clase alta y ansiedad de la clase media alta. Pero supongo que estos ultimos dias has desarrollado una vena forense.

Ricky dudo. No le gustaba jugar a las cartas. El psicoanalista las reparte despacio, en busca de reacciones, intentando propiciar recuerdos, pero sin participar. Sin embargo, tenia muy poco tiempo, y mientras observaba como la joven cambiaba de postura en la silla, no estuvo del todo seguro de que esa reunion fuera tal como el esquivo senor R habia previsto. Sintio cierta satisfaccion al pensar que estaba desbaratando las consecuencias precisas, aunque solo fuera un poco.

– Por supuesto -afirmo-. Hasta ahora habeis cometido varios delitos graves, empezando por el posible asesinato de Roger Zimmerman.

– La policia lo ha considerado un suicidio.

– Conseguisteis que un asesinato pareciera un suicidio. Estoy convencido.

– Bueno, si vas a ser tan obstinado, no intentare que cambies de opinion. Pero creia que tener una actitud abierta era una caracteristica de tu profesion.

Ricky no hizo caso de esa pulla e insistio.

– Tambien robo y fraude.

– Oh, dudo que haya alguna prueba de ello. Es un poco como lo del arbol que cae en el bosque: si no hay nadie presente, ?hace ruido? Si no existe prueba, ?tuvo realmente lugar un delito? Y si la hay, esta en el ciberespacio, junto con tu dinero.

– Por no mencionar tu pequena difamacion con esa denuncia falsa a la Sociedad Psicoanalitica. Fuiste tu, ?verdad? Enganaste a ese idiota de Boston con una actuacion muy elaborada. ?Tambien te quitaste la ropa para el?

Ella se aparto de nuevo el cabello de la cara y se retrepo en la silla.

– No fue necesario. Es uno de esos hombres que se comportan como cachorros cuando les reprochas algo. Se pone boca arriba y expone los genitales con unos pateticos gemidos. ?No es sorprendente lo mucho que puede creer una persona cuando quiere creer?

– Limpiare mi reputacion -le espeto Ricky.

– Para eso tienes que estar vivo, y ahora mismo tengo mis dudas.

Virgil sonrio.

El no contesto porque tambien tenia sus dudas. Vio que la camarera se acercaba con los platos. Los puso en

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