la mesa y les pregunto si deseaban algo mas. Virgil pidio un segundo vaso de vino, pero Ricky nego con la cabeza.
– Eso esta bien -afirmo Virgil cuando la camarera se marcho-.
Mantente despejado.
Ricky observo la comida humeante frente a el.
– ?Por que estas ayudando a ese hombre? -pregunto de pronto-. ?Que ganas tu con ello? ?Por que no te olvidas de toda esta patrana, dejas de portarte como una idiota y vas conmigo a la policia? Podriamos detener este juego y yo me encargaria de que recuperaras alguna apariencia de vida normal. Sin cargos. Podria hacerlo.
Virgil mantuvo la mirada en el plato mientras con el tenedor jugueteaba con la pasta y el trozo de salmon. Cuando levanto la mirada para encontrarse con la de Ricky, sus ojos apenas ocultaban la rabia.
– ?Tu te encargarias de que volviera a tener una vida normal?
?Eres mago? Y ?que te hace pensar que una vida normal sea tan maravillosa?
– Si no eres una delincuente, ?por que estas ayudando a uno? -insistio el, sin hacer caso a su pregunta-. Si no eres una sadica, ?por que trabajas para uno? Si no eres una psicopata, ?por que te unes a uno? Y si no eres una asesina, ?por que ayudas a uno?
Virgil lo siguio mirando. Toda la excentricidad y la vivacidad despreocupada de su actitud habian desaparecido, sustituidas por una repentina severidad glacial.
– Quiza porque me paga bien -dijo despacio-. Hoy en dia hay mucha gente dispuesta a hacer cualquier cosa por dinero. ?Podrias creer eso de mi?
– Me costaria -contesto Ricky, prudente, aunque probablemente no le costaria nada.
– Asi que descartas el dinero como mi movil. ?Sabes?, no estoy segura de que debas hacerlo. -Meneo la cabeza-. ?Otro motivo tal vez? ?Que otros motivos podria tener? Tu debes de ser el experto en ese terreno. ?No define bastante bien lo que haces el concepto «busqueda de motivos»? ?Y no forma tambien parte del juego que estamos practicando? Vamos, Ricky. Ya hemos tenido dos sesiones juntos. Si no es el dinero, ?cual es mi motivo?
– No te conozco suficiente… -empezo sin conviccion mientras la miraba con dureza.
La joven dejo el cuchillo y el tenedor con una lentitud que indicaba que no le gustaba esta respuesta.
– Hazlo mejor, Ricky. Por mi. Despues de todo, a mi modo, estoy aqui para guiarte. El problema es que la palabra «guia» tiene connotaciones positivas que pueden ser incorrectas. Puede que tenga que dirigirte hacia donde no quieras ir. Pero una cosa si es segura: sin mi no te acercaras a una respuesta, lo que significara tu muerte, o la de alguien cercano a ti y que no sabe nada de todo esto. Y morir a ciegas es estupido, Ricky. Un crimen peor en cierto sentido.
Asi que contesta a mi pregunta: ?que otros motivos podria tener?
– Me odias. Tanto como ese R, solo que no se por que.
– El odio es una emocion imprecisa, Ricky. ?Crees que la conoces?
– Es algo de lo que se habla todos los dias en mi consulta.
– No, no, no. -Virgil sacudio la cabeza-. Oyes hablar de colera y frustracion, que son elementos secundarios del odio. Oyes hablar de abuso y crueldad, que tambien tienen papeles destacados en ese escenario, pero que son solo comparsas. Y, sobre todo, oyes hablar de inconveniencias. Las aburridas y monotonas inconveniencias de siempre. Y eso guarda tan poca relacion con el puro odio como una aislada nube negra con una tormenta. Esa nube tiene que unirse a otras y crecer vertiginosamente antes de descargar.
– Pero tu…
– No te odio, Ricky. Aunque quiza podria llegar a hacerlo.
Prueba con otra cosa.
No se lo creyo en absoluto, pero en ese momento se sentia perdido al intentar dar con una respuesta. Inspiro con fuerza.
– Amor, entonces -solto Ricky de repente.
– ?Amor?
Virgil sonrio de nuevo.
– Intervienes porque estas enamorada de ese hombre, Rumplestiltskin.
– Es una idea curiosa. Sobre todo porque te dije que no se quien es. Nunca lo he visto.
– Si, ya me lo dijiste. Pero no me lo creo.
– Amor. Odio. Dinero. ?Esos son los unicos motivos que se te ocurren?
– Acaso miedo -aventuro Ricky tras dudar.
– Eso esta bien pensado, Ricky -asintio ella-. El miedo puede provocar todo tipo de comportamiento inusual, ?verdad?
– Si.
– ?Sugiere tu analisis que tal vez el senor R me amenace de algun modo? ?Como un secuestrador que obliga a sus victimas a dar dinero con la patetica esperanza de que les devuelva al perro, al hijo o a quien sea que se haya llevado? ?Me comporto como una persona a la que piden que actue en contra de su voluntad?
– No -admitio Ricky.
– Muy bien. ?Sabes, Ricky?, eres un hombre que no aprovecha las oportunidades que se le presentan. Es la segunda vez que me he sentado frente a ti, y en lugar de intentar ayudarte a ti mismo, me has suplicado que te ayude, cuando no tienes nada que te haga merecedor de mi colaboracion. Deberia haberlo previsto, pero tenia esperanzas. De verdad. Ya no muchas, sin embargo… -Agito la mano en el aire para descartar una respuesta-. Vamos al grano.
– ?Recibiste la respuesta a tus preguntas en el periodico de esta manana?
– Si -confirmo Ricky tras una pausa.
– Perfecto. Es por eso que me ha enviado aqui esta noche. Para comprobarlo. Penso que no seria justo que no recibieras las respuestas que estabas buscando. Me sorprendio, por supuesto. El senor R ha decidido acercarte mucho a el. Mas de lo que a mi me pareceria prudente. Elige bien tus proximas preguntas, Ricky, si quieres ganar. Me parece que te ha dado una gran oportunidad.
Pero manana por la manana solo te quedara una semana. Siete dias y dos preguntas mas.
– Se el tiempo que tengo.
– ?De verdad? Creo que aun no lo has captado. Aun no. Pero, ya que hemos estado hablando sobre motivaciones, el senor R te manda algo para ayudarte a acelerar el ritmo de tu investigacion.
Virgil se agacho y levanto el portafolios, que habia dejado en el suelo. Lo abrio con lentitud y saco un sobre de papel manila parecido a los otros que Ricky habia recibido. Se lo tendio por encima de la mesa.
– Abrelo -dijo-. Esta lleno de motivacion.
Ricky lo hizo. Contenia media docena de fotografias en blanco y negro de 20 x 25 Las saco y las examino. Habia tres sujetos distintos, cada uno en el centro de dos fotografias. Las primeras instantaneas eran de una joven de unos dieciseis anos, en vaqueros y con una camiseta manchada de sudor; llevaba un cinturon de herramientas a la cintura y empunaba un martillo. Parecia estar trabajando en unas obras. Las dos fotografias siguientes eran de otra chica, mas joven, de unos doce anos, que remaba en una canoa en un lago de una region boscosa. La primera instantanea tenia mucho grano, mientras que la segunda, tomada al parecer con un teleobjetivo, era un primer plano tan cercano que permitia verle el aparato corrector en la boca. Y, por ultimo, dos mas de otro adolescente, un muchacho de pelo largo y sonrisa despreocupada que hablaba con un vendedor ambulante en lo que parecia una calle de Paris.
Las seis fotografias tenian todo el aspecto de haber sido tomadas sin que los que aparecian en ellas lo supieran.
Ricky las observo con atencion y alzo los ojos hacia Virgil. La joven ya no sonreia.
– ?Reconoces a alguien? -pregunto con frialdad.
Ricky nego con la cabeza.
– Vives en un aislamiento increible, Ricky. Miralas un poco mas. ?Sabes quienes son estos chicos?
– No. No lo se.
– Son fotografias de algunos de tus parientes lejanos. Cada uno de esos chicos esta en la lista de nombres que el senor R te envio al principio del juego.
Ricky observo de nuevo las fotografias.
