Le estrecho la mano con firmeza.
– Me alegro de verle, doctor. Aunque debo decir que es algo inesperado.
Parecio valorar con rapidez su aspecto, mirandolo de arriba abajo como un sastre examina a un caballero poco en forma que quiere encajarse un traje moderno y con estilo.
– Gracias por recibirme -empezo, pero ella le interrumpio.
– Tiene un aspecto terrible, doctor. Quiza se este tomando demasiado en serio el pequeno enfrentamiento de Zimmerman con el metro.
– No duermo muy bien -admitio Ricky a la vez que meneaba la cabeza con una leve sonrisa.
– No me diga -contesto ella.
Hizo un ademan con el brazo en direccion a una sala anexa.
La sala de interrogatorios era lobrega e inquietante, un recinto estrecho desprovisto de cualquier adorno, con una mesa metalica en el centro y tres sillas plegables de metal, iluminada por un fluorescente. La mesa tenia la superficie de linoleo, estropeada con aranazos y manchas de tinta. Ricky penso en su consulta y, en particular, en el divan y en como cada objeto a la vista del paciente tenia un efecto en el analisis. Penso que esta sala, tan yerma como un paisaje lunar, era un lugar horrible para explicarse pero, acto seguido, comprendio que las explicaciones que se daban en ese sitio eran terribles de por si.
Riggins debio de percatarse del modo en que examinaba la habitacion porque dijo:
– El presupuesto oficial para decoracion es muy exiguo este ano. Tuvimos que prescindir de los
Sientese, doctor. Cuenteme que le preocupa. -La detective Riggins intento contener una sonrisa-. ?No es eso mas o menos lo que diria usted?
– Mas o menos. Aunque no se que le resulta tan divertido.
Ella asintio y parte del humor de su voz desaparecio.
– Disculpe -dijo-. Es la inversion de papeles, doctor Starks. No solemos recibir profesionales destacados de la zona residencial. Solemos tratar con delitos bastante rutinarios y feos. Atracos en su mayoria. Bandas. Indigentes que entablan peleas que acaban en homicidios. ?Que le preocupa tanto? Prometo tomarmelo muy en serio.
– Le divierte verme…
– Estresado. Si, lo admito.
– ?No le gusta la psiquiatria?
– No. Tuve un hermano clinicamente deprimido y esquizofrenico. Entro y salio de todas las instituciones mentales de la ciudad y todos los medicos hablaron y hablaron pero no lo ayudaron en absoluto. Esta experiencia me predispuso en contra. Dejemoslo asi.
Ricky espero un momento y dijo:
– Mi mujer murio hace unos anos de cancer de ovarios, pero yo no deteste a los oncologos que no lograron salvarla. Deteste la enfermedad.
–
Ricky no sabia muy bien por donde empezar, pero decidio que Zimmerman era un comienzo tan bueno como cualquier otro.
– Lei la nota de suicidio -comento-. Para serle franco, no sonaba demasiado a mi paciente. ?Podria decirme donde la encontro?
– Claro. -Riggins se encogio de hombros-. Estaba sobre la almohada de su cama, en su casa. Bien doblada y colocada con cuidado; era imposible no verla.
– ?Quien la encontro?
– Pues yo. El dia despues de hablar con los testigos y con usted, y de acabar con el papeleo, fui a casa de Zimmerman y la vi en cuanto entre en su habitacion.
– La madre de Zimmerman es invalida…
– Estaba tan consternada tras recibir la llamada telefonica inicial que tuve que mandar una ambulancia para que la llevara al hospital a pasar un par de noches. Creo que la van a trasladar a un centro de viviendas con asistencia en el condado de Rockland en los proximos dias. El hermano se esta encargando de eso. Por telefono, desde California. No parece muy afectado por lo ocurrido ni rebosar bondad humana, en especial en lo que a su madre se refiere.
– A ver si lo entiendo. Llevan a la madre al hospital y al dia siguiente usted encuentra la nota.
– Exacto.
– Asi que no tiene modo de saber cuando pusieron esa nota en la habitacion, ?verdad? La casa estuvo vacia bastante tiempo.
La detective Riggins sonrio.
– Bueno, se que Zimmerman no la puso despues de las tres de la tarde porque fue entonces cuando tomo ese tren antes de que parara, lo que no es una idea nada acertada -comento.
– Alguien mas pudo ponerla ahi.
– Claro. Lo creeria si yo fuese la clase de persona que ve conspiraciones por todas partes y cree en la teoria de los multiples francotiradores en el asesinato de Kennedy. No era feliz y se lanzo a la via, doctor. Esas cosas pasan.
– Esa nota estaba mecanografiada -prosiguio Ricky-. Y sin firmar, salvo a maquina.
– Si. En eso tiene razon.
– Escrita en un ordenador, supongo.
– Bingo. Esta empezando a sonar como un detective, doctor.
– Creo haber oido en algun sitio que las maquinas de escribir podian localizarse, que el modo en que las teclas golpean el papel es reconocible -comento Ricky tras pensar un momento-. ?Pasa lo mismo con una impresora?
– No.
Riggins meneo la cabeza.
– No se demasiado sobre ordenadores -dijo Ricky tras vacilar por un instante-. Nunca los necesite en mi trabajo -prosiguio con la mirada fija en la mujer, que parecia algo incomoda con sus preguntas-. Pero ?no conservan un registro interno de todo lo que se ha escrito en ellos?
– Tambien acierta en eso. Normalmente en el disco duro. Y ya veo donde quiere llegar. No, no comprobe el ordenador personal de Zimmerman para asegurarme de que hubiera escrito realmente la nota en el. Tampoco verifique el ordenador de su trabajo. Un hombre se lanza a la via del metro y encuentro una nota de suicidio sobre su almohada en su casa. Esta situacion no incita a investigar mas.
– En cuanto al ordenador del trabajo, mucha gente podria acceder a el, ?verdad?
– Supongo que tendria una contrasena para proteger sus archivos. Pero la respuesta es si.
Ricky asintio y guardo silencio un momento.
Riggins se movio en la silla antes de continuar:
– Dijo que queria hablar de las «circunstancias» que rodearon la muerte. ?Cuales son?
Ricky inspiro hondo antes de contestar.
– Un pariente de una antigua paciente me ha estado amenazando a mi y a los miembros de mi familia con danos indeterminados.
Con este fin, ha adoptado algunas medidas para trastornarme la vida. Entre ellas estan acusaciones falsas contra mi integridad profesional, ataques electronicos a mi situacion financiera, robos en mi casa, invasiones en mi vida personal y la sugerencia de que me suicide. Tengo motivos para creer que la muerte de Zimmerman formaba parte de este sistema de acoso que he estado sufriendo esta ultima semana. No creo que fuera un suicidio.
Riggins enarco las cejas.
– Por Dios, doctor Starks, parece que esta metido en un buen lio. ?Una antigua paciente?
– No. El hijo de una antigua paciente. Todavia no se cual.
– ?Y cree que esta persona que quiere perjudicarlo convencio a Zimmerman de que se lanzara a las vias del metro?
– No lo convencio. Probablemente lo empujaron.
– Estaba lleno de gente y nadie vio nada semejante. En absoluto.
