– La falta de testigos no descarta que sucediera. Cuando el metro se acerca, todos los que estan en el anden miran en la direccion que llega el convoy. Si Zimmerman estaba detras de la gente, lo que viene sugerido por la falta de testigos presenciales precisos, ?cuanto habria costado darle el codazo o empujon necesario?

– Bueno, eso es cierto, doctor. No seria dificil. Ni mucho menos. A lo largo de los anos, hemos tenido unos cuantos asesinatos con esas caracteristicas. Y tambien tiene razon en que la gente se vuelve en una direccion cuando se acerca el tren, lo que permite que al final del anden pueda pasar casi cualquier cosa mas o menos inadvertida. Pero en este caso tenemos a Lu Anne, que dice que salto, y aunque no sea demasiado fiable, es algo.

Y tenemos una nota de suicidio y un hombre deprimido, enfadado y desdichado que mantenia una relacion dificil con su madre y se enfrentaba a una vida que muchos considerarian mas bien decepcionante…

– Ahora es usted quien parece dar excusas -comento Ricky sacudiendo la cabeza-. De lo que mas o menos me acuso a mi la primera vez que hablamos.

Este comentario silencio a la detective Riggins, que dirigio una larga mirada a Ricky antes de proseguir.

– Me parece que deberia hablar de esto con alguien que pueda ayudarle, doctor.

– ?Con quien? Usted es policia. Le he hablado de delitos, o de lo que podrian serlo. ?No deberia hacer alguna clase de informe?

– ?Quiere presentar una denuncia formal?

Ricky la miro con dureza.

– ?Deberia hacerlo? ?Como sigue el tramite?

– Yo le presento a mi supervisor, que pensara que es una locura y la canalizara a traves de la burocracia policial, y en un par de dias recibira una llamada de algun detective que se mostrara todavia mas esceptico que yo. ?A quien ha contado todo esto?

– Bueno, a mi banco y a la Sociedad Psicoanalitica.

– Si creen que existe actividad delictiva deberian pasar el asunto al FBI o a la policia estatal. Tal vez deba usted hablar con alguien de Extorsion y Fraudes. Yo en su lugar me plantearia contratar un detective privado. Y un buen abogado, porque podria necesitarlos.

– ?Como puedo ponerme en contacto con el departamento de Extorsion y Fraudes?

– Le dare un nombre y un telefono.

– ?No cree que usted deberia investigar estas cosas como seguimiento del caso Zimmerman?

Esta pregunta hizo dudar a la detective Riggins. No habia tomado ninguna nota durante la conversacion.

– Podria hacerlo -indico con precaucion-. Me lo pensare.

Cuesta reabrir un caso una vez se ha cerrado.

– Pero no es imposible.

– Dificil. Pero no imposible.

– ?Puede obtener autorizacion de un superior? -pregunto Ricky.

– No creo que quiera abrir aun esa puerta. Si digo a mi jefe que hay un problema oficial, deberan seguirse muchos pasos burocraticos. Creo que echare un vistazo por mi cuenta. ?Sabe que, doctor?, comprobare algunas cosas y luego hablare con usted. Primero ire a examinar el ordenador personal de Zimmerman. Puede que el archivo que contiene la nota de suicidio indique la hora. Lo hare esta noche o manana. ?Que le parece?

– Bien. Esta noche seria mejor que manana. Tengo algunas limitaciones de tiempo. Y entonces podria darme tambien el nombre y el telefono de alguien de Extorsion y Fraudes.

Parecia un acuerdo razonable. La mujer asintio. Ricky sintio cierta satisfaccion al observar que su tono algo burlon y sarcastico habia cambiado despues de que el plantease la posibilidad de que hubiera metido la pata. Incluso aunque considerara remota esta posibilidad, en un mundo donde las promociones y los ascensos estaban tan relacionados con las investigaciones bien acabadas, haber pasado por alto un asesinato y haberlo catalogado de suicidio era un error muy perjudicial para la hoja de servicios.

– Espero que me llame lo antes que pueda -dijo Ricky.

Despues se levanto, como si se hubiera anotado un punto. No era una sensacion de victoria pero, por lo menos, le hacia sentir menos solo en el mundo.

Fue en taxi hasta el Metropolitan Opera House, que estaba vacio salvo por unos cuantos turistas y algunos guardias de seguridad.

Sabia que habia una hilera de cabinas telefonicas frente a los lavabos. La ventaja era que desde ese sitio podia hacer una llamada a la vez que vigilaba que nadie intentara acercarse lo suficiente para averiguar a quien llamaba.

El numero del doctor Lewis habia cambiado, como esperaba.

Pero lo pasaron a otro numero con un prefijo distinto.

Tuvo que insertar la mayoria de las monedas de veinticinco centavos que tenia. Mientras el telefono sonaba, penso que Lewis debia de tener ya unos ochenta anos, y no estaba seguro de si seria de ayuda. Pero Ricky sabia que era el unico modo en que podria apreciar su situacion mas o menos como era debido y, por desesperado que fuera ese paso, debia darlo.

El telefono sono por lo menos ocho veces antes de que le contestaran.

– ?Diga?

– El doctor Lewis, por favor.

– Al habla.

Ricky llevaba veinte anos sin oir aquella voz, y aun asi se emociono, lo que le sorprendio. Era como si en su interior se desatara de repente un torbellino de odios, miedos, amores y frustraciones.

Se obligo a conservar cierta calma.

– Doctor Lewis, soy el doctor Frederick Starks.

Ambos guardaron silencio un momento, como si el mero encuentro telefonico despues de tantos anos resultara abrumador.

Lewis hablo primero.

– ?Vaya! Me alegro de oirte, Ricky, incluso despues de tantos anos. Estoy bastante sorprendido.

– Siento ser tan brusco, doctor. Pero no sabia a quien mas recurrir.

De nuevo se produjo un breve silencio.

– ?Tienes problemas, Ricky?

– Si.

– Y las herramientas del autoanalisis no son suficientes.

– Asi es. Me preguntaba si tendria un rato para hablar conmigo.

– Ya no recibo pacientes -dijo Lewis-. La jubilacion. La edad.

Los achaques. El envejecimiento, que es terrible. Vas perdiendo toda clase de cosas.

– ?Me recibira?

– Por tu voz parece bastante urgente -comento el anciano tras una pausa-. ?Es importante? ?Son problemas graves?

– Corro un gran peligro, y tengo poco tiempo.

– Vaya, vaya, vaya. -Ricky pudo captar la sonrisa en el rostro del viejo analista-. Eso suena verdaderamente enigmatico. ?Crees que puedo ayudarte?

– No lo se. Pero podria ser.

El viejo analista reflexiono antes de contestar.

– Has hablado como alguien de nuestra profesion. Esta bien, pero tendras que venir aqui. Ya no tengo consulta en la ciudad.

– ?Donde debo ir?

– Estoy en Rhinebeck -dijo Lewis, y anadio una direccion en River Road-. Un lugar maravilloso para un jubilado, excepto que en invierno hace un frio terrible. Pero ahora esta precioso. Puedes tomar un tren en la estacion Pennsylvania.

– ?Le iria bien esta tarde?

– Cuando quieras. Esa es una de las ventajas de la jubilacion. No hay compromisos impostergables. Toma un taxi en la estacion y te estare esperando hacia la hora de cenar.

Se apretujo en un asiento del rincon lo mas al final del tren y se paso la mayor parte de la tarde mirando por la ventanilla. El tren viajo directo al norte siguiendo el curso del rio Hudson, a veces tan cerca de la orilla que el

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