empezo a jugar muy bien a beisbol, se fue a Don Basca para convertirse en una estrella de los deportes, y ya no pudieron seguir contando con el para pasarlo bien.

Jimmy no tenia ni idea de por que todos aquellos recuerdos le venian a la memoria en ese preciso instante, ni por que estaba inmovil junto a la barandilla, sin apartar la mirada de la calle Sydney; a no ser que tuviera algo que ver con esos perros, con el nerviosismo con el que se movian una vez que los sacaron del furgon y pisaron el asfalto. Uno de los policias que los sujetaba se llevo un transmisor portatil a los labios en el momento en que un helicoptero aparecia en el cielo de la ciudad; se acercaba a ellos como una gruesa abeja, aumentando de tamano cada vez que Jimmy parpadeaba.

Un poli muy joven impedia el acceso a la escalera color morado, y un poco mas arriba de la calle Roseclair, dos coches patrulla y unos cuantos chicos mas de uniforme hacian guardia delante de la carretera de acceso que conducia al parque.

Los perros no ladraron ni una sola vez. Jimmy volvio la cabeza al darse cuenta de que era precisamente eso lo que le habia estado fastidiando desde que los viera por primera vez. Las veinticuatro patas se movian arriba y abajo del asfalto con mucho nerviosismo, con un desasosiego tenso y concentrico, como si fueran soldados en medio de un desfile. Jimmy tuvo la sensacion de que sus hocicos negros y sus delgadas ijadas eran de una eficacia espantosa, y los ojos le parecian ardientes trozos de carbon.

EI resto de la calle Sydney tenia la misma apariencia que una sala de espera antes de los altercados. La calle estaba atestada de polis y estos andaban de forma metodica a traves de los hierbajos que conducian a la entrada del parque. Desde alla arriba, Jimmy tenia una vision incompleta del parque en si mismo, pero tambien podia verles alli dentro: uniformes azules y cazadoras color tierra se movian entre la vegetacion, examinaban la orilla del canal y se comunicaban a gritos.

De nuevo en la calle Sydney, se reunieron en torno a algo que habia en el extremo mas lejano del furgon para perros policia; varios policias vestidos de paisano se apoyaban en los coches camuflados que estaban aparcados al otro lado de la calle, y bebian cafe; sin embargo, no daba la impresion de que se comportaran de forma habitual, ni que se divirtieran contando las ultimas batallitas de guerra que habian tenido que protagonizar. Jimmy percibia la tension mas absoluta: en los perros, en los silenciosos polis apoyados en los coches, en el helicoptero, que ya habia dejado de parecer una abeja y que sobrevolaba la calle Sydney con gran estruendo, volando bajo, y luego se dirigia al otro lado de los arboles importados y de la pantalla del autocine del parque.

– ?Eh, Jimmy! -Ed Deveau abrio un paquete de M amp;M con los dientes y le dio un codazo a Jimmy.

– ?Que tal, Ed?

Deveau se encogio de hombros y dijo:

– Ese helicoptero es el segundo que entra en el parque. El primero estuvo sobrevolando mi casa durante un buen rato hara una media hora. Y le dije a mi mujer: «?Carino, nos hemos mudado a Watts [6] sin que yo me enterara?». -Se metio unos cuantos caramelos en la boca y volvio a encogerse de hombros-. Asi pues, decidi venir a ver de que iba todo este jaleo.

– ?Te has enterado de algo?

Deveau deslizo el dorso de la mano por delante de ellos y respondio.

– No, de nada. Estan mas cerrados que el monedero de mi madre. Pero la cosa va en serio, Jimmy. ?Y tanto! Han cerrado el acceso a la calle Sydney desde todos los angulos posibles; segun he oido, han puesto polis y caballetes en Crescent, Harborview, Sudan, Romsey* y hasta en Dunboy. La gente que vive en esas calles no puede salir y esta muy cabreada. Me han contado que estan rastreando el canal y Boo Bear. Durkin me ha llamado y me ha dicho que desde su ventana ha visto hombres rana zambullendose en el canal- Deveau senalo en aquella direccion-. ?Mira todo el montaje que tienen ahi!

Jimmy siguio el dedo de Deveau y vio como tres polis hacian salir a un borracho de uno de los edificios de tres plantas mas destrozados del final de la calle Sydney; al borracho no parecia gustarle mucho lo que le estaban haciendo y ofrecio resistencia hasta que uno de los policias le pego tal empujon que le hizo bajar de cabeza los pocos escalones derruidos que quedaban. Jimmy aun seguia pensando en la palabra que Ed acababa de pronunciar: hombres rana. No solian enviar hombres rana cuando iban tras algo bueno o alguien que siguiera con vida.

– Debe de tratarse de un asunto serio. -Deveau silbo y se quedo mirando la ropa de Jimmy-. ?Donde vas tan bien vestido?

– Vengo de la ceremonia de Primera Comunion de Nadine.

Jimmy vio como un poli recogia al borracho del suelo y le decia algo a la oreja, luego la llevaba a la fuerza hasta un sedan color verde oliva que tenia una sirena puesta a un lado del techo sobre el asiento del conductor.

– ?Felicidades! -exclamo Deveau.

Jimmy se lo agradecio con una sonrisa.

– ?Y que demonios haces aqui?

Deveau recorrio la calle Roseclair con la mirada en direccion hacia Santa Cecilia; de repente Jimmy se sintio ridiculo. ?Que cono estaba haciendo el ahi con su corbata de seda y su traje de seiscientos dolares, estropeandose los zapatos con los hierbajos que surgian desde debajo de la barandilla?

Katie, recordo.

Aun asi, le seguia pareciendo ridiculo. Katie no habia asistido a la Primera Comunion de su hermanastra porque estaria durmiendo la borrachera de la noche anterior o en intima conversacion con su ultimo novio. ?Que le hacia creer que Katie iba a ir a la iglesia si nadie la obligaba? El dia que bautizaron a Katie, hacia mas de diez anos que Jimmy no entraba en una iglesia. E incluso despues de ese dia, Jimmy no empezo a ir a la iglesia con regularidad hasta que conocio a Annabeth. Asi pues, ?que habia de malo si habia salido de la iglesia, habia visto los coches patrulla girar a toda velocidad la esquina de la calle Roseclair y habia tenido un… mal presentimiento? Era solo porque estaba preocupado por Katie, y tambien cabreado con ella, y por tanto pensaba en su hija mientras contemplaba como los polis se dirigian hacia el Pen Channel.

Sin embargo, en aquel momento se sentia estupido. Estupido, demasiado bien vestido y realmente tonto por haberle dicho a Annabeth que se llevara a las chicas a Chuck E. Cheese?s y que el ya iria mas tarde; Annabeth le habia mirado a los ojos con una mezcla de exasperacion, confusion y enfado a duras penas contenido.

Jimmy se volvio hacia Deveau y le respondio:

– Supongo que tenia curiosidad por ver que pasaba, como todos los demas- le dio una palmadita en el hombro-. Pero ya me marcho, Ed.

Mientras bajaba por la calle Sydney, un poli le lanzo un juego de llaves a otro y este entro en el furgon policial.

– De acuerdo, Jimmy. Cuidate.

– Tu tambien -dijo Jimmy despacio, sin dejar de observar la calle al tiempo que el furgon daba marcha atras y se detenia para cambiar de marcha y girar las ruedas a la derecha.

Jimmy volvio a tener la certeza de que habia sucedido algo malo.

Uno la sentia en el alma, pero en ningun otro lugar. Uno solia sentir la verdad alli mismo (mas alla de toda logica) y a menudo no se equivocaba, si era de ese tipo de verdad que no se quiere aceptar y que no se esta seguro de poder asumir. Las mismas verdades que todos intentamos no ver y que hacen que la gente vaya al psiquiatra, pase demasiado tiempo en bares y se atonte delante del televisor para ocultar ciertas realidades duras y desagradables que el alma reconoce mucho antes de que la mente las capte.

Jimmy sintio que aquel mal presentimiento le fijaba los zapatos con clavos y que le obligaba a seguir alli de pie, a pesar de que lo que mas deseaba era salir corriendo, lo mas rapido que pudiera, hacer cualquier cosa que no fuera estar alli inmovil observando como se alejaba el furgon. Los clavos, gruesos y frios, le llegaron hasta el pecho, como si hubieran sido disparados desde un canon, y deseaba cerrar los ojos, pero aquellos mismos clavos le obligaban a tenerlos abiertos, y cuando el furgon estaba ya en medio de la calle, vio el coche que habia ocultado hasta entonces: todo el mundo se agrupaba a su alrededor, le pasaban el cepillo en busca de pruebas, le hacian fotografias, examinaban el interior y extraian objetos embolsados que entregaban a los policias que permanecian de pie en la calle y en la acera.

El coche de Katie.

No es que fuera el mismo modelo ni uno que se le pareciera, era realmente su coche. La abolladura en el parachoques delantero de la derecha y el foco derecho sin cristal.

– ?Por el amor de Dios, Jimmy! ?Jimmy? ?Mirame! ?Te encuentras bien?

Вы читаете Rio Mistico
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату