Chuck no le contesto y Jimmy miro al otro lado de la calle Sydney, mas alla del coche de su hija y vio a Sean Devine salir del parque y caminar entre los matorrales, sin apartar la mirada de Jimmy. A pesar de que Sean era un tipo alto y de que se movia con rapidez, Jimmy pudo vislumbrar en su rostro aquello que siempre habia odiado, la mirada de un tipo al que la vida siempre le habia sonreido; Sean lo ostentaba como una placa mucho mayor que la que le colgaba del cinturon, y eso cabreaba la gente aunque el no se percatara de ello.

– ?Jimmy! -exclamo Sean; despues le estrecho la mano-. ?Que tal?

– ?Hola, Sean! Me han dicho que estabas en el parque.

– Si, desde primera hora de esta manana. -Sean miro atras por encima de un hombro, luego volvio la vista a Jimmy-. De momento no te puedo decir nada, Jimmy.

– ?Esta ahi dentro?

Jimmy oyo el temblor de su propia voz.

– No lo se, Jim. No la hemos encontrado. Es lo unico que te puedo decir.

– Dejanos entrar -dijo Chuck-. Os podemos ayudar a buscarla. En las noticias se ve continuamente que la gente normal y corriente va a la busqueda de ninos desaparecidos y casos similares.

Sean, sin apartar los ojos de Jimmy, como si Chuck no estuviera alli, respondio:

– Es un poco mas complicado que eso, Jimmy. No podemos permitir que entre nadie que no sea de la policia hasta que hayamos acabado de examinar la escena del crimen.

– ?Y cual es esa escena? -pregunto Jimmy.

– En este momento es todo el parque. Mira -Sean le dio un golpecito a Jimmy en el hombro-, he venido hasta aqui para decirte que de momento no hay nada que puedas hacer. Lo siento. Lo siento de verdad. Pero asi son las cosas. Tan pronto como averiguemos algo, te lo hare saber, Jimmy. Te lo dire de inmediato. Te lo digo en serio.

Jimmy asintio con la cabeza, le toco en el codo a Sean y le pregunto:

– ?Puedo hablar contigo un momento?

– ?Claro!

Dejaron a Chuck Savage en la acera y fueron unos cuantos metros calle abajo. Sean se cuadro, preparandose para lo que fuera que Jimmy quisiera preguntarle, se puso serio y le miro con ojos de poli, sin mostrar ningun tipo de compasion.

– Ese es el coche de mi hija -afirmo Jimmy.

– Ya lo se. Yo…

Jimmy levanto una mano y prosiguio:

– ?Sean? Ese es el coche de mi hija y dentro hay rastros de sangre.

Esta manana no se ha presentado al trabajo y tampoco ha aparecido en la Primera Comunion de su hermana pequena. Nadie la ha visto desde ayer por la noche, ?de acuerdo? Es de mi hija de quien estamos hablando, Sean. No tienes hijos, no espero que lo entiendas del todo, pero se trata de mi hija.

La mirada de poli de Sean no cambio en lo mas minimo; ni siquiera se inmuto por las palabras de Jimmy.

– ?Que quieres que te diga, Jimmy? Si quieres saber con quien estaba ayer por la noche, mandare a unos cuantos agentes para que lo investiguen, Si tenia enemigos, ire a por ellos. Si lo deseas…

– Han traido perros, Sean. Perros para mi hija. Perros y hombres rana.

– Asi es. No solo tenemos a la mitad del cuerpo de policia dentro del parque, Jimmy, sino tambien a los federales y al Departamento de Policia de Boston. Ademas, disponemos de dos helicopteros y de dos botes. La encontraremos. Sin embargo, tu no puedes hacer nada. Al menos, de momento. Nada. ?Queda claro?

Jimmy miro atras y vio que Chuck seguia junto a la acera, con la mirada fija en los matorrales que llevaban al parque, con el cuerpo un poco inclinado hacia delante, preparado para arrancarse su propia piel.

– ?Por que habeis traido a hombres rana para buscar a mi hija, Sean?

– No podemos descartar ninguna posibilidad, Jimmy. Siempre que hay agua actuamos de ese modo.

– ?Esta dentro del agua?

– Lo unico que sabemos es que ha desaparecido. Eso es todo, Jimmy.

Jimmy se aparto de el un momento; no se acababa de encontrar bien, se notaba la mente sombria y pegajosa. Deseaba entrar en aquel parque. Queria bajar por el sendero y encontrarse a Katie caminando hacia el. Era incapaz de pensar. Necesitaba entrar.

– ?Quieres tener que cargar con la responsabilidad de habernos tratado mal? -le pregunto Jimmy-. ?Deseas tener que detener a todos los hermanos Savage y a mi mismo por intentar entrar en el parque para buscar a nuestra querida Katie?

Jimmy se percato, en el mismo momento en que dejo de hablar, de que era una amenaza debil, sin fuerza; no le gusto nada que Sean tambien se hubiera dado cuenta.

Sean asintio con la cabeza y respondio:

– No deseo hacerlo. Creeme. Pero si tengo que hacerlo, Jimmy, lo hare, Que no te quepa ninguna duda. - Sean abrio una libreta de golpe. Mira, cuentame con quien estaba ayer por la noche, que hacia, y yo…

Jimmy ya se estaba alejando de el cuando se oyo, fuerte y estridente, el transmisor de Sean. Se dio la vuelta en el instante en que Sean se lo llevaba a los labios y decia: «Al habla».

– Hemos encontrado algo, agente.

– Repitalo, por favor.

Jimmy se acerco hacia Sean y oyo la emocion apenas reprimida del tipo que habia al otro lado del transmisor.

– Dije que hemos encontrado algo. El sargento Powers nos ha dicho que deberia venir usted hacia aqui. Ah, y tan pronto como sea posible. Ahora mismo, de hecho.

– ?Donde se encuentra?

– Junto a la pantalla del autocine, agente. No se puede ni imaginar el estado en que esta.

10. PRUEBAS

Celeste estaba viendo las noticias de las doce en el pequeno televisor que tenian en la encimera de la cocina. Planchaba mientras veia la television, consciente de que la podrian confundir por un ama de casa de los anos cincuenta, pues se ocupaba de las tareas domesticas y cuidaba del nino; mientras, su marido iba a trabajar con su fiambrera metalica, y al regresar a casa esperaba tomarse una copa y que la cena estuviera en la mesa. Pero en realidad no era asi. Dave, a pesar de todos sus defectos, arrimaba el hombro en las tareas domesticas. Se ocupaba de pasar el aspirador, de quitar el polvo y de fregar los platos; en cambio, Celeste disfrutaba haciendo la colada, doblando y planchando la ropa, y con el calido olor que emanaba de la tela recien lavada y sin arrugas.

Usaba la plancha de su madre, un artefacto de principios de los anos sesenta. Pesaba mas que una roca, siseaba continuamente y soltaba repentinos estallidos de vapor; sin embargo, planchaba mucho mejor que cualquiera de esas planchas nuevas que Celeste, persuadida por los descuentos y por todos esos anuncios de tecnologia de era espacial, habia ido probando a lo largo de los anos. La plancha de su madre dejaba la ropa tan lisa que se podria partir una barra de pan encima; ademas alisaba las arrugas mas dificiles de una suave pasada, mientras que una de las nuevas con carcasa de plastico habria tenido que pasarla media docena de veces.

Celeste se cabreaba cada vez que pensaba en que todo se disenaba para romperse con facilidad (videos, coches, ordenadores, telefonos inalambricos), mientras que los utensilios de la epoca de sus padres habian sido ideados para que duraran mucho tiempo. Dave y ella aun utilizaban la plancha y la licuadora de su madre, y seguian teniendo su antiguo y achaparrado telefono negro junto a la cama. Y sin embargo, en los anos que llevaban juntos, habian tenido que tirar muchas adquisiciones que habian dejado de funcionar antes de lo que pareceria logico: televisores con tubos de imagen fundidos, una aspiradora que echaba humo azul y una cafetera que elaboraba un liquido que salia solo un poco mas caliente que el agua de la banera. Esos y otros aparatos habian acabado en el cubo de la basura, ya que casi era mas barato comprarlos nuevos que repararlos. Casi. Por lo tanto, uno acababa gastandose el dinero en el ultimo modelo que acababa de salir al mercado, lo cual era, sin

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