de irritacion moral en el.

– Ya ha trabajado alguna vez con el sargento Powers, ?verdad?

– Si -contesto Sean.

– ?Algun problema?

– No -Sean observo que Whitey se llevaba a un policia uniformado aparte y que le senalaba la hilera de arboles de detras de la pantalla del autocine-, El ano pasado trabajamos juntos en el caso del homicidio de Elizabeth Pitek.

– ?La mujer con la orden de restriccion? pregunto Friel- ?El ex marido comento algo sobre el dinero?

– Si nos dijo: «Que el dinero gobierne su vida no quiere decir que tenga que gobernar la mia»_

– Consiguio veinte, ?no es asi?

– Si, veinte bien buenos.

Sean deseo haber conseguido a alguien que le defendiera mejor. El nino, que habia sido adoptado, se estaria preguntando que habia sucedido y a quien demonios perteneceria a partir de entonces.

El agente se alejo de Whitey, escogio a unos cuantos policias y se dirigieron hacia la arboleda.

– He oido decir que bebe -comento Friel, subiendo una pierna encima del escenario y apoyando la rodilla en el pecho.

– Yo nunca le he visto borracho, senor -remarco Sean, empezando a preguntarse quien estaba a prueba, Whitey o el.

Vio como Whitey se agachaba y examinaba un matojo de hierba que habia junto a la rueda trasera de la furgoneta y como se subia la vuelta de los pantalones de chandal, como si llevara un traje de Brooks Brothers.

– Su companero esta de baja porque ha alegado, ya ve, incapacidad temporal; he oido decir que para recuperarse de la lesion en la columna vertebral esta en Florida, montando en motos de agua y navegando -Friel se encogio de hombros-. Powers solicito trabajar con usted cuando regresara. Ahora ya esta de vuelta. ?Va a haber mas incidentes del estilo de este ultimo?

Sean ya se habia esperado que tendria que comerse algun reproche, especialmente de Friel, asi que con un tono de voz de arrepentimiento, respondio:

– No, senor, tan solo me fallo el juicio por un momento.

– Varios momentos -apunto Friel.

– Lo que usted diga, senor.

– Su vida privada es un desastre, agente; ahi esta el problema. No permita que vuelva a afectar a su trabajo.

Sean miro a Friel, y sus ojos tenian un brillo cargado de electrodos que ya habia visto con anterioridad, un brillo que indicaba que nadie estaba en posicion de llevarle la contraria.

Sean asintio de nuevo y no replico.

Friel le sonrio con frialdad y dirigio la mirada hacia un helicoptero perteneciente a algun periodico que giraba por encima de la pantalla, volando mas bajo de lo que habian acordado. Por la expresion de su rostro, se diria que Friel iba a pegarle una dura reprimenda a alguien antes de que se pusiera el sol.

– Conoce a los familiares, ?no es asi? -le pregunto Friel, sin apartar los ojos del helicoptero. Se crio aqui.

– Me crie en la colina.

– Pues eso es, aqui.

– Estamos en las marismas. No es lo mismo, senor.

Friel hizo un movimiento con la mano indicando que no tenia ninguna importancia y prosiguio:

– Crecio aqui. Fue uno de los primeros en llegar y, ademas, conoce a esta gente. ?Me equivoco?

– ?En que?

– En su habilidad para poder llevar el caso -le dedico su sonrisa de entrenador de verano de softball1 -. Ademas, es uno de los chicos mas listos que tengo y ya ha cumplido con su condena. ?Esta dispuesto a trabajar en serio?

1 Variedad de beisbol que se juega sobre un terreno mas pequeno que el normal

Con pelota grande y blanda. (N.T.)

– Si, senor -respondio Sean-, No le quepa ninguna duda, senor. Lo que sea con tal de conservar mi puesto de trabajo, senor.

Se volvieron hacia la furgoneta en el momento en que dentro de esta algo caia al suelo y producia un ruido seco; el chasis se hundio sobre las ruedas y luego reboto de nuevo hacia arriba.

– ?Se ha dado cuenta de que siempre se les caen? -comento Friel. Pasaba muy a menudo. Katie Marcus, encerrada en una bolsa de plastico oscura y calurosa, con la cremallera cerrada hasta arriba. Arrojada en aquella furgoneta, con el pelo enmaranado dentro de la bolsa, con los organos cada vez mas blandos,

– Agente -dijo Friel-, como ya se puede imaginar me apena mucho que ninos negros de diez anos acaben muriendo a causa de los disparos de las malditas bandas callejeras. ?Sabe que me disgusta aun mas?

Sean sabia la respuesta, pero no pronuncio palabra.

– Que asesinen a chicas blancas de diecinueve anos en mis parques, En esas circunstancias la gente no suele exclamar, «?los caprichos de la economia!». La tragedia no les provoca un sentimiento de tristeza, sino que se cabrean y desean que alguien pague por ello. -Friel le propino un codazo a Sean-. Entiende lo que le quiero decir, ?verdad?

– Si, claro.

– Eso es lo que quieren, porque ellos son nosotros y eso es lo que deseamos todos.

Friel asio a Sean del hombro para que le mirara a los ojos.

– Si, senor -respondio Sean, porque Friel tenia ese extrano brillo en los ojos que indicaba que creia en lo que decia con el mismo convencimiento que la gente que hablaba de Dios, de la bolsa, o de Internet como-aldea- global.

Friel habia vuelto a nacer, aunque Sean no acababa de estar muy seguro de lo que eso significaba, pero Friel habia encontrado algo satisfactorio en su trabajo que Sean era incapaz de reconocer, algo que le procuraba consuelo, incluso fe, o la certeza de que habia algo mas alla. Muchas veces, a decir verdad, Sean pensaba que su jefe era idiota, siempre soltando perogrulladas sobre la vida y la muerte, y explicando, si alguien se molestaba en escucharle, como conseguiria que todo fuera bien, como curaria el cancer y como podrian convertirse en un unico corazon colectivo.

Otras veces, sin embargo, Friel le recordaba a su padre, construyendo jaulas para pajaros en un sotano en el que ningun pajaro llego a volar jamas, y la sensacion de recordarle le encantaba.

Martin Friel habia sido detective jefe del Departamento de Homicidios del Distrito Seis durante el mandato de dos presidentes distintos; que Sean supiera, nadie le habia llamado nunca «Marty» o «colega» o «viejo». Si uno le viera por la calle, con toda probabilidad pensaria que trabajaba como contable o como tasador de reclamaciones para una compania de seguros, o algo similar. Tenia una voz suave que hacia juego con un rostro dulce, y del pelo solo le quedaba un mechon castano en forma de herradura. Era un tipo menudo, teniendo en cuenta, ademas, que se habia abierto camino entre oficiales de alta graduacion; uno podria perderle de vista con facilidad entre una multitud, ya que 110 habia ningun rasgo caracteristico en su manera de andar. Amaba a su esposa y a sus dos hijos, siempre se olvidaba el resguardo del aparcamiento en el anorak durante los meses de invierno, participaba de forma activa en su iglesia, y era conservador fiscal y socialmente.

Sin embargo, aquella voz suave y el rostro anodino no mostraban ningun indicio de su mente: una mezcla ciega e incondicional del hombre practico y del moralista. Si alguien perpetraba un delito punible con la pena de muerte en su jurisdiccion, porque era suya, y que se jodiera quien no lo entendiera asi, se lo tomaba como algo personal.

– Quiero que sea agudo e inquieto- le habia dicho a Sean el primer dia que este empezo a trabajar en el Departamento de Homicidios-. Tampoco quiero que se muestre demasiado desaforado, porque el desafuero es una emocion y uno nunca tiene que mostrar sus emociones. Quiero que casi siempre parezca enfadado: enfadado porque las sillas son demasiado duras y porque casi todos sus amigos de la universidad tienen Audis. Quiero que este enfadado a causa de todos esos pervertidos, que son tan estupidos que se creen que pueden perpetrar sus

Вы читаете Rio Mistico
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату