Sean observo la nuca con atencion y vio que le faltaba un trocito de la parte baja del craneo, y que la nuca se habia vuelto de un tono oscuro a causa de la sangre.

– ?Me esta intentando decir que le dispararon?

Miro al medico forense.

El tipo asintio y anadio.

– A mi me parece una herida de bala.

Sean se alejo del olor a perfume, a sangre, a cemento mohoso y a madera empapada. Por un instante deseo poder apartarle el puno cerrado de la oreja, como si al hacerlo pudiera conseguir que todos esos morados que veia, y los que estaba seguro que encontraria debajo de la ropa, pudieran evaporarse, y que la lluvia roja se evaporara desde su pelo y su cuerpo, y ella pudiera salir de aquella tumba, un poco aturdida, con los ojos cerrados por el sueno.

A su derecha, oyo un gran alboroto: los gritos al unisono del gentio, el crujido de la gente atravesando el parque, y los perros policia grunendo y ladrando como locos. Cuando echo un vistazo, vio que Jimmy Marcus y Chuck Savage cruzaban a toda velocidad la arboleda que habia en uno de los extremos del barranco, alli donde el parque se tenia de verde y estaba muy cuidado y hacia una ligera pendiente hacia la pantalla en la que las multitudes de verano extendian sus mantas y se sentaban para ver una representacion.

Ocho policias uniformados y dos de paisano, como minimo, se dirigieron hacia Jimmy y Chuck; a Chuck lo atraparon en aquel mismo momento, pero Jimmy era rapido y escurridizo, Se deslizo a traves de la arboleda con una serie de giros veloces y aparentemente ilogicos que dejaron perplejos a sus perseguidores, y si no hubiera tropezado al bajar por la pendiente, habria conseguido llegar hasta Krauser y Friel sin que nadie lo detuviera.

Pero tropezo. El pie le resbalo a causa de la hierba mojada y sus ojos se encontraron con los de Sean en el preciso instante en que se daba un panzazo contra el suelo y sacudia la tierra con la mandibula. Un agente joven, de cabeza cuadrada y cuerpo musculoso, se abalanzo encima de Jimmy como si fuera un trineo, y los dos cayeron unos cuantos metros pendiente abajo. El policia le coloco el brazo derecho tras la espalda y fue a por sus esposas.

Sean se subio al escenario y grito:

– ?Eh, eh! ?Es el padre! ?Sueltalo!

El poli joven le miro, irritado y cubierto de barro.

– Sueltalos -le ordeno Sean-. ?A los dos!

Se dio la vuelta hacia la pantalla y fue en aquel momento cuando Jimmy pronuncio su nombre, con voz ronca, como si los gritos de su cabeza hubieran encontrado las cuerdas vocales y las hubieran liberado:

– Sean

Sean se detuvo y se percato de que Friel le miraba.

– ?Mirame, Sean!

Sean se dio la vuelta y vio a Jimmy arqueandose bajo el peso del poli joven, con una mancha oscura de tierra en la barbilla y briznas de hierba colgando de ella.

– ?La has encontrado? ?Es ella? -grito Jimmy-. ?Lo es?

Sean permanecio inmovil, con los ojos clavados en los de Jimmy, sin apartarlos hasta que la nerviosa mirada de Jimmy vio lo que Sean habia visto, hasta que se dio cuenta de que todo habia acabado, que sus peores temores se habian cumplido.

Jimmy empezo a gritar y le salian de la boca borbotones de esputo. Otro policia bajo por la pendiente para ayudar al que sostenia a Jimmy, y Sean se alejo. El grito de Jimmy, profundo y gutural, rasgo el aire; no era ni agudo ni estridente, era como si un animal se percatara de su dolor por primera vez. Sean habia oido los lamentos de los padres de las victimas durante muchos anos. Siempre tenian un aire de queja, una suplica para que Dios o la razon les contestara y les asegurara que todo habia sido un sueno. Pero el grito de Jimmy no tenia nada de eso, solo amor y rabia, a partes iguales, que asustaba a los pajaros de los arboles y que resonaba por todo el canal.

Sean regreso a la escena del crimen y se quedo mirando a Katie Marcus. Connolly, el agente mas nuevo de la unidad, se acerco a el, y los dos contemplaron el cuerpo durante un rato sin pronunciar palabra; el grito de Jimmy Marcus se volvio mas ronco y desgarrado, como si se tragase fragmentos de cristal cada vez que respiraba.

Sean observo a Katie, con el puno apretado a un lado de la cabeza y empapada de lluvia roja, el cuerpo y los puntales de madera que le habian impedido llegar hasta el otro lado.

A su derecha, a lo lejos, Jimmy seguia gritando mientras le arrastraban pendiente arriba, y un helicoptero cortaba el aire por encima del barranco a medida que lo sobrevolaba; el motor hizo un zumbido cuando dio la vuelta para acercarse a la orilla, y Sean se imagino que debia de pertenecer a alguna cadena de television. No hacia tanto ruido como los helicopteros de la policia.

– ?Habia presenciado algo asi con anterioridad? -le pregunto Connolly.

Sean se encogio de hombros. En realidad no importaba tanto. Llegaba un momento que uno ya dejaba de comparar.

– Quiero decir, esto es… -farfullo Connolly, intentando encontrar las palabras- esto es un tipo de… -aparto la mirada del cuerpo y se quedo mirando los arboles, con un aire de inocente inutilidad, como si estuviera a punto de hablar de nuevo.

Despues cerro la boca, y al cabo de un rato ceso en el intento de dar con la palabra adecuada.

12. TUS COLORES

Sean y su jefe, el lugarteniente Martin Friel, se apoyaron en el escenario bajo la pantalla del autocine y observaron como Whitey Powers daba instrucciones al conductor de la furgoneta del juez de primera instancia, a medida que reculaba por la pendiente que conducia a la entrada en la que habian encontrado el cuerpo de Katie Marcus. Whitey caminaba hacia atras, con las manos en alto, y las dirigia a derecha e izquierda de vez en cuando; su voz rasgaba el aire con resueltos silbidos que surgian a traves de sus dientes inferiores como ganidos de cachorro. Los ojos iban con precipitacion de la cinta que rodeaba la escena del crimen a los neumaticos de la furgoneta y a la mirada nerviosa del conductor que veia por el retrovisor, como si estuviera haciendo pruebas para una empresa de transportes y quisiera asegurarse de que los gruesos neumaticos no se desviaran ni un solo milimetro de donde el queria que fueran.

– Un poco mas. Manten el volante recto. Un poco mas. Un poco mas. Eso es.

Cuando la furgoneta estuvo en el lugar que el queria, se hizo a un lado, abrio la puerta trasera de golpe y exclamo:

– ?Lo has hecho muy bien!

Whitey abrio las puertas traseras, de tal manera que nadie pudiera ver lo que ocurria detras de la pantalla, Sean penso que a el nunca se le habria ocurrido usar las puertas para ocultar el lugar en que Katie Marcus habia muerto, pero recordo que Whitey tenia mucha mas experiencia que el por lo que se referia a crimenes; Whitey ya era un veterano en la epoca en que Sean aun intentaba meter mano a las chicas en los bailes del instituto y no reventarse los granos.

Cuando Whitey llamo a los dos ayudantes del fiscal, estos ya estaban abandonando sus asientos.

– Asi no va a ir bien, chicos. Tendreis que salir por la puerta de atras.

Cerraron las puertas de delante y desaparecieron en la parte trasera de la furgoneta para coger el cadaver, lo que hizo sentir a Sean que aquella fase llegaba a su fin y que a partir de entonces seria el el que se tendria que ocupar del caso. Los demas policias, los equipos tecnicos y los periodistas que sobrevolaban con sus helicopteros el lugar del crimen, o mas alla de las cintas protectoras que rodeaban el parque, pasarian a otra cosa, mientras que el y Whitey tendrian que cargar solos con lo que implicaba la muerte de Katie Marcus: redactar informes, preparar los documentos de las causas de defuncion e investigar su muerte hasta mucho despues de que toda la gente que rondaba por alli se hubiera empezado a ocupar de otros asuntos, como accidentes de trafico, robos o suicidios en habitaciones con el aire viciado y los ceniceros repletos de colillas.

Martin Friel se subio al escenario y se sento alli, con sus diminutas piernas balanceandose sobre el suelo. Habia ido hasta alli directamente desde el Club de Golf George Wright y su piel, por debajo del polo azul y de sus pantalones caquis, desprendia cierto olor a locion solar. Golpeaba el escenario con los talones y Sean noto un deje

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