noche despues de salir del Last Drop?

– Fuimos a la fiesta de un amigo que tiene un loft en el centro.

– ?Vaya, una fiesta en un loft! -exclamo Whitey-. Siempre he deseado ir a una de esas fiestas. Drogas de diseno, modelos, un moton de tipos blancos escuchando rap y repitiendose a si mismos lo enrollados que son. Con «fuimos», ?te refieres a ti y a la Ally McBeal esta que tienes al Iado, Roman?

– Michaela -respondio Roman-, Si. Se llama Michaela Davenport, si te interesa apuntarlo.

– ?Claro que lo estoy anotando! -declaro Whitey-. ?Es tu nombre verdadero, encanto?

– ?Que?

– Que si Michaela Davenport es tu nombre verdadero.

– Si. -La modelo aun abrio los ojos un poco mas-. ?Por que?

– ?Tu madre veia muchos culebrones antes de que nacieras?

– Roman- dijo Michaela.

Roman alzo una mano, miro a Whitey y le dijo:

– ?No habiamos quedado que esto era entre nosostros? ?Eh?

– ?Te has ofendido, Roman? ?Vas a hacer de Cristopher Walken conmigo y aponerte duro? ?Es esa la idea que tienes? Porque si es asi, te subo al coche y no te dejo bajar hasta que tu coartada quede clara. Si, eso es lo que vamos a hacer. ?Tienes planes para manana?

Roman adopto aquella actitud que ya habia visto en muchos delincuentes cuando un poli se ponia duro con ellos: un retraimiento tan absoluto que daba la impresion de que habian dejado de respirar, devolvio la mirada con ojos oscuros, indiferentes y timidos.

– No era mi intencion ofenderle, sargento -confeso Roman, con voz monotona-. Estare encantado de darle todos los nombres de la gente que me vio en la fiesta. Y estoy seguro de que el barman del Last Drop, Todd Lane, le confirmara que no me marche del bar antes de las dos.

– ?Buen chico! -exclamo Whitey-. Bien, ?donde podemos encontrar a su amigo Bobby?

Roman se permitio dedicarle una amplia sonrisa al responder:

– Esto le va a encantar.

– ?El que, Roman?

– Si de verdad piensa que Bobby es el responsable de la muerte de Katherine Marcus, lo que le voy a decir le va a gustar.

Roman dirigio su mirada de predador hacia Sean, y este noto de nuevo el entusiasmo que habia sentido cuando Eve Pigeon les conto lo de Roman y Bobby.

– ?Bobby, Bobby, Bobby! -Roman suspiro y guino el ojo a su novia antes de volver a mirar a Whitey y a Sean-. A Bobby le arrestaron por conducir en estado de embriaguez el viernes por la noche. -Roman tomo otro sorbo de su capuchino y al fin se lo conto-. Ha pasado todo el fin de semana en la carcel, sargento -movio el dedo de un lado a otro entre ellos-. ?La policia ya no se ocupa de comprobar esas cosas?

Cuando los policias les comunicaron por radio que Brendan Harris habia regresado a casa con su madre, Sean empezaba a sentir como el cansancio de todo el dia le llegaba hasta los mismisimos huesos. Sean y Whitey llegaron alli a eso de las once y se sentaron en la cocina con Brendan y su madre, Esther; Sean penso que, gracias a Dios, ya no construian pisos como aquellos. Parecia sacado de algun antiguo programa televisivo, de los Honeymooners [9], tal vez, que solo pudiera apreciarse de verdad si se veia en un televisor en blanco y negro y en una pantalla de trece pulgadas que cacareara por la corriente y por una deficiente recepcion. Era un piso que se asemejaba a una via ferrea: habian eliminado la puerta de entrada y cuando uno salia de la escalera iba a parar directamente a la sala de estar. Pasada la sala, a la derecha habia un pequeno comedor que Esther Harris usaba como dormitorio; sus cepillos, los peines y su coleccion de cremas estaban apilados en una estanteria a punto de desmoronarse. Un poco mas alla, estaba el dormitorio que Brendan compartia con su hermano, Raymond.

A la izquierda de la sala de estar habia un pequeno pasillo con un desproporcionado cuarto de bano que salia desde la derecha, y despues estaba la cocina, encajada en un espacio en el que el sol solo debia de tocar unos cuarenta y cinco minutos al dia, a media tarde. La cocina estaba decorada con diferentes tonalidades de verde descolorido y de amarillo grasiento; Sean, Whitey, Brendan y Esther se sentaron junto a una pequena mesa con las patas de metal, a las que les faltaban tornillos en las junturas. La superficie de la mesa estaba cubierta por un hule adhesivo amarillo y verde con dibujos de flores; se despegaba por las esquinas y en el centro faltaban unos cuantos trozos del tamano de una una.

Daba la impresion de que Esther encajaba a la perfeccion. Era pequena y de facciones marcadas, y tanto podria tener cuarenta como cincuenta y cinco anos. Olia a jabon barato y a humo de cigarrillo, y su horrible pelo azulado hacia juego con las venas azules igualmente horribles que le recorrian los antebrazos y las manos. Llevaba una sudadera de color rosa descolorido por encima de unos pantalones vaqueros y de unas pantuflas peludas de color negruzco. Fumaba Parliaments sin parar y miraba a Sean y a Whitey hablar con su hijo como si, por mucho que lo intentara, no le interesase en lo mas minimo, aunque seguia alli porque no tenia ningun sitio mejor al que ir.

– ?Cuando fue la ultima vez que vio a Katie Marcus? -pregunto Whitey a Brendan.

– La mato Bobby, ?verdad? -declaro Brendan.

– ?Bobby O?Donnell? -pregunto Whitey.

– Si.

Brendan manoseaba la superficie de la mesa. Parecia encontrarse en estado de shock. Hablaba con un tono de voz monotono, pero de repente respiraba con brusquedad y el lado derecho del rostro se le fruncia como si alguien le estuviera apunalando el ojo.

– ?Que le hace pensar eso? -pregunto Sean.

– Ella le tenia miedo. Habia salido con el, y ella siempre decia que si se enteraba de lo nuestro, nos mataria a los dos.

En ese momento Sean echo un vistazo a la madre, suponiendo que esta reaccionaria de alguna manera, pero siguio fumando, expulsando bocanadas de humo y envolviendo toda la mesa en una nube de color gris.

– Parece ser que Bobby tiene una coartada -apunto Whitey-. ?Y tu, Brendan?

– Yo no la mate -respondio Brendan, con cierto atontamiento-. No seria capaz de hacer dano a Katie. Nunca.

– Bien, volvamos a ello -insistio Whitey-. ?Cuando fue la ultima vez que la viste?

– El viernes por la noche.

– ?A que hora?

– No se, a eso de las ocho.

– ?A las ocho, o a eso de las ocho, Brendan?

– No lo se. -Brendan tenia el rostro retorcido por una ansiedad que Sean, al otro lado de la mesa, percibia. Apretaba las manos con fuerza y se balanceaba un poco en la silla-. Si, a las ocho. Nos tomamos un par de copas en Hi-Fi, ?de acuerdo? Y despues… ella tenia que marcharse.

Whitey apunto «Hi-Fi, 20:00, viernes» en su libreta, y le pregunto:

– ?Adonde tenia que ir?

– No lo se -contesto Brendan.

La madre estrujo otro cigarrillo sobre el monton que habia erigido en el cenicero; uno de los cigarrillos apagados se prendio y una espiral de humo se elevo del monton y serpenteo hasta la ventana derecha de la nariz de Sean. Esther Harris se encendio otro cigarrillo de inmediato y Sean se hizo una imagen mental de sus pulmones: rugosos y negros como el ebano.

– Breandan, ?cuantos anos tienes?

– Diecinueve.

– ?Cuando acabaste los estudios de secundaria?

– Estudios -repitio Esther.

– Yo, bueno…me saque el titulo de Secundaria el ano pasado-. Respondio Brendan

– Entonces, Brendan- dijo Whitey- ?no tienes ni idea de adonde fue Katie despues de salir del Hi-Fi?

– No -contesto Brendan, la palabra se le seco en la garganta y los ojos estaban cada vez mas rojos-. Habia

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