todos los vecinos en un radio de dos manzanas se habian percatado de su presencia. La mayoria, no obstante, no les hizo ningun caso.

Un traficante de crack de poca monta, que solia atender a sus clientes en un callejon adyacente, los insulto a viva voz mientras trajinaba por alli, buscando un lugar donde reubicarse; dos miembros de una banda callejera que vestian chaquetas estampadas en relieve, cintas en la cabeza y carisimas botas de baloncesto propias de los barrios marginales, pararon junto al coche y se mofaron de ellos con gestos obscenos. Cuando Wilcox bajo la ventanilla y les espeto que se largaran, lo unico que hicieron fue reirse en su cara, imitando su acento sureno con un tono amenazador mal disimulado. Dos prostitutas, con zapatos rojos de tacon alto, provocativos pantalones de lentejuelas y lustrosos chubasqueros negros, se pavonearon por alli, a sabiendas de que los policias no se inmutarian. Al menos media docena de decadentes personajes sin techo, que empujaban carritos de supermercado llenos de chatarra urbana o simplemente se tambaleaban borrachos en aquel dia lluvioso, llamaron a las ventanillas del coche pidiendo dinero. Algunos recibieron las monedas sueltas que los detectives consiguieron reunir. Otros solo pasaban de largo, ajenos a todo, salvo a las exigencias del personaje invisible con el que parloteaban sin cesar.

La llovizna constante que empapaba aquel singular desfile callejero mantenia al resto de vecinos recluidos en sus casas, tras ventanas enrejadas y puertas con tres vueltas de llave. La lluvia y el cielo gris eclipsaron el dia, sumiendolo en una mayor lobreguez.

Los dos detectives se preguntaban que demonios le habia ocurrido a Cowart, pero no lograban hallar una respuesta. Wilcox habia ido hasta una cabina para tratar de localizar en el motel al teniente, en vano. Puesto que carecian de toda informacion se atuvieron a las ordenes de Brown, dejando pasar las horas con una frustracion entumecedora.

Engulleron la bazofia que despachaban en un antro de comida rapida y bebieron cafe tibio en vasos de plastico, sin dejar de desempanar una y otra vez el parabrisas para poder ver la calle. Por dos veces, cada uno camino dos manzanas hasta una sucia gasolinera para utilizar unos servicios que apestaban a desinfectante y orines. La conversacion habia sido limitada, unos pocos intentos poco entusiastas de encontrar algun tema en comun que habian acabado en prolongados silencios. Habian hablado de cuestiones profesionales, de las diferencias entre los crimenes en el Panhandle y en los cayos. Shaeffer hizo algunas preguntas sobre Brown y Cowart con las que solo descubrio que Wilcox idolatraba al primero y despreciaba al segundo, aunque era incapaz de explicar que provocaba esos sentimientos. Habian especulado sobre Ferguson, y Wilcox la habia puesto al corriente de sus experiencias con aquel hombre que se habia salvado de la silla electrica. Ella pregunto por la famosa confesion y el respondio que con cada golpe asestado a Ferguson habia tenido la sensacion de que se desprendia un trozo de verdad, como quien sacude los frutos de un arbol. Lo conto sin remordimientos ni culpabilidad, pero con una rabia contenida que sorprendio a la detective. Wilcox era un hombre muy voluble, penso, mucho mas explosivo que aquel corpulento teniente. Sus arranques de colera debian de ser bruscos e impulsivos; los de Brown, mas frios y meditados. No era de extranar que no se perdonara a si mismo haber permitido que su companero sonsacara a Ferguson a base de atizarlo. Seguramente habia cedido a un arrebato de una oscura faceta de si mismo.

No vieron senales de Ferguson, aunque suponian que el sabia que estaban alli.

– ?Cuanto tiempo mas vamos a quedarnos? -pregunto Shaeffer. Las farolas de la calle apenas ayudaban a mitigar la penumbra del atardecer-. No ha salido en todo el dia, a menos que haya una puerta trasera. Seguro que la hay y el anda por ahi, en alguna parte, riendose de nosotros.

– Un rato mas -respondio Wilcox-. El suficiente.

– ?Que estamos haciendo? Quiero decir: ?a que viene todo esto?

– Viene a que asi Ferguson sabra que alguien piensa en el. Viene a que Tanny nos ordeno que lo vigilaramos.

– Ya -respondio ella, y tuvo ganas de anadir: «Pero no para siempre.» El tiempo se le acababa. Weiss estaria en la prision estatal preguntandose donde se habia metido, y ella tendria que pergenar alguna buena razon para justificar que aun siguiese alli. Algo consistente y solido.

Shaeffer estiro los brazos y empujo las piernas contra el panel que la separaba del motor, sintiendo los musculos entumecidos.

– Detesto esto -dijo Shaeffer.

– ?El que? ?Vigilar?

– Si. Solo consiste en esperar. No es mi estilo.

– ?Y cual es su estilo?

Ella solo dijo:

– Dentro de diez minutos estara todo oscuro. Demasiado oscuro.

– Ya esta oscuro.

Shaeffer echo un vistazo alrededor. La calle tenia el mismo aspecto que los chubasqueros de aquellas dos prostitutas; una especie de textura sintetica, satinada y brillante. Era practicamente como estar atrapada en un escenario de Hollywood, real y ficticio al mismo tiempo. Un escalofrio le bajo por la espalda.

– ?Le ocurre algo? -pregunto Wilcox.

– No. Solo un escalofrio para desentumecerme, ya sabe. Este lugar ya es suficientemente horrible a plena luz del dia.

Wilcox escudrino la calle con la mirada.

– No se parece en nada a Pachoula -dijo-. Aqui uno tiene la sensacion de estar viviendo en una cueva.

– O en una celda -apunto Shaeffer.

Tenia el bolso en el suelo, entre los pies. Era un bolso de cuero grande y espacioso, casi como una mochila. Lo empujo con el pie, lo justo para abrir la solapa y cerciorarse de que todo seguia alli: la libreta, la grabadora, cintas virgenes, el billetero, la placa, un pequeno estuche de maquillaje y la semiautomatica de 9 mm con dos cargadores de repuesto de balas diabolo de punta blanda.

Wilcox vio el arma.

– A mi -sonrio-, me sigue gustando la 357 de canon corto. Queda bien debajo del abrigo. Con municion Magnum podria derribar a una bestia. -Miro alrededor, escrutando la oscuridad que se cernia sobre la calle-. Esto tambien esta lleno de bestias -anadio.

A lo lejos aullaba una sirena, como una gata en celo. Se oia cada vez mas alto, mas cerca, y de pronto paso y se desvanecio. No llegaron a ver las luces de lo que fuera aquello.

Wilcox se froto los ojos.

– ?Que cree que estaran haciendo? -pregunto.

– No lo se -respondio Shaeffer-. ?Por que no nos largamos de aqui de una maldita vez y lo averiguamos? Este sitio empieza a ponerme nerviosa. Dios mio, mire este lugar. Tengo la sensacion de que podria devorarnos. Tragarnos de un bocado. A los dos agentes que me trajeron aqui el otro dia tampoco les hizo ninguna gracia, y eso que fue en pleno dia. Y uno de ellos era negro.

Wilcox asintio con un grunido.

Los dos tenian muy claro, aunque no lo hubieran mencionado, que su situacion era un tanto precaria: dos policias blancos del Sur, fuera de su jurisdiccion y su contexto, en un mundo desconocido y amenazador.

– Ya -dijo Wilcox. Volvio a recorrer la calle con la mirada-. ?Sabe lo que mas me inquieta a mi?

– No. ?Que?

– Que todo parezca condenadamente viejo. Viejo y usado. -Senalo la calle-. Se muere -explico-. Es como si todo aqui estuviera agonizando. -Contemplo el decrepito paisaje que los rodeaba-. No se por que, pero tengo la impresion de que el tenia todo esto calculado. Creo que va uno o dos pasos por delante de nosotros. Nos tenia tomada la medida desde el principio.

– ?A que se refiere? -respondio Shaeffer-. ?Que medida? ?Que tenia calculado?

– Me gustaria tenerlo a mi disposicion solo una vez mas. -Wilcox parecia hablar consigo mismo-. Esta vez no permitiria que se saliese con la suya.

– No le entiendo -dijo Shaeffer, inquieta por la frialdad de las palabras de Wilcox.

– Me gustaria vermelas con el una vez mas. Volver a estar los dos solos en una habitacion, a ver si sale victorioso esta vez.

– Usted esta loco.

– Cierto. Usted lo ha dicho.

Вы читаете Juicio Final
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату