vulnerables.
Respiro hondo y llamo a la puerta con fuerza. Espero. No oyo nada, de modo que llamo otra vez. Pasaron unos segundos y oyo pasos hacia la puerta. Con el puno cerrado llamo una tercera y una cuarta vez.
Resonaron los chirridos de la cerradura. Desengancharon una cadena. La puerta se abrio.
Ferguson se quedo mirandolo con cara de dormido.
– Senor Cowart…
«Cabron asesino», penso el periodista, pero dijo:
– Hola, Bobby Earl.
Ferguson se froto la cara con una mano, luego sonrio.
– Debi imaginarme que apareceria por aqui.
– Pues aqui estoy.
– ?Que quiere?
– Lo de siempre. Tengo preguntas que necesitan respuesta.
Ferguson abrio la puerta del todo y Cowart entro. Se dirigieron a la pequena sala de estar y Cowart miro rapidamente alrededor, tratando de no pasar por alto ningun detalle.
– ?Le apetece un cafe? Tengo cafe hecho -dijo Ferguson. Senalo un asiento del sofa-. Y tarta. ?Quiere un trozo?
– No.
– Bueno, ?no le importara que yo me sirva un trozo, verdad?
– Adelante.
Ferguson fue a la pequena cocina y regreso con un cafe humeante y un molde metalico con una tarta de chocolate. Cowart habia colocado ya su grabadora sobre la mesita. Ferguson puso la tarta al lado, luego corto un trozo del extremo. Cowart vio que utilizaba un reluciente cuchillo de caza. Tenia una hoja de quince centimetros con un filo dentado, y un mango con empunadura. Ferguson dejo el cuchillo y cogio la tarta.
– No es lo que se dice un utensilio de cocina -comento Cowart.
Ferguson se encogio de hombros.
– Siempre lo tengo a mano. Han intentado robarme varias veces. Ya sabe, yonquis y gentuza. Este no es un barrio residencial. Tal vez no se haya dado cuenta.
– Si, me he dado cuenta.
– Hace falta mas proteccion de la normal.
– ?Alguna vez ha usado ese cuchillo para otra cosa?
Ferguson sonrio. A Cowart le parecio que le tomaba el pelo como un nino que se burla de su cargante hermano mayor: con la certeza de que los padres se pondran de su lado.
– Bueno, ?para que otra cosa cree que podria utilizarlo? -respondio. Bebio un sorbo de cafe-. Bueno, bueno. Una visita tempranera. Tiene preguntas. ?Viene solo? -Se levanto, fue hasta la ventana y miro a un lado y otro de la calle.
– Estoy solo.
Ferguson vacilo, fijando la mirada hacia donde Brown habia aparcado el coche, pero luego se volvio hacia el periodista.
– Claro. -Se sento de nuevo-. Esta bien, senor Cowart. ?Que le preocupa?
– ?Ha hablado usted con su abuela?
– Llevo meses sin hablar con nadie de Pachoula. Ella no tiene telefono. Y yo tampoco.
Cowart echo un vistazo alrededor, pero no vio ningun telefono.
– Pues yo fui a verla.
– Bueno, muy amable de su parte.
– Fui a verla porque Sullivan me dijo que fuera alli a buscar una cosa.
– ?Cuando se lo dijo?
– Justo antes de morir.
– Senor Cowart, usted quiere ir a parar a algun sitio y le aseguro que no me entero.
– La letrina de fuera.
– No es un sitio muy agradable. Es vieja. Lleva un ano sin usarse.
– Eso es.
– Hice instalar un bano dentro de la casa. Mil pavos.
– ?Por que lo hizo?
– ?El que? ?Instalar un bano dentro? Porque en invierno hace demasiado frio para salir fuera a hacer las necesidades.
Cowart meneo la cabeza.
– No, no me refiero a eso. ?Por que mato a Joanie Shriver?
Ferguson lo miro un instante y luego se reclino en su silla.
– Yo no he matado a nadie. Y menos a esa nina. Creia que a estas alturas todo estaba claro.
– Miente.
Ferguson lo miro con rabia.
– No miento.
– Usted la violo, la mato, dejo su cuerpo en el pantano y escondio el cuchillo en la alcantarilla. Despues regreso a casa y vio que habia manchas de sangre en su ropa y en la alfombrilla del coche, entonces corto el trozo manchado y se lo llevo, envolvio la ropa con el y lo enterro todo bajo la mierda y el barro que hay en esa letrina, porque sabia que nadie en su sano juicio lo buscaria alli.
Ferguson sacudio la cabeza.
– ?Lo niega? -pregunto Cowart.
– Desde luego.
– Encontre la ropa y la alfombrilla.
Ferguson parecio sorprendido por un instante, pero se encogio de hombros.
– ?Ha viajado hasta aqui solo para decirme esto?
– ?Por que la mato?
– No lo hice. Ya se lo he dicho.
– Embustero. Lleva mintiendo desde el principio.
Cowart penso que aquella afirmacion lo haria enfadar, pero no fue asi, al menos en apariencia. En lugar de enfadarse, sonrio, corto otro pedazo de tarta, se quedo un momento con el cuchillo en la mano, y despues bebio otro sorbo de cafe.
– Las mentiras son todas de Sullivan. ?Que mas le dijo?
– Que usted mato a sus familiares de los cayos.
Ferguson nego con la cabeza.
– Yo tampoco cometi ese crimen. Aunque ahora entiendo que hacia esa preciosa detective merodeando por aqui.
– ?Por que mato a Joanie Shriver? -se obstino Cowart.
Ferguson comenzo a incorporarse, como si ya no pudiese contener la rabia.
– ?Le he dicho que yo no cometi ese crimen! Maldita sea, ?cuantas veces tengo que repetirlo?
– ?Entonces como llegaron esas prendas a su letrina?
– Soliamos tirar toda clase de cosas alli. Ropa, piezas de coche estropeadas, basura. Absolutamente de todo. Esa ropa de la que me habla, la tire alli porque estaba manchada de sangre de cerdo. Ayude a un vecino a sacrificar a una hembra ya vieja. Luego volvi a casa caminando por el bosque y me cruce con una mofeta que lo acabo de arreglar con su asquerosa peste. Tenia un poco de dinero, asi que cogi la ropa y la tire alli, de todas maneras estaba casi destrozada. Me fui al centro y compre unos vaqueros nuevos.
– ?Y la alfombrilla?
– Se estropeo al ponerle una sierra mecanica encima. Corte el cuadrado para sustituirlo con un trozo nuevo, pero entonces me arrestaron. Tambien la tire alli, como todo lo demas. -Miro a Cowart con cautela-. ?Tiene resultados del laboratorio que demuestren lo contrario?
Cowart fue a negar con la cabeza, pero se abstuvo. No supo si Ferguson percibio su vacilacion.
– ?Cree que soy tan rematadamente estupido que, despues de salir de la carcel y si esas fueran pruebas de
