Ella no respondio.

El se volvio para mirarla.

– Todavia no hay sospechosos. La chica sigue en el hospital. No es ninguna tonteria, ?eh, detective Shaeffer? Pienselo. Ni siquiera en un campus se puede estar seguro. Ni tan siquiera en la habitacion de un motel, imagino. ?No la inquieta eso un poco? Aunque tenga esa pistola en el bolso, de donde por cierto no le daria tiempo a sacarla.

Ferguson se alejo de las puertas y Shaeffer oyo ruido de voces aproximandose hacia ellos. Sin embargo, no le quito la vista de encima a Ferguson mientras el miraba al grupo de estudiantes que se acercaba. Cuando pasaron por su lado Ferguson saludo con la cabeza a uno de los chicos. Una joven dijo: «?Vaya! ?Mira como llueve!» Abrieron los paraguas y salieron en tropel. Shaeffer sintio una rafaga de frio cuando la puerta se abrio y volvio a cerrarse.

– Entonces, detective, ?ha acabado aqui? ?Ha averiguado lo que vino a averiguar?

– He recabado suficiente informacion.

El sonrio.

– No le gusta dar respuestas claras -dijo-. Sabe, es una tecnica muy antigua. Probablemente tenga una descripcion de la misma en alguno de mis libros.

– Es usted un buen estudiante, senor Ferguson.

– En efecto, lo soy. El conocimiento es importante. Nos hace cada vez mas libres.

– ?Donde aprendio eso? -pregunto ella.

– En el corredor. Alli aprendi muchas cosas. Pero sobre todo, aprendi que tengo que formarme. No tendria ningun futuro si no lo hiciera. Acabaria como esa pobre gente que esta esperando a que le afeiten la cabeza y la sienten en la freidora.

– Por eso vino a la universidad.

– La vida es una universidad.

Ella asintio con la cabeza.

– Entonces, ?me va a dejar en paz ahora? -pregunto el.

– ?Por que iba a hacerlo?

– Porque no soy culpable de nada.

– Bueno, aun no lo se, senor Ferguson. Todavia no lo tengo del todo claro.

El entorno los ojos.

– Ese es un camino peligroso, detective.

Ella no respondio, y el anadio:

– Especialmente si esta sola. -Sonrio e hizo un gesto hacia la puerta-. Imagino que ahora querra irse, ?no? Antes de que anochezca del todo. No queda mucho rato de luz. Unos quince o veinte minutos, no mas. No querra perderse mientras busca ese coche de alquiler. Gris plateado, ?verdad? Dificil de encontrar en una noche oscura y lluviosa. No se pierda, detective. Ahi fuera hay muchos chicos malos.

Shaeffer trago saliva: Ferguson conocia el color de su coche alquilado. ?O era mera casualidad? ?Habia probado suerte y acertado?

Ferguson se aparto de la puerta, invitandola a salir a la lluvia y la penumbra.

– Vaya con cuidado, detective -le aconsejo en tono burlon.

Despues se dio la vuelta y se marcho por un pasillo lateral. Ella intento cerciorarse de que sus pasos se alejaban, pero no lo logro. Se volvio y contemplo de nuevo el agua que caia a cantaros sobre arboles y aceras. Se levanto el cuello de la gabardina y se la ajusto. Le costo ponerse en movimiento.

El frio se le metio en el cuerpo al cabo de un instante y las gotas se le deslizaban por el cuello. Apreto el paso, maldiciendo aquel calzado tan poco apropiado que la hizo resbalar varias veces. Iba volviendo la cabeza en todas direcciones para cerciorarse de que Ferguson no la seguia. Cuando llego al coche, reviso el asiento trasero antes de sentarse al volante y echar el seguro de las puertas. La mano le temblaba ligeramente cuando introdujo la llave en el contacto; luego la dejo caer de golpe sobre la palanca de cambios. Cuando el coche se puso en marcha, se sintio mejor. Al salir del aparcamiento, la sensacion de alivio fue mas nitida. Acelero y salio a una calle de doble sentido. Con el rabillo del ojo le parecio ver, por un instante, una figura encorvada con un abrigo verde aceituna, pero al intentar fijarse, la figura habia desaparecido entre un grupo de estudiantes que esperaban en la parada del autobus. Domino el tiron del miedo y siguio conduciendo. El ventilador de aquel modesto coche comenzo a zumbar con cierto ahogo y una bofetada de aire caliente enlatado la envolvio, quitandole el frio de la cara, pero no de los pensamientos.

«?Que aprendio Ferguson en el corredor de la muerte? -se pregunto-. Aprendio a ser un aventajado estudiante. ?De que? Del crimen. ?Por que? Porque todos los demas del corredor de la muerte habian suspendido algun examen. Eran todos hombres que habian cometido delitos terribles, a veces un asesinato tras otro, y al final habian acabado encerrados a la espera de la silla porque habian fallado. Hasta Sullivan habia fallado.»

Recordo una cita de uno de los articulos de Cowart: «Habria matado mas si no me hubieran atrapado.»

«Pero Ferguson tiene una segunda oportunidad -siguio pensando-. Y esta vez no piensa desaprovecharla. ?Por que? Porque quiere seguir haciendo lo que sea que este haciendo durante todo el tiempo que quiera.»

Su cabeza luchaba contra el mareo. Se hablo a si misma en segunda persona, buscando tranquilizarse.

– Oh, Dios mio, Andy, ?en que te has metido?

Continuo adentrandose en la noche, en direccion al motel. Dejaba que los demas coches la adelantaran, concentrada en encontrar una manera de ordenar sus pensamientos. En cierto momento escudrino atentamente por el retrovisor, asaltada por el miedo repentino de que un coche la estuviera siguiendo, pero no lo parecia. Apreto los dientes y condujo a una velocidad constante bajo la lluvia. Cuando vio aparecer las luces del motel sintio alivio, pero no encontro sitio en la parte delantera del aparcamiento y se vio obligada a dejar el coche en un lugar apartado, a unos cincuenta metros e infinidad de sombras de las luces de la entrada. Apago el motor y respiro hondo, viendo la distancia que tendria que recorrer. La asalto un pensamiento repentino: «Era mas sencillo en uniforme, al volante de un coche patrulla. En contacto permanente con la central. Nunca sola del todo. Siempre como parte de un equipo de policias que patrullaban las calles constantemente.» Alargo la mano y saco la pistola del bolso. Luego salio del coche y camino directamente hacia la entrada del motel, con todos los sentidos alerta. No guardo el arma en el bolso hasta que estuvo a tres metros de la puerta. La pareja de ancianos ataviados con abrigos que salio cuando ella entraba debio de ver el reflejo del oscuro metal y su inconfundible forma. Shaeffer oyo parte de sus comentarios al pasar por su lado:

– ?Has visto eso? Tiene una pistola…

– No, carino, debe de ser otra cosa…

En la recepcion, un conserje de americana azul le entrego la llave y le dijo:

– Antes ha estado un hombre preguntando por usted, detective.

– ?Un hombre?

– Si, no quiso dejar ningun recado. Solo pregunto por usted.

– ?Lo vio usted?

– No, lo atendio el companero del turno anterior.

Shaeffer sintio una punzada de miedo.

– ?Su companero le dijo algo mas? ?Le dio alguna descripcion?

– Si. Me dijo que era un senor negro. Eso es todo. Pregunto por usted y dijo que el se pondria en contacto con usted. Nada mas. Lo siento, es todo lo que se.

– Gracias.

Shaeffer se obligo a caminar lentamente hacia el ascensor.

«?Como me ha encontrado?», se pregunto.

El ascensor la traslado con un zumbido hasta el piso de arriba, donde camino sigilosamente hasta la habitacion. Igual que antes, reviso toda la habitacion despues de cerrar la puerta con doble llave. Luego se dejo caer sobre la cama, tratando de afrontar por un lado lo tangible: decidir donde y que iba a cenar, aunque no tenia mucha hambre, y por otro lo intangible: decidir su proximo movimiento respecto a Robert Earl Ferguson.

Intento imaginarselo sin aquella petulante mirada en el rostro, pero no lo logro.

Un golpe en la puerta disparo todos sus miedos. Contuvo la respiracion y se levanto de un brinco. Miro fijamente la puerta.

Se oyo otro golpe seco y brusco. Luego un tercero.

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