luego, nadie sabe nada de su pasado. La mitad de los alumnos de la clase ni siquiera habian oido hablar del caso hasta el inicio del semestre. ?Puede creerlo, detective? Eso da una idea del nivel de los alumnos hoy en dia.
– ?Ferguson va a Florida?
– De vez en cuando.
– ?Tiene las fechas?
– Si. Pero crei entender a Ferguson que usted solo estaba interesada en la semana que…
– No, me interesan tambien otras fechas.
El profesor vacilo y luego se encogio de hombros.
– Imagino que esto no perjudica a nadie.
Cogio una libreta, paso las paginas rapidamente y por fin llego a la hoja de asistencia. Se la entrego a Shaeffer y ella anoto las fechas en que Ferguson se habia ausentado.
– ?Es todo, detective?
– Creo que si.
– Como ve, aqui todo es rutinario y normal. Quiero decir que el encaja en esta universidad. Tambien tiene un futuro por delante, intuyo. No hay duda de que es capaz de conseguir el titulo.
– ?Encaja?
– Desde luego. Esta es una universidad grande y urbana. El tiene sitio aqui.
– En el anonimato.
– Como cualquier alumno.
– ?Sabe donde vive, profesor?
– No.
– ?Algo mas sobre el?
– No.
– ?Y no siente un escalofrio cuando habla con el?
– Impone porque es serio, como dije antes, pero no veo por que eso deberia convertirlo en sospechoso de homicidio. Supongo que el mismo se pregunta si algun dia la policia de Florida dejara de interesarse por el. Y creo que se trata de una pregunta legitima, detective, ?no le parece?
– Un hombre inocente no tiene nada que temer -respondio ella.
– Ya -el profesor meneo con la cabeza-, pero en nuestra sociedad son los culpables quienes muchas veces estan a salvo.
Shaeffer lanzo una mirada al profesor, que parecia a punto de embarcarse en una diatriba estilo anos sesenta, trasnochada y cuasi radical. Decidio que iba a saltarse aquella clase.
Se despidio y salio de la oficina. No estaba segura de que era lo que habia oido, pero habia oido algo. «Anonimato.» Recorrio parte del pasillo hasta que de pronto tuvo la sensacion de que alguien la observaba. Se volvio y vio al profesor cerrando la puerta de su despacho. El sonido reverbero en el vacio pasillo. Inspecciono alrededor en busca de los estudiantes que inundaban antes el lugar y que en aquel momento parecian haber sido absorbidos por los despachos, las aulas y las salas de conferencias.
Sola.
Se encogio de hombros. «Es de dia -se dijo- y este es un lugar publico, lleno de gente.» Echo a caminar un poco mas deprisa, haciendo resonar sus zapatos en el linoleo brillante. Apreto el paso, amplificando el eco de sus pisadas. Llego a una escalera que tambien estaba vacia y se apresuro a bajar. Se detuvo bruscamente al oir cerrarse una puerta y de pronto reparo en que por detras de ella sonaban pasos precipitados. Se arrimo a la pared y palpo el arma que llevaba en el bolso. Los pasos se aproximaban. Ella se agazapo en un rincon y empuno el arma sin sacarla. De repente vio aparecer un estudiante joven, cargado de libros y cuadernos, que bajo la escalera a toda prisa pisando fuerte con sus zapatillas de baloncesto. El chico apenas la miro al pasar por su lado; sin duda llegaba tarde a clase. Shaeffer cerro los ojos. «?Que me esta pasando? -se pregunto, y saco la mano del bolso-. ?Que temo?» Llego a la salida y diviso las puertas del edificio de enfrente. El cielo de media tarde al otro lado del cristal de la salida se veia gris y lugubre.
Se dispuso a salir.
No vio a Ferguson, solo lo oyo.
– ?Averiguo lo que queria, detective?
Ella dio un respingo.
Se volvio llevando la mano al bolso y retrocedio un paso, casi como si hubiera recibido un golpe. Ferguson tenia aquella inquietante sonrisa dibujada en la cara.
– ?Satisfecha? -anadio el.
Ella se puso rigida.
– ?La he asustado, detective?
Ella nego con la cabeza, todavia incapaz de reaccionar. Tenia empunada la pistola, pero no la saco del bolso.
– ?Va a dispararme, detective? -pregunto el con aspereza-. ?Es eso lo que desea?
Ferguson comenzo a avanzar, apartandose del oscuro rincon que le habia servido de escondite. Llevaba una chaqueta verde aceituna de los excedentes militares y una gorra de los Giants de Nueva York. La mochila, donde ella supuso que llevaba libros, le colgaba del hombro. Tenia el mismo aspecto que cualquier estudiante. Intento controlar las palpitaciones de su corazon y saco lentamente la mano del bolso.
– ?Que lleva, detective? ?La treinta y ocho reglamentaria? ?O tal vez una automatica del veinticinco? ?Algo pequeno pero eficiente? -La miro fijamente-. No, apuesto a que es algo mas grande. Tiene que demostrarle algo al mundo. Una Magnum. O una nueve milimetros. Algo que le ayude a creer que es usted dura, ?no es asi, detective? Fuerte y responsable.
Ella no respondio.
Ferguson rio.
– No puede decirmelo, ?verdad? -Se descolgo la mochila y la dejo en el suelo. Luego extendio los brazos en un bufo gesto de rendicion, casi de suplica, con las palmas hacia arriba-. Pero ya ve, no voy armado. Entonces, ?de que podria tener usted miedo?
Shaeffer jadeaba, aun tratando de recuperarse de la sorpresa.
– Asi pues, ?ha averiguado lo que queria, detective?
La detective espiro despacio y dijo:
– He averiguado algunas cosas, si.
– ?Comprobo que yo estaba en clase?
– Asi es.
– Asi que es imposible que al mismo tiempo estuviera en Florida cargandome a aquellos ancianos, ?no cree?
– Eso parece. Todavia estoy indagando.
– Ha elegido la diana equivocada, detective. -Esbozo una sonrisa burlona-. Segun parece, ustedes los polis de Florida siempre escogen la diana equivocada.
Shaeffer lo miro con frialdad.
– Yo no estaria tan segura, senor Ferguson. Creo que usted es la diana acertada. Solo ocurre que aun no he apuntado con precision.
Ferguson le sostuvo la mirada.
– Ha venido sola, ?verdad?
– No -mintio-. Tengo un companero.
– ?Y donde esta?
– Por ahi.
Ferguson echo un vistazo a las puertas de cristal doble que conducian a las galerias y el aparcamiento. La lluvia caia con monotona intensidad.
– Una chica fue golpeada y violada ahi mismo la otra noche. Salio un poco tarde de clase. Justo despues de anochecer. Un tipo la cogio, la arrastro detras de aquel pequeno saliente que hay en el extremo del aparcamiento y se la cepillo alli mismo. La dejo inconsciente y se la follo hasta hartarse. Pero no la mato. Solo le rompio la mandibula y un brazo. Obtuvo mucho placer. -Ferguson continuaba mirando a traves de las puertas. Alzo el brazo y senalo-: Justo ahi. ?Es ahi donde ha aparcado usted, detective?
