prision. De todos modos, era un lugar por donde comenzar.

– No se que tipo de ayuda podre prestarle -respondio el profesor entre bocado y bocado de su mustia ensalada verde-. El senor Ferguson es uno de los primeros de la clase. No el mejor, pero si bastante bueno. Notable alto, tal vez. Sobresaliente no, eso no lo creo, pero es aplicado. Aplicado y constante. Tiene mas experiencia practica que la mayoria de los alumnos. Esto no ha tenido gracia, supongo. Muy bueno con las tecnicas. Bastante interesado en la ciencia forense. No tengo quejas.

– ?Y la asistencia?

– Asiste siempre a clase.

– ?Y los dias en cuestion?

– Tuvimos clase dos dias aquella semana. Solo veintisiete alumnos. No es facil esconderse, sabe. Uno no puede enviar a un companero para que recoja sus trabajos. Martes y jueves.

– ?Y?

– Estuvo aqui. Consta en mi cuaderno. -Recorrio con sus delgados dedos una columna de nombres-. A ver… Si.

– ?Estuvo aqui?

– No se ha perdido ni una clase. Este mes no. Algunas ausencias anteriores, pero todas justificadas.

– ?Justificadas?

– Quiero decir que me dio una buena razon. Recogio el mismo sus trabajos. Y entrego un trabajo para recuperar las horas. Eso se llama dedicacion, especialmente en los tiempos que corren.

El profesor cerro el cuaderno y regreso a su ensalada.

Shaeffer encontro al segundo profesor a la entrada de un aula, en un pasillo lleno de estudiantes que se dirigian a sus clases. Aquel hombre ensenaba Historia del Crimen en Estados Unidos, una asignatura teorica disenada para acoger a cien alumnos. Llevaba un maletin y varios libros bajo el brazo y no recordaba si Ferguson habia asistido a clase en esas fechas especificas, pero en la hoja de asistencia constaba la firma de Ferguson.

El atardecer se acercaba y una luz grisacea llenaba los pasillos de la universidad. Shaeffer se sentia irritada y decepcionada. No es que tuviera muchas esperanzas en que Ferguson hubiera faltado a la universidad cuando se cometieron los asesinatos, pero aun asi la frustraba la sensacion de estar perdiendo el tiempo. Apenas si habia avanzado en su investigacion. Rodeada por las incesantes aglomeraciones de estudiantes, incluso Ferguson habia comenzado a perder importancia en su cabeza. «?Que demonios estoy haciendo aqui?», se pregunto.

Decidio regresar al motel; pero en el ultimo momento decidio llamar a la puerta del tercer profesor. Si no habia nadie, se dijo, volveria sin mas a Florida.

Encontro su despacho tras varios intentos fallidos y llamo a la puerta con brusquedad. Abrio un hombre achaparrado con gafas redondas estilo anos sesenta bajo una marana despeinada de cabello color arenoso. Vestia una chaqueta holgada de tweed con varios boligrafos en el bolsillo del pecho, de los cuales uno parecia perder tinta. Llevaba la corbata floja y exhibia una barriga prominente apenas contenida por el cinturon de los pantalones de pana. Por su aspecto, aparentaba haber estado durmiendo la siesta vestido, pero sus ojos escudrinaron con rapidez a la detective.

– ?Profesor Morin?

– ?Es usted una alumna?

Ella le mostro su placa y el la estudio un momento.

– Florida, ?eh?

– ?Puedo hacerle unas preguntas?

– Desde luego. -Le indico que pasara al despacho-. La estaba esperando.

– ?Esperando?

– Ha venido a preguntar por el senor Ferguson, ?no es asi?

– Si, correcto -dijo entrando en la reducida habitacion.

Habia una sola ventana que daba a un patio interior. Una pared estaba repleta de libros y en la otra habia un pequeno escritorio y un ordenador. Vio recortes de prensa pegados en las escasas superficies libres. Tambien habia tres luminosas acuarelas de flores colgadas de la pared, que contrastaban con el aspecto sombrio del recinto.

– ?Como lo sabia? -pregunto Shaeffer.

– El me llamo. Me dijo que usted vendria a preguntar por el.

– Ya.

– Bueno -empezo el profesor, hablando con el expresivo entusiasmo de quien lleva demasiado tiempo encerrado-, el historial de asistencia a clase del senor Ferguson es mas que correcto. Sencillamente intachable. En especial durante el periodo que a usted le interesa. -Se sento con brusquedad en una silla que crujio bajo su peso-. Espero que eso aclare cualquier malentendido que haya.

El profesor sonrio, dejando al descubierto una dentadura blanca y uniforme que parecia desentonar con su aspecto desalinado.

– Es un alumno bastante bueno, ?sabe? Se lo toma todo muy en serio, ?entiende?, y eso genera rechazo en los demas. Es muy solitario, pero imagino que el corredor de la muerte tendra algo que ver con eso. Si, serio, entregado, muy retraido. Yo no veo eso en muchos estudiantes. Produce cierta inquietud, pero en el fondo estimula. Como el peligro, supongo.

El profesor Morin continuo barbullando:

– Incluso los policias que vienen aqui para dar un impulso a sus carreras lo consideran simplemente un medio para conseguir creditos y progresar. En cambio, el senor Ferguson muestra genuino interes por el estudio.

Habia una unica silla en un rincon, rayada y gastada por el uso, y Shaeffer la cogio para sentarse. Obviamente estaba pensada para que los alumnos que acudian con sus preocupaciones se sintieran incomodos y permanecieran alli el menor tiempo posible.

– ?Conoce usted bien al senor Ferguson? -pregunto.

El profesor se encogio de hombros.

– Igual de bien que cualquiera. Es un hombre interesante.

– ?En que sentido?

– Bueno, yo doy clase de Medios de Comunicacion y Crimen y el tiene una habilidad natural para la materia.

– ?Y eso?

– Bueno, se le ha pedido en varias ocasiones que expresara sus opiniones. Siempre son, ?como le diria yo?… intrigantes. Quiero decir, uno no da clase todos los dias a alguien que tiene experiencia de primera mano sobre el terreno. Y que podria haber acabado en la silla electrica de no haber sido por la prensa.

– Cowart.

– Exacto. Matthew Cowart, del Miami Journal. Un Premio Pulitzer, y bien merecido, debo decir. Un gran trabajo de periodismo de investigacion.

– ?Y cuales son las opiniones de Ferguson, profesor?

– Bueno, yo diria que esta muy sensibilizado con el asunto de la informacion y las razas. Hizo un trabajo de analisis del caso de Wayne Williams en Atlanta. Planteo el tema de la doble vara de medir, ya sabe, unas normas para informar sobre los crimenes cometidos por la comunidad blanca y otra para los cometidos por la comunidad negra. Una distincion que en este caso suscribo, detective.

Shaeffer asintio con la cabeza.

Morin hacia girar su silla, manteniendo un constante vaiven, sin duda embelesado con su propia voz.

– … Si, el argumentaba que la falta de atencion por parte de los medios de comunicacion a los crimenes de la comunidad negra conlleva una reduccion de los recursos de la policia, disminuye la actividad de los organismos fiscales y contribuye a dar la imagen de que el crimen es una estructura comun de la sociedad. Un punto de vista inquietante. La reduccion del crimen a una rutina, supongo. Ayuda a explicar por que casi un cuarto de la poblacion de varones negros jovenes esta o ha estado entre rejas.

– ?Y el acudia a clase?

– Excepto cuando tenia una justificacion.

– ?Que clase de justificacion?

– De vez en cuando da charlas y discursos, muchas veces a grupos eclesiasticos de Florida. Por aqui, desde

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