Concretamente, sobre el salmo veintitres. Ya sabes, el Valle de la Muerte y eso de no temer mal alguno… Escribio encima del texto con un rotulador negro y luego marco la pagina. Despues metio una nota en la parte superior de la caja que decia: «Por favor, leer el pasaje marcado…»

– ?Y que pone?

– Que le deja todas sus cosas a un guardia de la prision. Un tal sargento Rogers. ?Te acuerdas de el? Es el tipo que no nos dejo entrar a ver a Sully antes de la ejecucion, el que recibia a Cowart en la prision.

– ?Es el…?

– Esto es lo que escribio Sullivan: «Dejo mis bienes terrenales al sargento Rogers, quien -escucha esto- me presto ayuda y consuelo en un trance tan dificil y a quien nunca podre compensar lo suficiente. Aunque he intentado…» -Weiss se detuvo-. ?Que te parece esto?

Shaeffer asintio con la cabeza y dijo:

– Es una interesante combinacion de hechos.

– Si, pues adivina que…

– Dime.

– El bueno del sargento tuvo un par de jornadas libres tres dias antes de que Cowart hallara los cuerpos. Y aun mas.

– ?Que?

– Tiene un hermano que vive en cayo Largo.

– Caramba, no esta mal…

– Mejor aun: un hermano con antecedentes. Dos condenas por allanamiento de morada. Cumplio once meses en la carcel del condado por un cargo de agresion, alguna camorra de bar, y fue arrestado en una ocasion por tenencia ilegal de un arma, en concreto una Magnum 357, aunque retiraron los cargos. Pero la cosa no acaba ahi. ?Te acuerdas de tu analisis de la escena del crimen? El hermano es zurdo y a los dos ancianos les cortaron el cuello de derecha a izquierda. Interesante, ?verdad?

– ?Has hablado con el?

– Aun no. Pensaba esperar a que llegaras.

– Gracias -dijo ella-. Te lo agradezco. Pero, una pregunta…

– Dime.

– ?Como es que el guardia no se deshizo de las cosas de Sullivan despues de la ejecucion? Es decir, supongo que el sabia que si Sullivan lo traicionaba dejaria el mensaje alli.

– Yo tambien lo he pensado. Resulta absurdo que dejara las cajas por ahi. Pero a lo mejor no tiene muchas luces. O quiza no supo ver de que pasta estaba hecho Sully. O puede que simplemente haya sido un desliz. Desde luego, todo un desliz.

– De acuerdo -dijo ella-. Voy para alla.

– Es un sospechoso muy bueno, Andy. Muy bueno. Me gustaria poder situarlo en los cayos. O comprobar sus llamadas para ver si ha pasado mucho tiempo hablando con su hermano. Luego quiza podamos acudir al fiscal del estado con lo que tengamos. -Hizo una pausa antes de anadir-: Solo hay una cosa que no me encaja…

– ?De que se trata?

– Pues que Sully dejo una flecha enorme apuntando a ese sargento. Y no me fio de Sullivan ni siquiera muerto. Ya sabes que la mejor forma de boicotear la investigacion de un asesinato es crear un sospechoso falso. Aunque podamos descartar a otros sospechosos, es lo de siempre, cualquier abogado defensor los sacara a relucir en el juicio para marear al jurado. Y eso Sullivan lo sabia.

Ella volvio a asentir. Weiss anadio:

– Pero bueno, de momento no son mas que conjeturas mias. Mira, Andy, vamos a por ese tipo; recibiremos felicitaciones y un aumento de sueldo. Le daremos un buen impulso a tu carrera. Confia en mi. Vuelve aqui y llevate tu parte del pastel. Yo seguire con las entrevistas hasta que llegues, y entonces volveremos a los cayos.

– Esta bien -respondio ella con una leve vacilacion.

– Todavia percibo algun pero en tu voz.

Estaba aturdida, pero el entusiasmo de su colega y una subita sensacion de que podia escurrirsele entre los dedos su caso mas importante hasta la fecha le permitieron superar todas sus dudas. Recorrio la habitacion con la mirada. Parecia como si en su interior se hubieran disipado todas las sombras.

– Tal vez deberia pasar pagina y volver a casa -dijo por fin.

– Bueno, haz lo que estimes oportuno. Por mi, no hay ningun problema. Aqui hace mucho mejor tiempo, eso si. ?No hace frio ahi arriba?

– Hace frio. Y llueve.

– Pues ya ves. Pero ?y ese Ferguson?

– No es trigo limpio, Mike -se oyo decir de nuevo.

– Vale, entonces, haz una cosa. Ve y comprueba sus horarios, da una vuelta por alli para cerciorarte de que su coartada es tan buena como el dice, luego habla con ese poli amigo mio y vuelve a casa. No sera una perdida de tiempo si pones a la policia local tras su pista. A lo mejor se esta cociendo algo ahi arriba. En todo caso, lo unico que tengo previsto para los proximos dias son entrevistas al personal que trabajo en el corredor. Nuestro sargento es solo uno de una larga lista. Ya sabes, preguntas rutinarias, nada que vaya a inquietarlo. Creera que no es mas que uno de tantos. Y luego: ?zas! Esperare a que llegues tu. Quiero ver como lo machacas. Mientras tanto, satisfaz tu curiosidad. Despues vuelve aqui. -Hizo una pausa, y anadio-: ?A que soy un jefe razonable? Ni gritos ni juramentos. Supongo que no tendras quejas…

Shaeffer sonrio.

Cuando colgo se pregunto que debia hacer. Recordo la ocasion en que su madre la empaqueto junto a todas las pertenencias que pudo embutir en la vieja camioneta y se marcharon de Chicago. Habia sido a ultima hora de un dia gris y ventoso, cuando la brisa encrespaba el lago Michigan: una aventura y una perdida. En aquel instante habia tomado definitiva conciencia de que su padre habia muerto y de que ya no volveria jamas. No habia sido al abrir la puerta de su casa y encontrarse con dos oficiales uniformados y cara de circunstancia. Tampoco en el funeral, y ni siquiera cuando el gaitero interpreto la conmovedora cancion funebre; y tampoco las muchas veces que noto como sus companeros de clase la miraban con la cruel curiosidad que suscita la perdida en los ninos. Fue aquella tarde, al subir a la camioneta de su madre.

Se dio cuenta de que en la infancia, y tambien en la vida adulta, hay ocasiones como aquella, momentos en que todo te arrastra en una direccion. Decisiones tomadas. Pasos dados. La inexorabilidad de la vida. Y ahora habia llegado la hora de tomar una de aquellas decisiones.

Ferguson le vino a la mente. Lo vio sentado en aquel sofa raido, sonriendole con sorna, burlandose de ella. «?Por que?», se pregunto de nuevo. La respuesta le surgio al instante: porque ella le estaba preguntando por el homicidio equivocado.

Se recosto en la cama. Decidio que todavia no estaba preparada para olvidarse de Robert Earl Ferguson.

La suave lluvia y la escasa luz natural se prolongaron hasta la manana siguiente, trayendo consigo un frio humedo y penetrante. El cielo gris parecia fundirse con el marron sucio del rio Raritan, que discurria a orillas del campus de Rutgers, de ladrillo y hiedra. Shaeffer cruzo el aparcamiento con el escaso abrigo de su gabardina y sintiendose como una especie de refugiada.

No tardo mucho en verse atrapada por el parsimonioso ritmo de la burocracia universitaria. En el departamento de criminologia, tras explicar a una secretaria el motivo de su visita, la enviaron a un edificio administrativo. Alli, un ayudante del decano le dio una leccion sobre la politica de proteccion de datos de los alumnos aunque, pese a su propension al sermoneo, finalmente la autorizo a entrevistarse con los tres profesores a los que buscaba. Encontrarlos supuso una tarea igual de ardua. Los horarios de atencion eran dispares. Los numeros de telefono particulares no se facilitaban. Saco a relucir su placa, pero no consiguio impresionar a nadie.

Era mediodia cuando encontro al primer profesor, comiendo en la cafeteria de la facultad. Impartia una asignatura sobre tecnicas forenses. Tenia el cabello hirsuto, complexion delgada, vestia un abrigo informal y pantalones caqui, y tenia la irritante costumbre de desviar la mirada hacia un lado cuando hablaba. Shaeffer tenia un unico asunto en mente, el momento en torno al cual se habian producido los asesinatos en los cayos, y el caso era que se sentia un poco ridicula investigandolo, especialmente sabiendo lo que sabia sobre aquel sargento de la

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