– Lo era.
– ?Lo era? -espeto Cowart.
Ella le lanzo una mirada airada.
– Ferguson asistio a clase aquella semana. No falto a ninguna. Habria sido muy dificil volar a los cayos, matar a los ancianos y regresar sin perderse ninguna clase. Probablemente imposible.
– Pero, maldita sea, eso no fue lo que Sullivan… -Cowart se detuvo en seco, pero demasiado tarde.
– ?Sullivan que? -pregunto Shaeffer.
– Nada.
– Repito: ?Sullivan que?
Cowart cedio.
– Eso no fue lo que Sullivan me dijo.
Brown intento intervenir, pero una mirada de Shaeffer se lo impidio. Acto seguido la detective fijo los ojos en el periodista. «Mentiras. Mentiras y omisiones -penso. Respiro hondo-. Lo sabia.»
– Lo que Sullivan le dijo ?cuando? -le pregunto pausadamente.
– Antes de ir a la silla.
– ?Que cono le conto?
– Que Ferguson cometio esos crimenes. Pero no es que…
– Es usted un hijo de puta -murmuro ella.
– No, mire, tiene que entender que…
– Un grandisimo hijo de puta. ?Que le conto exactamente?
– Que habia acordado con Ferguson intercambiar los crimenes. El se inculpaba del crimen de Ferguson a cambio de que este cometiera por el esos asesinatos.
Shaeffer asimilo esa informacion y en un instante vio el aprieto en que estaba metido el periodista. No sintio compasion alguna.
– ?Y eso no le parecio un dato relevante para la policia?
– No es tan sencillo. El me mintio. Yo intentaba…
– ?Y entonces usted creyo que tambien podia mentir?
– No, maldita sea, tiene que entenderlo… -Cowart se volvio hacia Brown.
– Deberia detenerle aqui mismo -afirmo Shaeffer-. ?Podria usted escribir el articulo desde su celda, senor Cowart? «Periodista acusado de encubrimiento en un espectacular caso de asesinato.» ?Ese seria el titular? ?Lo publicarian en portada con su puta fotografia? ?Cree usted que por una vez seria la verdad?
Se miraron fijamente hasta que a Cowart se le ocurrio algo.
– Si. La verdad. Salvo que esa no era la verdad.
– Pero ?que dice ahora?
– Lo que acaba de oir. Sullivan me conto que Ferguson habia matado a esa pareja, pero yo no sabia si creerlo o no. Me conto muchas cosas, algunas de ellas inciertas. De forma que yo podria haberselo contado a usted, pero entonces habria tenido que publicarlo en el periodico. Indefectiblemente, ?entiende? Sin embargo, ahora usted me dice que Ferguson tiene una coartada, asi que todo habria sido desmentido. El no mato a los ancianos, dijera lo que dijese Sullivan.
Shaeffer titubeo.
– ?Vamos, maldita sea, senorita! ?No es asi?
La detective no tenia razones fundadas para discrepar. Asintio con la cabeza.
– Eso parece. La coartada coincide. He ido a Rutgers y hablado con tres profesores. Aquella semana fue a clase todos los dias. Asistencia intachable. Ademas, mi companero tambien ha recabado algunos datos.
– ?Que datos?
– Olvidelo.
Volvio a hacerse un silencio mientras cada uno asimilaba lo que acababa de oir. Brown hablo despacio.
– Pero hay algo mas. Si Ferguson no es su sospechoso y no posee informacion que pueda ayudarla en su investigacion, usted deberia estar en un avion rumbo a casa. No estaria aqui sentada, estaria en el Sur con su colega. Podria haber comprobado los horarios de Ferguson por telefono y, sin embargo, vino hasta aqui para hablar cara a cara con algunas personas. ?Por que, detective? Y acaba de recibirnos apuntandonos con su pistola y ni siquiera ha hecho el equipaje. ?Como es eso?
Ella sacudio la cabeza.
– Le dire por que -continuo Brown en voz baja-. Porque usted sabe que hay algo que no encaja, pero no consigue averiguar el que.
Shaeffer asintio.
– Vale -concluyo Brown-, por lo mismo estamos nosotros aqui.
El resplandor del alba iluminaba tenuemente la calle donde se encontraba el apartamento de Ferguson, delineando apenas el cumulo de nubes grises que se cernian sobre la ciudad, dispuestas a descargar mas lluvia. Shaeffer y Wilcox aparcaron en la esquina norte y Brown hizo lo propio en la sur. Cowart comprobo su grabadora y su libreta de notas, palpo el bolsillo de la chaqueta para cerciorarse de que los boligrafos seguian alli y se volvio hacia el teniente.
Anteriormente, en la habitacion del motel, Shaeffer les habia preguntado:
– Entonces, ?cual es el plan?
– El plan -habia respondido Cowart suavemente- consiste en dar a Ferguson un motivo de preocupacion, hacer algo que nos permita averiguar mas cosas. Queremos hacerle creer que no esta tan a salvo como imagina. Darle un motivo de seria preocupacion -repitio con una sonrisa forzada-. Y ese motivo soy yo.
Despues, ya en el coche, trato de bromear sobre el asunto:
– Si fuese una pelicula me habrian hecho llevar un microfono. Y tendriamos una palabra clave que yo pronunciaria en caso de necesitar ayuda.
– ?Estaria dispuesto a entrar con microfono?
– No.
– Ya. Pues entonces no necesitamos ninguna palabra clave.
Cowart sonrio.
– ?Nervioso? -pregunto Brown.
– ?Lo parezco? No quiero saberlo.
– Ferguson no le hara nada.
– No, claro.
– No puede hacerle nada.
Cowart sonrio de nuevo.
– Me siento como el domador de leones que va a dar un paseo por la selva y se topa con una bestia a la que habia amaestrado a base de crueles latigazos. Y se da cuenta de que ya no estan en la jaula del circo, sino en el territorio del leon. ?Capta la idea?
Brown sonrio.
– Lo unico que hara sera rugir.
– Perro ladrador poco mordedor, ?no?
– Supongo; aunque esos son los perros, no los leones.
Cowart abrio la puerta del coche.
– Demasiadas metaforas -dijo-. Lo vere en un rato.
La brisa humeda le azoto la cara. Camino deprisa hacia el bloque de apartamentos, paso junto a un par de hombres que dormian en un portal abandonado formando una masa informe de prendas andrajosas, acurrucados para resguardarse del frio nocturno. Los hombres se movieron cuando Cowart paso por alli, pero volvieron a sumirse en el letargo de la madrugada. Cowart oia ruido de coches una o dos manzanas mas alla, los motores diesel de los autobuses, el inicio del trafico matutino.
Doblo la esquina y llego al bloque de apartamentos. Vacilo un momento ante el portal, luego se adentro en el oscuro vestibulo y subio deprisa las escaleras hasta hallarse ante la puerta de Ferguson. Estaria durmiendo, se dijo, y se despertaria inseguro y confundido. Con ese objetivo habian decidido presentarse alli tan temprano. Esas horas, entre la noche y el dia, eran las mas inestables, un periodo de transicion en que las personas eran mas
