Alargo la mano para sacar el arma de su bolso, la amartillo y se aproximo a la puerta, el dedo sobre el seguro del gatillo, tal como le habian ensenado para los casos en que no sabes a que te enfrentas. La puerta tenia una mirilla convexa. Se inclino hacia ella pero en ese preciso instante dieron otro golpe contra la puerta y ella se aparto de un salto.
Logro anteponer la firmeza a la ansiedad, agarro la manilla de la puerta y con un unico y rapido movimiento la giro, abrio, y elevo la pistola a la altura de los ojos, apuntando.
Matthew Cowart enarco las cejas, sorprendido.
Estaba de pie en el pasillo, con la mano medio levantada para volver a llamar. Por un instante ninguno de los dos atino a nada. El levanto lentamente las manos y entonces Shaeffer vio que le acompanaban otros dos hombres. Bajo el arma.
– Hola, Cowart -dijo.
El hizo un gesto con la cabeza.
– Menudo recibimiento -logro graznar el periodista-. Ultimamente todo el mundo quiere apuntarme con su arma.
Shaeffer miro a los otros dos.
– Yo los conozco -dijo-. Estaban en la prision.
– Wilcox -respondio el detective-. Condado de Escambia. Este es mi jefe, el teniente Brown.
Shaeffer contemplo la corpulenta figura de Tanny Brown. Parecia encrespado y la escudrino de arriba abajo, deteniendose un instante en la pistola.
– Se me antoja que ha ido usted a ver a Bobby Earl -dijo.
22
Los tres detectives y el periodista se instalaron incomodamente en la habitacion de Shaeffer. Wilcox se quedo de pie, apoyado contra la pared, junto a la ventana, contemplando de vez en cuando los faros de los coches que desfilaban a traves de la oscuridad. Shaeffer y Brown ocuparon las unicas sillas de la habitacion, a ambos lados de una pequena mesa, como jugadores de poquer a la espera de recibir la ultima carta. Cowart ocupo un incomodo lugar en el borde de la cama, un poco apartado. En la habitacion contigua habian puesto el televisor muy alto y las voces de un noticiario se filtraban a traves de la pared. «Alguna tragedia reducida a quince segundos -penso Cowart-, a treinta si era verdaderamente terrible, contada con una estudiada mirada de preocupacion.»
Miro a Andrea Shaeffer. Aunque sin duda la habia sorprendido encontrarlos al abrir la puerta, los habia dejado entrar sin ningun comentario. Las presentaciones habian sido breves, nada de chachara. Todos sabian que los habia reunido en una pequena habitacion de un motel de una ciudad extrana. Ella recogio unas notas y papeles, y luego pregunto:
– ?Como me han encontrado?
– Nos lo dijeron en la oficina de enlace de la policia local -respondio Brown-. Nos registramos alli al llegar. Dijeron que la habian acompanado a ver a Ferguson.
Ella asintio con la cabeza.
– ?Por que lo ha hecho? -pregunto Brown.
Ella fue a contestar, pero dirigio la mirada a Cowart y prefirio devolver la pregunta:
– ?Y ustedes por que estan aqui?
– Nosotros tambien hemos venido a ver a Ferguson -contesto Brown con tono oficioso.
Shaeffer lo miro.
– ?Por que? Crei que ya habian cerrado el caso. Y usted tambien -anadio, senalando a Cowart.
– No. Todavia no.
– Pero ?por que?
De nuevo fue el teniente quien contesto.
– Estamos aqui porque tenemos motivos para creer que se cometieron equivocaciones en el primer proceso de Ferguson. Pensamos que puede haber errores en los articulos del senor Cowart. Hemos venido hasta aqui para investigar ambas cuestiones.
Shaeffer parecia irritada y sorprendida a la vez:
– ?Errores? ?Equivocaciones? -Se volvio hacia el periodista-. ?Que clase de errores?
– Ferguson me mintio -contesto Cowart.
– ?Sobre que?
– Sobre el asesinato de la nina.
Shaeffer se removio en su asiento.
– ?Y ahora para que ha venido aqui?
– Para aclarar el asunto.
El cliche provoco una cinica sonrisa en la detective:
– No me cabe duda -dijo, y miro a Brown y Wilcox-. Pero eso no explica por que viaja con esta compania.
– Nosotros tambien queremos aclarar este asunto -dijo Brown, y al punto comprendio que esa respuesta era un error: aquella joven policia lo estaba poniendo a prueba y el no habia dado la talla.
– ?No han venido a detener a Ferguson? -repuso ella.
– No. No podemos hacerlo.
– ?Han venido a hablar con el?
– Exacto.
Ella meneo la cabeza.
– Mienten -dijo. Se incorporo bruscamente y cruzo los brazos.
– Nosotros… -empezo Brown.
– Mienten -repitio ella.
– Porque… -continuo Cowart.
– Mienten -insistio Shaeffer.
El periodista y el teniente la miraron fijamente y ella, tras una breve pausa, suficiente para que la palabra calara en todos ellos, prosiguio:
– ?Que asunto? No hay ningun asunto. Lo unico que hay es un tipo fuera de sus cabales. Errores y equivocaciones. ?Y que? Si Cowart cometio algun error, hubiese venido solo. Si usted, teniente Brown, cometio algun error, hubiese venido solo. Pero juntos… Detras de todo esto hay algo. ?Me equivoco?
Brown lo admitio con un movimiento de la cabeza.
– ?Se trata de una adivinanza? -ironizo Shaeffer.
– No. Digame primero que la ha traido aqui y luego yo la pondre al corriente.
Shaeffer acepto.
– He venido a ver a Ferguson porque estaba relacionado tanto con Sullivan como con Cowart, y pense que podria tener algun dato concreto sobre los asesinatos de los cayos.
Brown la miro con gesto serio.
– ?Y los tenia?
– No. Nego tener conocimiento alguno del asunto.
– ?Y que esperaba usted? -tercio Cowart en voz baja.
Shaeffer se volvio hacia el y respondio:
– Bueno, se mostro mil veces mas cooperativo que usted. -Eso no era verdad, pero ella penso que tal vez asi le cerraria la boca a aquel periodista impertinente, como ocurrio.
– Entonces, si el no tenia ningun dato y nego cualquier relacion con el asunto -dijo Brown-, ?por que sigue usted aqui?
– Queria comprobar si la coartada de Ferguson era cierta.
– ?Y?
