– Pero ?como va a hacerlo? -pregunto Cowart.

– Intentara tendernos una emboscada. Sabe que si lo logra podra moverse a sus anchas. -Brown reflexiono un instante antes de anadir-: Exactamente lo que ha estado haciendo hasta ahora.

– ?Cree que en el claro…? -pregunto Cowart.

– Es un buen lugar para intentarlo.

Shaeffer miro al frente y dijo:

– Asi pues, pretende matarnos. ?Que vamos a hacer?

Brown se encogio de hombros.

– Impedirselo.

Cowart miro el claro y susurro:

– Al parecer, ese claro es ineludible. Hay que cruzarlo por fuerza, ?no?

El teniente, casi incorporado, asintio con la cabeza. Volvio a mirar el pequeno espacio abierto y penso que era un buen lugar para el combate. Sin duda era el lugar elegido por Ferguson. No habia forma de rodearlo, y tampoco de evitarlo. En aquel momento penso en lo injusto que resultaba que la orilla del pantano conspirara con Ferguson para ayudarlo a escapar. Cada rama de arbol, cada obstaculo, les estorbaba a ellos y lo ocultaba a el. Escruto la hilera de arboles en busca de algun color o alguna forma que no encajara. «Muevete, cabron -penso-. Solo un pequeno movimiento para que yo te vea.» Al no ver ninguno, maldijo para sus adentros.

No veia mas opcion que seguir avanzando.

– No bajeis la guardia ni un segundo -les advirtio.

Salio al claro revolver en mano, con los musculos tensos y los sentidos alertas. Shaeffer lo siguio a un metro por detras; sujetaba su arma con las dos manos, pensando: «Aqui se decidira todo.» Sintio el deseo de hacer una sola cosa antes de morir. Cowart se incorporo y siguio a Shaeffer a otro metro de distancia. Se pregunto si los otros estarian tan asustados como el, y se contesto que eso no importaba.

El silencio los envolvio.

Brown estaba nervioso. La sensacion de encontrarse en el punto de mira de Ferguson era acuciante y le quitaba el aire.

Cowart solo notaba el calor y una vulnerabilidad extrema. Sentia que caminaba a ciegas. Sin embargo, el fue quien se percato de un leve movimiento: la vibracion de unas hojas, un chasquido entre los arbustos y un canon metalico que les apuntaba. Grito «?Cuidado!» al tiempo que se arrojaba al suelo, sin poder creer que, en pleno ataque de panico, hubiera logrado articular una palabra.

Brown se lanzo hacia delante, rodo por el suelo y trato de colocar el arma en posicion de tiro, sin saber hacia donde disparar.

Sin embargo, Shaeffer no se agacho, sino que se dio la vuelta gritando hacia el movimiento y disparando a ciegas. El disparo se desvanecio en el aire. Pero el estruendo de su 9 mm fue ahogado por tres atronadoras detonaciones procedentes del revolver de Ferguson.

Brown lanzo un grito sofocado cuando una bala impacto en el suelo, junto a su cabeza. Cowart intento pegarse al maximo a la tierra mojada. Shaeffer volvio a gritar, esta vez de dolor, y se desplomo en el suelo como un pajaro con un ala rota, sujetandose el codo herido. Se retorcio entre gritos agudos. Cowart alargo el brazo y la arrastro hacia si mientras Brown se incorporaba, apuntando con el arma aunque sin ver nada. Tenia el dedo en el gatillo, pero no disparo. Al quedarse en silencio, oyo el ruido de los arboles y arbustos entre los que Ferguson corria.

Shaeffer sostenia su pistola sin fuerza, la sangre le corria brazo abajo hacia la muneca e iba manchando el brillante acero del arma. El periodista cogio la pistola y se puso en pie, siguiendo el rastro de la huida de Ferguson.

No fue consciente de que se estaba saltando el guion.

Disparo.

Sin vacilar, dejo que el estruendo de la pistola borrara toda reflexion acerca de lo que estaba haciendo, apreto el gatillo y disparo las ocho balas que quedaban contra la espesura de arboles y matorrales.

Continuo apretando el gatillo con la recamara ya vacia, plantado en medio del claro y escuchando el eco de las detonaciones. Luego dejo caer el brazo de la pistola con gesto de agotamiento.

Por un momento los tres parecieron congelados, hasta que Shaeffer solto un gemido de dolor y Cowart se agacho a socorrerla. El quejido hizo reaccionar a Brown, que aparento volver en si. Se arrastro por el suelo y examino la herida en el brazo de la detective. Vio el hueso astillado que traspasaba la piel. La sangre arterial manaba a borbotones de la carne desgarrada. Levanto la vista hacia el bosque, como si buscara consejo, y volvio a agachar la cabeza. Tan rapido como pudo, rasgo una tira de su chaqueta e hizo un torniquete alrededor del brazo herido. Rompio una rama verde de un arbol y la anudo con la tela. Sus manos se movian con agilidad: hay viejas lecciones que nunca se olvidan. Tras girar la rama para ajustar la ligadura, vio que la hemorragia disminuia. Miro a Cowart, que habia ido hasta el extremo del claro para escudrinar la frondosidad del bosque. El periodista continuaba con la pistola en la mano.

– Creo que le he dado -dijo y se volvio hacia Brown extendiendo la mano: estaba manchada de sangre.

Brown se puso en pie, asintiendo.

– Quedese con Shaeffer -le dijo.

Cowart nego con la cabeza.

– No, yo voy con usted.

La herida gimio.

– Quedese -repitio Brown.

Cowart se disponia a decir algo, pero el policia anadio:

– Ahora es mio.

El periodista resoplo con frustracion. Las sensaciones se agolpaban en su interior. Penso en todo lo que habia hecho hasta ese momento y se dijo: «Esto no puede acabarse aqui para mi.»

Shaeffer volvio a quejarse.

Cowart vio que no le quedaba eleccion y asintio con la cabeza. Se quedo esperando junto a la detective herida, pero se sentia mas solo que nunca.

El teniente se adentro en el bosque, sorteando la marana de zarzales y ramas que se le venian encima y le tiraban de la ropa, aranandole las manos y la cara como un gato salvaje. Avanzaba a paso rapido y firme, pensando: «Si esta herido, habra salido corriendo en linea recta.» Tenia que recuperar los segundos que habia perdido haciendo el vendaje a la detective.

Vio la mancha de sangre que habia encontrado Cowart al asomarse desde el claro, luego otra unos quince metros mas alla en direccion a la cienaga. Una tercera marcaba el camino unos diez metros despues. Eran pequenas, solo gotas rojas que contrastaban con las sombras verdes.

Siguio avanzando, sintiendo el agua negra que se extendia ante el.

El bosque crepitaba a su alrededor. Iba apartando las trepadoras y los helechos que le cerraban el paso. La persecucion ya no consistia mas que en pura velocidad y fuerza bruta, en un autentico arrebato de furia. Brown apartaba a golpes todo lo que se interponia en su camino.

No vio a Ferguson hasta que lo tuvo practicamente encima.

El asesino estaba apoyado en un mangle retorcido a la orilla de las aguas pantanosas que se desplegaban tras el como tinta negra. Un pequeno reguero de sangre le recorria la pierna desde el muslo hasta el tobillo y resaltaba sobre sus desgastados vaqueros. Apuntaba con el arma en direccion a Brown cuando este aparecio exactamente en el punto de mira.

El policia tuvo un solo pensamiento: «Soy hombre muerto.»

Lo asalto un miedo espeluznante; todos los recuerdos de su familia y sus amigos se le congelaron en una gelida estampa. Quiso agacharse, retroceder, esconderse de alguna manera, pero se movia a camara lenta y lo unico que logro fue llevarse una mano a la cara, como si asi pudiera desviar la bala que estaba a punto de abatirlo.

Fue como si de pronto se le hubiera agudizado el oido y la vision. Vio que el percutor de la pistola se movia lentamente hacia atras y luego percutia rapidamente hacia delante.

Abrio la boca en un grito mudo.

Pero todo lo que oyo fueron dos chasquidos: la pistola estaba vacia. Una turbia mirada de sorpresa se instalo

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